Yung Beef: el profeta del trap que convirtió el barrio en leyenda

Hablar de Yung Beef es hablar de uno de los artistas más importantes, polémicos e influyentes que ha dado la música urbana española. Para algunos es el padre del trap en castellano. Para otros, un notas que se cargó el rap. Y luego está esa tercera especie, seguramente la más numerosa, formada por quienes pasaron años llamándolo vendehúmos… hasta que empezaron a escuchar a artistas que hoy triunfan haciendo exactamente lo que él ya hacía hace más de una década. Porque esa es la gran paradoja de Fernando Gálvez.

Mientras medio internet discutía si aquello era música o un chaval hortera con demasiado Auto-Tune y muy poca corrección política, él seguía haciendo exactamente lo que le salía de los cojones. Sacaba mixtapes como churros, mezclaba trap con flamenco, reguetón, cloud rap o punk, mandaba a la industria a zurrir mierdas y convertía cada decisión en una declaración de intenciones. Nunca pareció demasiado preocupado por convencer a sus detractores. Prefería seguir creando… y dejar que el tiempo le diera la razón.

Hoy resulta casi imposible entender la evolución del trap español sin detenerse en Yung Beef. No porque inventara el género —el trap llevaba años sonando en Atlanta antes de cruzar el charco—, sino porque fue el primero en comprender que aquello era mucho más que un estilo musical. Era una forma de vestir, de hablar, de relacionarse con internet, de entender el barrio y, sobre todo, de hacer música sin depender de que un señor con corbata te diera permiso. Mientras muchos seguían intentando entrar en la industria, él decidió montar la suya propia. Y quizá por eso su figura sigue generando tanto debate. Sus canciones hablan de dinero, amor, drogas, depresión, moda, religión o familia con una naturalidad desvergonzante. Nunca ha intentado parecer perfecto, ni mucho menos dar lecciones a nadie. Más bien al contrario: siempre ha hecho lo que le apetecía, acertando unas veces, equivocándose otras y asumiendo ambas cosas con bastante naturalidad.

Aquí no vamos a repasar discos o contarte una biografía que puedes leer mejor en Wikipedia. La pregunta que planteamos es bastante más interesante: ¿cómo un chaval del Albaicín acabó cambiando la música urbana española sin echarle cuentas a a nadie? Porque entender a Yung Beef no consiste únicamente en escuchar sus canciones. También implica entender la época que le tocó vivir… y por qué, aunque a muchos les joda reconocerlo, buena parte del panorama actual sigue caminando por un sendero que él ayudó a abrir.

Yung Beef no inventó el trap español, pero sí cambió las reglas del juego

Cuando se habla de Yung Beef es bastante habitual leer que fue el padre del trap español. La frase queda de lujo en un titular, pero la realidad, como casi siempre, es un poco más compleja. No, Fernando Gálvez no inventó una mierda. De hecho, cuando empezó a publicar música, el género ya llevaba años sonando en otros países gracias a artistas como Gucci Mane, Future o Chief Keef. Incluso en España ya había músicos experimentando con ese sonido antes de que PXXR GVNG empezara a hacerse viral. Entonces… ¿por qué casi todo el mundo lo señala como una de las figuras más importantes del movimiento? Porque una cosa es inventar un género y otra muy distinta cambiar la forma en la que un país entero lo entiende.

Mientras buena parte del rap español seguía centrada en la técnica, las batallas de egos y en demostrar quién era el mejor MC, Yung Beef decidió jugar a otra cosa. En sus canciones convivían el barrio con Gucci, el flamenco con el trap de Atlanta, Lana del Rey con el reguetón, el amor con la depresión y la moda con la calle. Ya no se trataba únicamente de rapear bien; se trataba de construir un universo propio donde la música era solo una pieza más.

Lo llamativo es que muchas de esas decisiones no parecían especialmente inteligentes en aquel momento. Mezclar flamenco con trap sonaba a puta locura. Hacer reguetón cuando media escena decía que era «música de canis» tampoco ayudaba a ganarse amigos. Y grabar canciones con una libertad absoluta, sin preocuparse por sonar como el resto del rap español, hizo que durante años recibiera críticas de prácticamente todos los rincones de internet. Por suerte para él —y para la música urbana española— ninguna consiguió hacerle cambiar de idea.

