Hay juegos de mesa que conquistan por sus mecánicas, otros por su ambientación y algunos porque traen unas miniaturas gigantescas que hacen exclamar a la poca gente que aún se preocupa por ti: «Pero ¿dónde coño vas a guardar eso anormal?». Y precisamente hoy vamos a repasar algunos de esos juegos con miniaturas to guapas, desde ejércitos medievales hasta horrores cósmicos y criaturas que podrían utilizarse como arma arrojadiza o como escultura para adornar la plaza de tu pueblo.
No pretendemos decidir cuál tiene las figuras más detalladas mediante complejas mediciones matemáticas y análisis científicos. Aquí va a hablar el corazón. Por eso, esta selección reúne juegos cuyas miniaturas destacan por su calidad, variedad, tamaño, cuquismo o simplemente por su capacidad para conseguir que gastemos trescientos pavos en expansiones que jamás jugaremos. Como siempre, cualquier excusa es buena para llenar otro armario de cajas enormes.
Batman Miniature Game
Batman, sus aliados y los villanos de Gotham aparecen representados mediante miniaturas muy detalladas y llenas de personalidad. Su principal atractivo está en la enorme variedad de personajes disponibles. Cada figura reproduce el traje, las armas y hasta la actitud del personaje, permitiendo reunir una pequeña colección de Gotham mientras fingimos que realmente las necesitamos para jugar.
Además, la oscuridad del universo de Batman queda genial en miniatura. Con un poco de pintura, escenografía urbana y varias farolas rotas podemos convertir la mesa del salón en uno de esos barrios de Gotham donde ni Batman se atrevería a aparcar el Batmóvil.

Time of Legends: Joan of Arc
Batallas medievales, caballeros, soldados, criaturas sobrenaturales y hasta dragones. Sus miniaturas permiten montar enfrentamientos enormes que parecen un belén medieval diseñado por algún genio del mal.La escala reducida hace posible colocar auténticos ejércitos sobre el tablero sin tener que alquilar un polideportivo. Además, la combinación de personajes históricos y monstruos convierte cualquier batalla medieval en una fiesta completamente descontrolada.
El juego no se conforma con enfrentar franceses, ingleses y campesinos mal armados. También introduce ángeles, demonios y bestias gigantescas, porque aparentemente la Guerra de los Cien Años no tenía ya suficientes problemas.
Cyclades
Dioses, soldados y monstruos de la mitología griega se disputan el protagonismo en este clásico. Sus criaturas mitológicas continúan siendo impresionantes, aunque algunas ediciones modernas han llevado el espectáculo todavía más lejos. Además, cada civilización cuenta con unidades propias, pero son criaturas como el Minotauro, Medusa o el Kraken las que acaban atrayendo todas las miradas.
Las figuras ayudan a que el tablero parezca un pequeño archipiélago legendario en constante guerra. Y cuando alguien invoca una criatura enorme para destrozar tus planes, al menos puedes consolarte admirando lo bonita que es mientras te manda a la mierda.

Las Mansiones de la Locura
Investigadores, sectarios y monstruos lovecraftianos llenan sus escenarios. La variedad de enemigos ayuda a que cada aventura tenga su propia pesadilla particular. Algunas figuras pueden necesitar algo de cariño y pintura para lucir realmente bien, pero cuando la mansión se llena de profundos y criaturas tentaculares es imposible no sentir un escalofrío que te baja desde la espalda hasta los espesos bucles del ojete.
Su mayor virtud es cómo contribuyen a la ambientación. No es lo mismo leer que una criatura indescriptible acaba de aparecer que colocar sobre el tablero un bicho con siete brazos, tres bocas y pocas ganas de dialogar.
Descent
Uno de los grandes referentes de las mazmorras con miniaturas. Héroes, demonios y monstruos de todos los tamaños convierten cada partida en una aventura de fantasía espectacular. Cada caja incluye suficiente plástico para fundar un pequeño reino fantástico. La variedad de enemigos y personajes consigue que abrir una puerta resulte emocionante, aunque detrás casi siempre espere una criatura enorme dispuesta a partirnos la cabeza.
Las distintas ediciones de Descent han ido renovando las figuras y mejorando su presencia sobre el tablero. Entre dragones, elementales, nigromantes y guerreros, hay material suficiente para pasar más tiempo pintando miniaturas que jugando la campaña.

