Gloria Fuertes: la poeta que hacía reír a los niños y pensar a los adultos

Hubo una maravillosa época en España en la que bastaba una voz ronca, unas gafotas enormes, una sonrisa traviesa y unos versos aparentemente sencillos para dejar a millones de niños pegados al televisor. Aquella mujer era Gloria Fuertes, una de las figuras más queridas, populares e inconfundibles de la literatura española del siglo XX. Una poeta que consiguió algo que parecía imposible: que los niños escucharan poesía voluntariamente y que los adultos volvieran a sentirse niños durante unos minutos.

Pero detrás de aquella señora entrañable que recitaba poemas sobre patos, gatos y disparates se escondía una escritora mucho más compleja, profunda y transgresora de lo que muchos imaginaban. Una mujer que habló sin tapujos del amor, la soledad, la pobreza, la guerra, la muerte y las injusticias sociales. Que convirtió sus propias desgracias en versos y utilizó el humor como escudo frente a un mundo que no siempre se lo puso fácil.

Su poesía era sencilla sin ser simple, divertida sin resultar superficial y profundamente humana incluso cuando parecía estar diciendo la mayor de las tonterías. Porque detrás de sus rimas infantiles, sus juegos de palabras y sus ocurrencias disparatadas había una mirada lúcida, sensible y, en ocasiones, tremendamente amarga.

Una vida entre versos, guerras y dificultades

Gloria Fuertes nació en Madrid en 1917, en el seno de una familia humilde. Desde pequeña mostró interés por la escritura, aunque su entorno familiar no veía en la poesía una profesión con demasiado futuro. Comenzó a trabajar siendo muy joven y vivió de cerca los estragos de la Guerra Civil española, una experiencia que marcaría profundamente su visión del mundo.

Durante las décadas siguientes trabajó como secretaria, redactora y escritora, colaboró con revistas infantiles y participó en círculos literarios. En 1951 fundó, junto con otras escritoras, el grupo poético femenino Versos con faldas. También pasó una temporada en Estados Unidos, donde ejerció como profesora universitaria.

Su vida estuvo marcada por las dificultades económicas, las pérdidas personales y una independencia poco habitual para una mujer de su época. Sin embargo, nunca perdió esa peculiar capacidad de contemplar las desgracias humanas con una mezcla de ternura, ironía y humor negro. Como ella misma escribió:

He estado al borde de la tuberculosis,
al borde de la cárcel,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde del suicidio,
al borde de la misericordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar.

Una poesía sencilla tremendamente compleja

La principal virtud de Gloria Fuertes fue conseguir que la poesía pareciera algo natural, cercano y al alcance de cualquiera. Sus versos prescindían de grandes artificios literarios y utilizaban un lenguaje cotidiano, juegos de palabras, rimas inesperadas y un sentido del humor absolutamente personal. Pero aquella aparente sencillez escondía una extraordinaria habilidad para condensar sentimientos complejos en apenas unas líneas.

Pienso mesa y digo silla,
Compro pan y me lo dejo,
Lo que aprendo se me olvida,
Lo que pasa es que te quiero.

Su poesía podía ser romántica, absurda, tierna, irreverente o profundamente triste. A menudo, todas esas cosas al mismo tiempo. También practicó una literatura autobiográfica poco complaciente, en la que se burlaba de sí misma y de las convenciones sociales. No pretendía construir una imagen solemne de escritora atormentada. Prefería desmontarla a carcajadas.

Nací para puta o payaso,
escogí lo difícil
—hacer reír a los clientes desahuciados—,
y sigo con mis trucos,
sacando una paloma del refajo.

La poeta de los niños… y de los adultos

Aunque llevaba décadas escribiendo, su popularidad se disparó durante los años setenta gracias a sus apariciones televisivas en programas infantiles como Un globo, dos globos, tres globos y La cometa blanca. Su aspecto inconfundible, su voz grave y su manera de recitar la convirtieron en una celebridad. Para varias generaciones de españoles, Gloria Fuertes fue prácticamente sinónimo de poesía infantil.

Publicó numerosos libros para niños, como Cangura para todo, Don Pato y Don Pito o El hada acaramelada. Sus versos estaban llenos de animales parlantes, disparates, rimas juguetonas y personajes entrañables.

Cada abeja con su pareja.
Cada pato con su pata.
Cada loco con su tema.
Cada tomo con su tapa.
Cada tipo con su tipa.
Cada pito con su flauta.

Sin embargo, aquella inmensa popularidad tuvo una consecuencia inesperada: su faceta infantil terminó eclipsando buena parte de su producción para adultos. Obras como Poeta de guardia, Cómo atar los bigotes del tigre o Historia de Gloria (amor, humor y desamor) muestran a una autora mucho más amarga, crítica y existencial de lo que sugerían sus intervenciones televisivas.

En ellas encontramos reflexiones sobre la guerra, la desigualdad, el paso del tiempo y las relaciones humanas, siempre con ese humor que parecía surgir precisamente de las heridas.

La gente corre tanto
Porque no sabe dónde va,
El que sabe dónde va,
Va despacio,
Para paladear
El “ir llegando”.

Un legado que sigue vivo

Gloria Fuertes falleció en Madrid en 1998, a los 81 años, dejando una obra inmensa y una huella difícil de borrar en la cultura española. Su importancia va mucho más allá de haber acercado la poesía a millones de niños. Fue una voz singular dentro de la poesía española de posguerra, una escritora comprometida con el pacifismo, la igualdad y los más desfavorecidos, y una mujer que consiguió abrirse camino en un panorama literario dominado por hombres.

Con el paso del tiempo, su obra adulta ha sido recuperada y reivindicada, permitiendo descubrir a la escritora que durante años permaneció escondida detrás del personaje televisivo. Y quizá su mayor logro fue demostrar que la poesía no necesita palabras complicadas para decir cosas importantes, ni ponerse seria para hablar de los asuntos más dolorosos de la existencia.

Porque Gloria Fuertes sabía que la risa no era lo contrario de la tristeza. A veces era, sencillamente, la mejor manera de sobrevivir a ella.

¡Bienvenida sea la risa
que deja alegría por donde pisa!
¡Que venga la risa
y su prima la sonrisa!
Reír es como si como
(alimenta más que el lomo).
Hay que reír cada hora
(lo receta servidora).

Y pocas personas tuvieron tanta autoridad para recetar semejante medicina.

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2 comentarios en «Gloria Fuertes: la poeta que hacía reír a los niños y pensar a los adultos»

  1. Autora muy buena de poesía y cuentos para niños, pero también con obras muy interesantes para adultos.
    Recuerdo con nostalgia sus apariciones televisivas, con su voz transgresora, su verso libre y los juegos fónicos que utilizaba y que tanto nos gustaba.
    Me ha emocionado mucho al recordar mi época de docente.
    Estupendo artículo.

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