3 documentales poco conocidos que te harán un poquito menos ignorante (solo un poquito, que aquí no hacemos milagros)

Seamos sinceros: sabes menos cosas de las que crees. Bastantes menos, de hecho. Y no pasa nada. Nosotros tampoco estamos precisamente en condiciones de manejar un reactor nuclear ni de explicar la ley de la gravedad. Pero nunca es tarde para reducir, aunque sea ligeramente, nuestros alarmantes niveles de ignorancia.

Así que deja por un momento Netflix, los vídeos de gente tocando la flauta con la nariz y tanto onanismo recreativo. Ha llegado la hora de alimentar un poco el cerebro, ese órgano que llevas años utilizando principalmente para recordar contraseñas y decidir qué pedir de cenar.

Hoy traemos tres documentales poco conocidos sobre varias movidas fascinantes con los que, además de pasar un buen rato, puedes aprender algo. ¿Vas a terminar siendo más inteligente? Probablemente no. No hay mucha materia gris decente con la que trabajar. Pero al menos aprenderás algún dato nuevo que contar a tus colegas si consigues no distraerte demasiado mirando el móvil.

1. La odisea de la especie — Cuando éramos unos monos con ínfulas

Empezamos con una producción francesa estrenada en 2003 que se propone una tarea bastante modesta: contar varios millones de años de evolución humana sin que te sobes por el camino. Y lo consigue. El documental reconstruye la historia de nuestros antepasados, desde aquellos primeros primates que empezaron a caminar sobre dos patas hasta la aparición de Homo sapiens, pasando por especies como Australopithecus, Homo habilis, Homo erectus o los neandertales.

Lo interesante es que no se limita a enseñarte un cráneo mientras un señor con bata te suelta la chapa. Intenta que veamos cómo pudieron vivir aquellos grupos: conseguir alimento, fabricar herramientas, controlar el fuego, desplazarse por nuevos territorios, relacionarse entre ellos y enfrentarse a un mundo en el que prácticamente cualquier cosa podía matarte. Todo está contado casi como una película, pero aprovechando cada situación para explicar cómo determinados cambios físicos, tecnológicos y sociales fueron transformando lentamente a nuestros antepasados. Y eso hace que conceptos que normalmente aparecen desperdigados por libros de texto formen parte de una historia que puedes seguir de principio a fin.

Eso sí, conviene tener presente una cosa: el documental tiene más de veinte años. Desde 2003 la paleoantropología ha avanzado una barbaridad gracias a nuevos fósiles y, sobre todo, al estudio del ADN antiguo. Hoy sabemos, por ejemplo, mucho más sobre los cruces entre Homo sapiens, neandertales y denisovanos, y algunas reconstrucciones y afirmaciones del documental han quedado desfasadas o son bastante más discutibles de lo que parecían entonces. Además, el CGI huele un poquito a cerrado. Aun así, como introducción visual a la evolución humana sigue siendo tremendamente entretenido. Y cuando terminas tienes una perspectiva bastante curiosa: hicieron falta millones de años de selección natural, migraciones, adaptaciones y supervivencia para que tú pudieras llegar hasta aquí y pasarte veinte minutos eligiendo qué filtro le pones a la foto que acabas de hacerle a la lasaña.

La evolución humana es maravillosa.

2. De la servidumbre moderna — Trabajar, consumir, morir

Si La odisea de la especie nos explicaba cómo hemos llegado hasta aquí después de millones de años de evolución, De la servidumbre moderna se hace una pregunta bastante más incómoda: ¿para esto tanto esfuerzo? Realizado en 2009 por Jean-François Brient, con montaje de Victor León Fuentes, estamos ante un documental bastante peculiar. Dura apenas 52 minutos, fue producido de manera completamente independiente y está construido principalmente mediante fragmentos de películas y otros documentales acompañados por una voz en off. Sus propios autores lo distribuyeron gratuitamente y permitieron su copia y difusión.

Y aquí conviene avisar: esto no pretende ser un documental neutral ni disimula sus intenciones. Es un ensayo audiovisual abiertamente anticapitalista que sostiene que el ser humano moderno vive sometido a una nueva forma de servidumbre. Ya no necesitamos a un señor feudal persiguiéndonos con un látigo porque hemos desarrollado un sistema bastante más elegante: trabajamos para conseguir dinero, utilizamos ese dinero para consumir cosas que supuestamente necesitamos y después volvemos a trabajar para poder seguir consumiendo. El documental llama a todo esto «sistema totalitario mercantil» y va repartiendo hostias durante veinte pequeños capítulos: trabajo, consumo, publicidad, urbanismo, alimentación, política, medios de comunicación, entretenimiento o degradación ambiental. Su tesis es que prácticamente todos los aspectos de nuestra existencia han terminado subordinados, de una manera u otra, a la lógica de la mercancía.