La Guerra del Anillo
Sus figuras no son las más detalladas de la lista, pero pocas cosas impresionan tanto como contemplar toda la Tierra Media cubierta de ejércitos. Elfos, orcos, hombres y nazgûl se preparan para una guerra absolutamente desproporcionada. En la Guerra del Anillo, la espectacularidad no procede de una única miniatura gigantesca, sino de la cantidad de tropas desplegadas. Ver avanzar a los ejércitos de Sauron hacia los últimos bastiones de los pueblos libres convierte el tablero en un mapa viviente de la obra de Tolkien.
Además, las figuras permiten identificar rápidamente qué facciones controlan cada región y observar cómo la sombra se extiende por el mapa. La partida termina pareciendo una recreación en miniatura de las películas, pero con más discusiones sobre reglas y menos discursos inspiradores.
Primal: The Awakening
Un juego centrado en combatir monstruos gigantescos que parecen tener alergia a dejar vivos a los jugadores. Sus enormes criaturas son las verdaderas protagonistas y convierten cada enfrentamiento en una batalla final. Los cazadores también tienen diseños estupendos, pero quedan inevitablemente eclipsados por las bestias.
Cada monstruo ocupa una parte considerable de la mesa y deja muy claro quién manda aquí antes incluso de comenzar el combate. Sus poses transmiten movimiento, fuerza y muy malas intenciones. No parecen enemigos esperando pacientemente su turno, sino animales salvajes a punto de saltar sobre los personajes y convertirlos en una mancha decorativa sobre el tablero.

Star Wars: Rebellion
La galaxia entera cabe sobre la mesa gracias a sus ejércitos, naves y líderes. Estrellas de la Muerte, destructores imperiales y soldados rebeldes forman una colección capaz de despertar la envidia de cualquier aficionado a Star Wars. La escala de las figuras varía para permitir que convivan soldados, cazas y naves gigantescas en el mismo tablero. Puede que no tenga sentido desde un punto de vista realista, pero contemplar dos Estrellas de la Muerte juntas sigue siendo epiquísimo.
Aunque sus miniaturas no estén pensadas para competir con las de un juego de escaramuzas, consiguen representar perfectamente la magnitud del conflicto. Ver cómo la flota imperial se acerca a la base rebelde provoca bastante más tensión que colocar unos simples cubitos de madera.
Monster Hunter World: The Board Game
Aquí venimos a cazar criaturas gigantes y fabricar equipo con sus restos, como mandan las buenas costumbres. Las miniaturas reproducen con bastante fidelidad algunos de los monstruos más conocidos del videojuego. Cada bestia posee una silueta reconocible, una postura dinámica y suficientes pinchos como para dificultar bastante su almacenamiento. Pintarlas requiere paciencia, pero también permite convertir cada monstruo en una pieza de exposición.
Los cazadores parecen diminutos cuando se colocan frente a ellos, lo que refleja perfectamente la esencia de la saga. La única estrategia razonable consiste en observar al monstruo, contemplar el tamaño de sus dientes y lanzarse igualmente contra él con una pequeña espada.

Nemesis
Los intrusos de Nemesis son repugnantes, amenazadores y considerablemente más grandes de lo que uno desearía encontrar dentro de una nave. Sus miniaturas ayudan a crear una atmósfera cercana a Alien, pero con más traiciones entre amigos. La Reina Intrusa es la figura más impresionante, aunque sus pequeñas y encantadoras crías tampoco se quedan atrás. Su presencia consigue que cada encuentro resulte amenazante y que cerrar una puerta parezca una estrategia militar perfectamente razonable.
Los diseños de este dungeon crawler, mezclan anatomía humana, insectos y criaturas salidas de una pesadilla especialmente húmeda. Cada vez que aparece un intruso nuevo, los jugadores dejan de discutir durante unos segundos para admirarlo antes de continuar con las traiciones.
Oathsworn: Into the Deepwood
Sus monstruos son enormes, detallados y diseñados para dominar completamente el tablero. Algunas criaturas parecen más una pieza de exposición que una miniatura para jugar. El juego utiliza sus figuras como auténticos acontecimientos. Cuando aparece un nuevo enemigo, no solo cambia el combate: también llega a la mesa otra mole de plástico que nos obliga a preguntarnos cuánto peso puede soportar el mueble.
Muchos adversarios permanecen ocultos hasta el momento de enfrentarse a ellos, reforzando la sorpresa. Sacar uno de estos monstruos de su caja es casi tan emocionante como combatirlo, aunque después nos machaque durante tres horas.

