Hubo una época en que los dibujos animados eran para niños, servían para educar a la par que entretener y las aventuras que proponían eran inocentes y simpaticonas. Entonces llegó internet para joderlo todo. La red se llenó de dibujitos capaces de dejarte con la boca abierta y la conciencia un poco tocada. Había superhéroes cutres, niñas insoportables, animalitos que morían de formas espantosas, bárbaros psicópatas y monigotes basados. Y todas tan adictivas que siempre acabábamos viendo un episodio más.
Hemos reunido cinco series de animación que hicieron del humor gamberro su especialidad. Algunas llevan años circulando por la red; otras han llegado hace poco. Todas entienden una regla fundamental: si una situación puede acabar fatal, probablemente será mucho más divertida así.
Cálico Electrónico: el superhéroe que no necesitamos pero que nos merecemos
Antes de que los superhéroes dominaran el cine, Cálico Electrónico ya protegía Electronic City a su manera. La serie de Nikodemo Animation nació en la era del Flash y convirtió a un héroe bajito, fanfarrón y bastante alejado del ideal atlético en uno de los personajes más queridos de la animación española en Internet.
Su encanto estaba en tratar las aventuras superheroicas con mucho cachondeo y poco sentido común. Villanos disparatados, diálogos absurdos y una energía que no necesitaba pedir permiso a nadie. Cálico podía salvar la ciudad, sí, pero primero tenía que sobrevivir a su propio universo.
También tiene ese sabor irrepetible del Internet de los dos mil: episodios que esperabas con ganas, bromas que repetías con tus amigos y la sensación de haber descubierto algo que todavía no conocía todo el mundo. Verlo hoy es encontrarse con una cápsula del tiempo llena de chorradas, referencias y bastante más personalidad que muchos superhéroes musculosos de Marvel.

Niña Repelente: una niña pequeña con una mala leche enorme
Margarita, la protagonista de Niña Repelente, tiene cinco años y un talento extraordinario para convertir la vida de quienes la rodean en un puto infierno. La serie surgió en Camas, Sevilla, y encontró en las desgracias de una familia corriente el escenario perfecto para su humor bruto y cotidiano.
La gracia está en que Margarita no necesita situaciones extraordinarias. Le basta con aburrirse, elegir a su próxima víctima y destrozarla sin piedad. Si alguna vez has pensado que los niños son pequeños angelitos, esta serie puede ayudarte a superar esa fase.
Además, el ambiente familiar le da una mala leche muy reconocible: una casa donde la gente solo quiere pasar el día sin que Margarita la saque de quicio. Es difícil no sentir cierta lástima por sus padres. También es difícil dejar de mirar cómo se hunden lentamente en la mierda.

Happy Tree Friends: animalitos adorables, muerte espantosa
A primera vista, Happy Tree Friends parece una serie infantil sobre criaturas del bosque. Hay colores vivos, sonrisas y personajes tan achuchables que dan ganas de llevártelos a casa. Entonces ocurre un accidente y recuerdas que estás viendo una de las series más salvajes que ha dado Internet.
Su fórmula es sencilla y tremendamente eficaz: una situación inocente desencadena una catástrofe cada vez más absurda y sangrienta. Lo divertido —si tu concepto de diversión necesita una revisión médica— es intentar adivinar cómo va a torcerse todo esta vez. Siempre se tuerce. Muchísimo.
La serie juega con una expectativa muy básica: si algo tiene ojitos grandes y aspecto de peluche, queremos que le vaya bien. Happy Tree Friends aprovecha exactamente esa confianza para hacer todo lo contrario. Después de unos cuantos episodios, basta con ver a un personaje acercarse a una escalera, una herramienta o un electrodoméstico para empezar a sufrir taquicardias.

El Bárbaro Mamadísimo: primero mata, luego ya veremos
El Bárbaro Mamadísimo protagoniza Chaotic Good Barbarian, una serie de cortos del canal Dungeon Soup que parodia las aventuras de fantasía y los juegos de rol. Su popular nombre en español viene del fandub de Kaiko. Es enorme, pelirrojo y tiene una solución favorita para casi cualquier problema: matar.
Lo mejor es que él cree estar haciendo el bien. Alguien plantea un conflicto, otro intenta razonar y el bárbaro convierte la conversación en una escena de casquería. La serie funciona por la velocidad con que pasa de «tenemos un pequeño inconveniente» a «ya no queda nadie vivo para quejarse». Si te gusta ver cómo una aventura heroica se descarrila en cuestión de segundos, aquí tienes material.
Y cuando parece que por fin va a pensar antes de actuar, la cosa puede ponerse todavía peor. El personaje tiene fuerza suficiente para ejecutar cualquier barbaridad que se le ocurra y una lógica lo bastante retorcida para convencerse de que era la decisión correcta.

Cyanide & Happiness: monigotes, humor negro y cero compasión
Los personajes de Cyanide & Happiness parecen dibujados en el margen de un cuaderno. Esa sencillez es parte de la trampa: los cortos de Explosm pueden empezar con una conversación inocente y terminar con un remate cruel, incómodo o completamente idiota. El proyecto nació como webcómic y también desarrolló cortos animados y una serie propia.
Aquí no hay un protagonista al que seguir ni una historia que debas aprenderte. Cada vídeo prueba una idea distinta y la lleva hasta sus últimas consecuencias, aunque esas consecuencias hagan que te rías y después te sientas culpable. Aunque eso no va a impedir que pulses el botón de «siguiente vídeo».
Esa estructura hace que puedas entrar por cualquier corto y entenderlo al instante. Unos se apoyan en el absurdo, otros en un giro final particularmente cabrón y otros parecen preguntarse cuánto puede empeorar una situación antes de que acabe el vídeo. Los dibujos son simples; la capacidad para dejarte con cara de «no pueden haber hecho ese chiste» está bastante trabajada.

La animación de Internet nunca pidió permiso
Estas series no se parecen demasiado entre sí. Cálico Electrónico se ríe de los superhéroes; Niña Repelente, de la convivencia familiar; Happy Tree Friends, de tu amor por los animales bonitos; el Bárbaro Mamadísimo arrasa con cualquier intento de diálogo; y Cyanide & Happiness busca el chiste más retorcido posible.
Todas comparten algo: aprovechan la libertad de Internet para hacer cosas que difícilmente habrían salido de una cadena convencional. Y nosotros, personas adultas y supuestamente responsables, seguimos viéndolas encantados.