Es una interpretación ideológica extremadamente crítica de nuestra sociedad, no una explicación científica e imparcial de cómo funciona el mundo. Algunas afirmaciones son deliberadamente provocadoras y otras simplifican problemas muchísimo más complejos. Pero no hace falta estar de acuerdo con sus conclusiones para que consiga algo bastante valioso: obligarte durante casi una hora a cuestionar cosas que normalmente aceptamos como completamente naturales. ¿Por qué organizamos nuestra vida alrededor del trabajo? ¿Cuánto de lo que compramos necesitamos realmente? ¿Hasta qué punto elegimos nuestros deseos y cuánto han sido fabricados por la publicidad, el entorno y la propia sociedad?

Puede que termines pensando que Brient tiene razón. Puede que termines pensando que se ha fumado un porro gigantesco leyendo a Marx. Lo interesante es que te hace pensar, y eso ya es bastante.

3. Into Eternity — El marrón nuclear que heredarán nuestros descendientes

Terminamos con Into Eternity (2010), dirigido por Michael Madsen, un documental que parte de un problema bastante sencillo: hemos generado residuos nucleares que seguirán siendo peligrosos durante un periodo de tiempo tan absurdamente largo que ninguna civilización humana ha tenido que planificar jamás a semejante escala. Y Finlandia ha decidido hacer algo al respecto. El documental nos lleva hasta Onkalo, una enorme instalación excavada en la roca de la isla de Olkiluoto destinada al almacenamiento geológico profundo de combustible nuclear gastado. La idea consiste, simplificando mucho, en meter los residuos bajo tierra, aislarlos mediante diferentes barreras, cerrar aquello y procurar que nadie lo toque durante muchísimo tiempo. Concretamente, el documental trabaja con una cifra que cuesta hasta imaginar: 100.000 años.

Para ponerlo en perspectiva, hace 100.000 años no existían países, ciudades, escritura ni absolutamente nada que pudiéramos reconocer como nuestra civilización actual. Y aquí es donde Into Eternity pasa de ser un documental sobre residuos nucleares a convertirse en algo muchísimo más interesante. ¿Cómo coño le dices a alguien dentro de 20.000, 50.000 o 100.000 años que no abra una puerta? Puedes poner un cartel, claro. Estupendo. Ahora solo tienes que encontrar un idioma que siga existiendo dentro de cien mil años. Puedes utilizar símbolos, pero tampoco sabes si serán interpretados de la misma manera. Incluso podrías construir algo enorme y aterrador alrededor del lugar para mantener alejada a la gente… aunque corres el pequeño riesgo de conseguir exactamente lo contrario y que nuestros descendientes piensen que allí debajo debe de haber algo importantísimo.

Ese es el verdadero encanto del documental. Mientras científicos, ingenieros y responsables del proyecto hablan de geología, almacenamiento y seguridad nuclear, la película empieza a plantear cuestiones mucho más grandes sobre nuestra propia civilización: cuánto tiempo pueden sobrevivir nuestros conocimientos, si podemos responsabilizarnos de personas que vivirán dentro de miles de generaciones y qué ocurrirá cuando desaparezcan los idiomas, instituciones y culturas que actualmente permiten entender nuestras advertencias.

Porque puede que dentro de cien mil años no quede absolutamente nada de nosotros. Pero debajo de una montaña finlandesa estarán ocultos nuestros residuos nucleares. Nuestro legado para la eternidad. De nada.

Y hasta aquí nuestra pequeña contribución a reducir la ignorancia mundial. Tres documentales, tres temas completamente distintos y unas cuantas cosas nuevas que meter en el cerebro entre memes, series y pensamientos impuros. ¿Vas a convertirte en un intelectual después de verlos? Ni de coña chaval. Pero sabrás algo más sobre de dónde venimos, la extraña sociedad que hemos montado por el camino y la mierda que pensamos dejar enterrada durante 100.000 años y que posiblemente se comerán los extraterrestres cuando vengan a saquear los despojos de nuestro desdichado planeta.

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