Cthulhu: Death May Die
Investigadores desquiciados, sectarios y Primigenios de tamaño indecente. Las cajas adicionales permiten aumentar todavía más la colección de horrores cósmicos. Los monstruos más grandes son espectaculares, pero también destacan los investigadores, cada uno representado con armas, poses y diferentes grados de locura.
Los Primigenios son auténticas bestias que ocupan una parte considerable del tablero y reducen a los personajes a pequeñas hormigas armadas. Es exactamente la escala adecuada para representar unos seres capaces de destruir nuestra cordura con solo mirarnos.
Zombicide: Black Plague
Una colección interminable de supervivientes, zombis y abominaciones ambientada en un mundo medieval. Es perfecto para quien piensa que a la fantasía clásica le faltaban muertos vivientes corriendo por las calles. La enorme cantidad de figuras permite llenar el tablero hasta que resulta difícil distinguir las calles bajo tanto cadáver ambulante. Las abominaciones sobresalen por su tamaño, mientras que los supervivientes tienen diseños variados y cargados de personalidad.
Además, Zombicide: Black Plague, cuenta con muchas expansiones, que añaden todavía más zombis, héroes y criaturas absurdamente grandes. En algún momento dejamos de estar ante un juego de mesa y comenzamos a gestionar un almacén de cadáveres de plástico con espadas y armaduras.

Dark Souls: The Board Game
Caballeros, demonios y jefes gigantescos trasladados directamente desde el videojuego. Sus miniaturas capturan muy bien esa mezcla de belleza y sufrimiento que caracteriza a Dark Souls. Los jefes son, como cabría esperar, las grandes estrellas del conjunto. Figuras como Ornstein, Smough o el Bailarín del Valle Boreal consiguen que morir repetidamente resulte, al menos, visualmente precioso.
También destacan los héroes y enemigos normales, reconocibles inmediatamente por cualquiera que haya sufrido el videojuego. Colocarlos sobre el tablero despierta bonitos recuerdos de todas las ocasiones en las que nos mataron sin darnos tiempo siquiera a reaccionar.
Bloodborne: The Board Game
Cazadores elegantes, bestias deformes y horrores salidos de una pesadilla victoriana. Probablemente sea uno de los juegos más atractivos de la lista, siempre que consideremos atractiva una criatura formada por dientes, pelo y extremidades innecesarias. Las miniaturas trasladan perfectamente la estética gótica y enfermiza del videojuego. Incluso los enemigos más pequeños parecen capaces de esconderse debajo de la cama y provocar que un adulto responsable duerma con la luz encendida.
Los cazadores poseen poses dinámicas y armas extravagantes, mientras que los jefes parecen haber sido diseñados durante una mezcla de fiebre y consumo excesivo de absenta. Todo el conjunto consigue que Yharnam resulte tan hermosa como profundamente desagradable.

Cuando el plástico se apodera de la casa
Estos juegos demuestran que las miniaturas pueden convertir una partida en un espectáculo visual. No solo representan personajes y enemigos: también ayudan a construir mundos, contar historias y conseguir que cada combate parezca mucho más importante de lo que realmente es.
Por supuesto, unas miniaturas espectaculares no garantizan que un juego sea bueno, pero ayudan muchísimo a meterte en faena. Siempre será más entretenido no entender una regla mientras contemplamos un dragón gigantesco que hacerlo mirando un triste cubo de madera.
El único problema aparece cuando empezamos a acumular cajas, expansiones y monstruos enormes hasta descubrir que ya no guardamos los juegos en casa: los juegos nos permiten vivir con ellos.