Cuando pensamos en Gotham, imaginamos callejones oscuros, policías corruptos, psicópatas vestidos de arlequín y una posibilidad bastante elevada de palmarla si sales a comprar el pan. Pero la ciudad no siempre fue así. Gotham City: Año Uno nos lleva varias décadas atrás para contarnos cómo aquel lugar aparentemente próspero comenzó a convertirse en el vertedero criminal que todos conocemos.
La historia funciona como una especie de relato fundacional de Gotham. Aquí no veremos a Batman persiguiendo villanos por los tejados, sino a una ciudad aparentemente normal dando sus primeros pasos hacia la violencia, la corrupción y la absoluta falta de esperanza. Porque Gotham no se convirtió en un agujero de mierda de la noche a la mañana: necesitó años de secretos, crímenes y gente poderosa haciendo lo que le salía de las narices.
Bienvenidos a una de las mejores historias de Batman, aunque Batman apenas aparezca en ella.
Gotham antes de Batman
Escrita por Tom King y dibujada por Phil Hester, esta miniserie de seis números transcurre dos generaciones antes de la llegada de Batman. Su protagonista es Slam Bradley, un detective privado duro, cínico y con una habilidad extraordinaria para meterse en jardines.
Todo comienza cuando Helen Wayne, la pequeña heredera de una de las familias más importantes de Gotham, desaparece misteriosamente. Slam se ve involucrado en el llamado “secuestro del siglo”, una investigación que lo arrastra por los rincones menos respetables de una ciudad dominada por las familias poderosas, los secretos y la corrupción.
Bradley es el típico detective de las historias negras: fuma como un cosaco, recibe palizas, desconfía de todo el mundo y siempre parece estar a dos minutos de volarse la tapa de los sesos. No tiene poderes, aparatos tecnológicos ni una fortuna familiar. Solamente cuenta con su experiencia, sus puños y una capacidad casi sobrenatural para aguantar palizones monumentales.

Un cómic de Batman sin Batman
Aunque pertenece al universo del Caballero Oscuro, Batman no es el protagonista. Ni siquiera ha nacido todavía. Aquí el personaje principal es la propia Gotham y la pregunta que guía toda la historia es muy sencilla: ¿cómo pasó de ser una ciudad llena de esperanza a convertirse en semejante agujero de mierda?
Tom King construye un relato de detectives muy clásico, con secuestros, chantajes, policías corruptos y ricos convencidos de que las leyes son para los demás. La historia se aleja de los supervillanos, las explosiones y las amenazas capaces de destruir el planeta para centrarse en una maldad bastante más cercana: la de las personas normales que tienen dinero, influencia y demasiados cadáveres escondidos en el armario.
Precisamente por eso, el cómic puede gustar incluso a quienes estén un poco cansados de Batman (sí, esa gentuza existe). No es necesario conocer todas las crisis, reinicios y universos paralelos de DC para entender lo que está sucediendo. Basta con saber que Gotham terminará convirtiéndose en una ciudad horrible y que, tarde o temprano, aparecerá un millonario disfrazado de murciélago para intentar arreglarla a puñetazos.
Una historia negra con secretos familiares
El dibujo de Phil Hester encaja perfectamente con la historia. Sus sombras, sus personajes angulosos y su estilo aparentemente sencillo refuerzan la sensación de estar leyendo una vieja novela negra. Gotham parece elegante desde lejos, pero basta con mirar un poco más de cerca para descubrir la podredumbre escondida bajo sus edificios y sus familias respetables.
El color de Jordie Bellaire también ayuda a crear esa atmósfera oscura y melancólica. No intenta ofrecer una ciudad espectacular ni especialmente realista, sino un escenario incómodo en el que cada habitación parece ocultar un secreto y cada personaje podría estar mintiendo. Incluso durante el día, Gotham transmite la sensación de que algo malo está a punto de suceder.
El misterio funciona, el cómic se lee rápidamente y ofrece algunas revelaciones importantes sobre la familia Wayne. Puede que alguna resulte polémica para los lectores más puristas, porque Tom King introduce nuevos secretos en una historia que lleva décadas siendo ampliada y modificada. Sin entrar en destripes, digamos que los Wayne no quedan precisamente como la familia más ejemplar del vecindario.

¿Merece la pena?
Gotham City: Año Uno es una lectura breve, oscura y bastante entretenida. No hace falta conocer el universo de DC para entenderla y puede disfrutarse como una historia criminal independiente. Sus seis números permiten desarrollar el misterio sin alargarlo innecesariamente.
Quizá no cambie para siempre vuestra forma de entender a Batman, pero sí ofrece una mirada diferente a su mundo. En lugar de enseñarnos cómo nació el héroe, nos muestra cómo se pudrió la ciudad que acabaría necesitándolo. También recupera a Slam Bradley, un personaje bastante menos conocido que demuestra que Gotham ya producía detectives malhumorados mucho antes de que Bruce Wayne se pusiera los calzoncillos por encima del pantalón.