Después del paseo por Namek de la entrega anterior, seguimos imaginando cómo sería Dragon Ball en la vida real y entramos en la saga de los androides y Cell, donde las malas decisiones tienen casi tanto poder destructivo como los kamehamehas. Freezer vuelve con piezas de recambio para durar un suspiro, un chaval con espada aparece de la nada para avisar de la próxima amenaza que se avecina.
En esta cuarta parte nos esperan científicos con un rencor muy mal gestionado, androides que reparten hostias como panes y un bicho verde que necesita absorber gente para ponerse cachas. Los supersaiyans empiezan a multiplicarse, Vegeta encuentra nuevas cotas de orgullo y nuestros héroes descubren una habitación donde pueden entrenar un año entero sin perderse la cena del día siguiente. También hay hueco para el romance: Krilin por fin va a mojar el churro. ¿Qué mas se puede pedir? Y si quieres saber como empieza esta mierda ve a la primera parte sin rechistar.
















Y hasta aquí la saga de Cell: Gohan salva el mundo, Mr. Satán se lleva el mérito y Vegeta debería llevarse un par de hostias para que espabile de una puta vez. Nos vemos en la quinta parte, donde el siguiente problema viene en formato chicle.