Gran parte de esa personalidad también nació gracias a las influencias que absorbió desde muy joven. Mientras otros artistas españoles miraban casi exclusivamente hacia el rap nacional, Yung Beef estaba obsesionado con lo que ocurría en Estados Unidos. Lil B le enseñó que transmitir podía ser mucho más importante que cantar perfecto. Gucci Mane le mostró otra forma de entender el trap. Y Steve Lean terminó convirtiéndose en el productor perfecto para traducir todo ese universo al español sin que sonara a una copia barata. Y quizá ahí esté la mayor aportación de Yung Beef al trap español: no creó un género nuevo, pero sí ayudó a construir un lenguaje que después hablarían cientos de artistas. Algunos lo reconocerán abiertamente. Otros probablemente no tanto. Pero la huella está ahí, aunque a veces vaya escondida bajo tatuajes talegueros y unos cojones más grandes que la catedral de Granada.

La verdadera revolución de Yung Beef nunca fue musical

Si hay algo que se repite una y otra vez cuando se entrevista a Yung Beef es una idea muy sencilla: él nunca ha querido que nadie le diga cómo tiene que hacer música. Y es que mientras la mayoría de artistas soñaban con firmar por una multinacional, Fernando desconfiaba de ellas casi por instinto. Y no porque fuera un romántico del underground, sino porque había probado cómo funcionaban por dentro. Después de su experiencia con Sony entendió que prefería ganar menos dinero antes que perder el control de lo único que realmente le importaba: su música.

No es casualidad que acabara creando La Vendición Records. Mucha gente piensa que era simplemente un sello discográfico, cuando en realidad funcionaba casi como una declaración política. La idea era sencilla: demostrar que un artista podía grabar, distribuir su música, organizar festivales, montar fiestas, descubrir nuevos talentos y vivir de ello sin tener que chuparsela a nadie.

Durante años, medio internet se pasó llamándolo «vago», «colgado» o «fumeta profesional», mientras el tío estaba levantando una empresa desde cero. Esa independencia también explica su manera de publicar música. Mientras la industria preparaba campañas de marketing durante meses, Yung Beef podía despertarse un martes, subir un tema porque le apetecía y luego irse a ver un capítulo del Mentalista mientras se comía una torta Maritoñi. Él mismo lo ha dicho varias veces: si la gente le pide una canción por Twitter y puede subirla ese mismo día, ¿por qué esperar tres meses mientras haces una campaña con anuncios, teasers y un ejecutivo no para de rayarte sobre cuando es el momento perfecto?

Puede parecer desorganización. O improvisación. En realidad, era libertad. Y quizá esa sea la mayor enseñanza que dejó Yung Beef. No demostrar que cualquiera puede hacer trap, sino que un artista no necesita esperar a que se alineen los astros para crear. En una industria obsesionada con las estrategias de marketing, él convirtió el antimarketing en una táctica mucho más efectiva.

Mucho antes de que el trap estuviera de moda, Yung Beef ya se había pasado el juego

Mucho antes de que las grandes marcas descubrieran que vestir a un rapero daba más prestigio que vestir a un modelo con cara de necesitar un buen cocido, Yung Beef ya había entendido que la imagen también formaba parte de la música. Y no hablamos de hacerse cuatro fotos para Instagram poniendo morritos como un tolai. Hablamos de construir una identidad reconocible desde el primer segundo.

Mientras buena parte del panorama urbano seguía vistiendo como los raperos estadounidenses de hacía diez años, Fernando mezclaba chándales con firmas de lujo, camisetas de mercadillo con Calvin Klein, flamenco con Gucci y estética callejera con referencias que iban desde Lana del Rey hasta el anime japonés. Todo parecía un caos… hasta que años después el mundo entero empezó a vestirse igual. Y entonces ocurrió lo inevitable: las marcas llamaron a su puerta.

Su aparición en campañas de Calvin Klein o su relación con figuras como Virgil Abloh no fueron una casualidad. Tampoco un golpe de suerte. Simplemente, la moda terminó entendiendo algo que Yung Beef llevaba años demostrando: la autenticidad vende mucho más que cualquier campaña diseñada en una sala de reuniones llena de ejecutivos que beben té matcha y recitan frases de Steve Jobs. Pero reducir su influencia a la ropa sería quedarse muy corto.

La verdadera revolución estaba en otro sitio. Fernando consiguió que miles de chavales dejaran de ver el trap como un simple género musical para empezar a entenderlo como una cultura completa. La música era importante, claro. Pero también lo eran la estética, el lenguaje, internet, los videoclips, las portadas, las fiestas, los productores y hasta la forma de subir una canción a YouTube.

Por eso resulta tan difícil explicar la influencia de Yung Beef únicamente escuchando sus discos. Su legado no está solo en las reproducciones de Spotify. Está en la cantidad de artistas que hoy entienden que una carrera musical también consiste en construir un universo alrededor de las canciones. Y ahí Fernando llegó el primero, se bajó los pantalones e hizo un calvo.

Mientras los demás siguen tendencias, Yung Beef va a su puta bola

Muchos artistas viven de repetir la fórmula que les hizo famosos. Descubren un sonido, un personaje o una estética que funciona y la exprimen hasta que el público acaba empachado y con cagalera. Yung Beef siempre ha hecho justo lo contrario. Cuando parecía que todo el mundo esperaba otro disco igual que el anterior, él cambiaba de dirección sin previo aviso. Trap, reguetón, electrónica, flamenco, sonidos experimentales… Si algo ha demostrado durante toda su carrera es que le importa mucho más no aburrirse él que complacer al público.

Quizá por eso resulta tan difícil encasillarlo. Mientras internet sigue discutiendo si «el mejor Yung Beef era el de PXXR GVNG», Fernando ya está pensando en otra movida completamente distinta. En una entrevista reciente explicaba que estaba levantando un estudio en la Costa Tropical granadina para producir a nuevos artistas, desarrollar su sello y demostrar que no hace falta vivir en Madrid para crear proyectos importantes. Porque, según él mismo reconoce, hoy ya no depende de una gran ciudad ni de una multinacional para hacer lo que le gusta. Le basta con un estudio, una buena conexión a internet y unas cuantas ideas que probablemente se le ocurran haciendo meditación o comiéndose una pizza cuatro estaciones.

Esa filosofía también se refleja en el Infierno Festival de Salobreña. En lugar de esperar a que otros montaran los eventos donde tocar, decidió impulsar el suyo propio, reuniendo a artistas consolidados y emergentes en un festival que demuestra que la música urbana no tiene por qué girar siempre alrededor de Madrid o Barcelona. Si no existe el escenario que quieres, te lo construyes y punto.

También llama la atención su forma de entender el éxito. Mientras muchos artistas hablan constantemente de números, premios o reproducciones, Yung Beef suele insistir en una idea bastante sencilla: la música es un trabajo. Uno que tiene la suerte de disfrutar, sí, pero un trabajo al fin y al cabo. Quizá por eso nunca ha tenido demasiado miedo a experimentar o incluso a equivocarse. Si una canción funciona, perfecto. Si no funciona, se hace otra. Cero dramas. Hay pocas filosofías más sanas para sobrevivir en una industria llena de hienas despiadadas donde cada fracaso parece el fin del mundo.

Y probablemente ahí esté otra de las claves de su carrera. Mientras otros siguen intentando descubrir cuál será la próxima moda, Yung Beef lleva más de una década haciendo exactamente lo que le sale de las narices. A veces acierta de pleno. Otras divide al público. Y alguna vez la cagada ha sido más épica que la del triceratops de Jurassic Park. Pero, para bien o para mal, siempre consigue que se hable de él. Y eso, en una industria donde cada semana aparecen quinientos artistas nuevos con el mismo peinado de brócoli y la misma playlist de referencias, no está nada mal.

Te guste o no, Yung Beef existe

No hace falta que te guste Yung Beef. Tampoco hace falta que te pongas sus discos en bucle o que sepas distinguir un tema de ADROMICFMS de uno de Perreo de la Muerte. Incluso puedes pensar que algunas de sus canciones son un auténtico despropósito. Eso forma parte del personaje. Lo que ya resulta bastante más difícil es negar la huella que ha dejado en la música urbana española.

Porque mientras unos discutían si aquello era rap, él estaba construyendo una escena. Mientras otros esperaban la llamada de una multinacional, él montaba un sello. Mientras algunos seguían copiando lo que venía de Estados Unidos, él adaptaba todo aquello al idioma, a la calle y a la cultura de aquí. Y mientras muchos artistas siguen obsesionados con gustarle al algoritmo, Fernando continúa haciendo lo de siempre, lo que le viene en gana. Quizá ese sea su mayor logro. No haber vendido más discos, ni haber conseguido más números que nadie, sino demostrar que también existe otra forma de hacer carrera. Una en la que la independencia pesa más que los contratos, la personalidad más que las tendencias y las ideas más que las campañas de marketing.

Al final, el tiempo suele ser el juez más cabrón y el más justo al mismo tiempo. Y quince años después, buena parte de las cosas por las que Yung Beef recibió palos son exactamente las mismas que hoy muchos artistas utilizan con absoluta normalidad y una sinvergonzonería envidiable. Cuando eso ocurre, normalmente hay dos opciones: o eras un loco… o simplemente llegaste demasiado pronto.  

Y es que la historia no suele recordar a quienes copiaron la tendencia, sino a quienes la crearon.

¡EY TÚ! ¡NO TE ESCAPES!

Una vez por semana te mandamos cine, cómics, libros, juegos y demás frikadas. Gratis, sin spam y sin venderle tu alma a Sauron.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

5 comentarios en «Yung Beef: el profeta del trap que convirtió el barrio en leyenda»

Deja un comentario

Esta página web utiliza cookies   
Privacidad