En Basin City, la policía está comprada, los políticos son peores que los delincuentes y pedirle indicaciones a un desconocido puede acabar con alguien metido en el maletero de un coche. Es un lugar encantador para pasar el fin de semana, siempre que hayas dejado hecho testamento.
Frank Miller llenó Sin City de personajes que parecen competir por ver quién necesita más terapia, hay matones con corazón, policías que cometen el error de ser honrados, asesinos que dan miedo incluso cuando no hacen nada y gente capaz de meterse en una guerra a base de decisiones estúpidas. Aquí nadie está del todo bien de la chola, pero algunos consiguen que les cojamos cariño de todos modos.
Vamos a repasar a los mejores personajes del cómic: los que hacen de esta ciudad un sitio imposible de olvidar y absolutamente desaconsejable para buscar piso.
Marv: una apisonadora con sentimientos
Marv tiene la cara hecha un mapa topográfico, una fuerza descomunal y una relación bastante complicada con la palabra «moderación». En El duro adiós, la muerte de Goldie lo lanza a una investigación que consiste, en buena medida, en agarrar por los huevos a gente peligrosa hasta que alguien empieza a hablar.
Lo mejor de Marv es que, bajo toda esa violencia, hay un hombre desesperado por hacer algo bueno por alguien que fue amable con él. Su código moral es rudimentario y sus métodos harían llorar a cualquier juez, pero cuesta no acompañarlo hasta el final. Eso sí: mejor acompañarlo desde una distancia prudente.
Además, Marv es perfectamente consciente de su aspecto. Sabe que nadie va a confundirlo con un príncipe encantador y tampoco pierde el tiempo intentándolo. En otra ciudad sería el monstruo de la historia; en Basin City, cuando descubre quiénes son los verdaderos monstruos, ya no parece tan mala opción.

John Hartigan: el policía que se tomó en serio su trabajo
En una ciudad donde llevar placa suele significar que cobras de varios criminales a la vez, Hartigan insiste en proteger a la pequeña Nancy Callahan hasta las últimas consecuencias. Parece lo mínimo exigible a un policía, pero en Basin City eso ya lo convierte casi en una criatura mitológica.
Hartigan aporta algo poco frecuente en Sin City: una bondad que no depende de que el mundo vaya a recompensarla. Está cansado, enfermo y rodeado de gente con mucho más poder que él. Aun así, sigue adelante. Su historia, Ese cobarde bastardo, es de las que más duelen de toda la serie.
Hartigan tiene además una cualidad peligrosísima en Basin City: cree que sus decisiones deben tener consecuencias para él antes que para los demás. Cada vez que podría mirar hacia otro lado, elige complicarse la vida un poco más. Si todos los policías de la ciudad actuaran como él, los Roark tendrían que buscarse otro negocio. Por desgracia para Hartigan, no parece que vayan a hacerlo.

Dwight McCarthy: el tipo que siempre elige mal
Dwight tiene pinta de protagonista de novela negra porque lo es: pasado turbio, voz interior atormentada y un talento sobrenatural para meterse donde no debe. Si una situación puede resolverse hablando tranquilamente, Dwight encontrará la manera de acabar implicado en una guerra.
Protagoniza algunas de las tramas más enrevesadas de Sin City, especialmente Moriría por ella y La gran masacre. Lo interesante es que no tiene la resistencia monstruosa de Marv ni la rectitud de Hartigan. Improvisa, se equivoca y sobrevive como puede. Por eso resulta tan entretenido verlo intentar arreglar sus propios desastres.
Dwight es especialmente divertido cuando intenta convencerse de que lo tiene todo bajo control. Le dura aproximadamente el tiempo que tarda en beberse la siguiente cerveza. Sus historias avanzan como una cadena de problemas cada vez más grandes, unidos por un hombre que, en algún momento, debería haberse ido a casa y cerrado la puerta con llave.

Miho: la pequeña y letal Miho
Miho protege el Barrio Viejo con una eficiencia y una letalidad incuestionables. No habla, aparece cuando menos te conviene y maneja las armas blancas como si el resto del mundo se moviera a cámara lenta.
Miller la convierte en una presencia casi fantasmal: muchas veces basta con verla en una viñeta para entender que la discusión ha terminado. Puede que no sea el personaje más desarrollado de la serie, pero en cuanto entra en escena se adueña de ella. Si Miho está mirándote fijamente, pide perdón por lo que sea. Aunque no hayas hecho nada.
Que Miho no hable también juega a su favor. En una ciudad donde todo el mundo suelta amenazas, discursos y frases que parecen ensayadas durante horas frente al espejo, ella se ahorra la presentación. Su presencia convierte cualquier pelea en una pregunta bastante sencilla: ¿cuánto tardarán los otros en darse cuenta de que ya la han palmado?

Gail: la jefa del Barrio Viejo
Gail dirige a las mujeres del Barrio Viejo en una ciudad llena de mafiosos, policías corruptos y hombres convencidos de que pueden imponerles sus reglas. Mantener aquel territorio exige bastante más que dar órdenes con cara de pocos amigos.
Tiene carácter, sabe negociar cuando toca y entiende perfectamente cuándo la negociación se ha acabado. Su relación con Dwight añade tensión a sus historias, pero Gail destaca por sí sola: es una líder que defiende la autonomía de las suyas sin esperar que nadie venga a rescatarlas.
Gail tampoco tiene el lujo de equivocarse demasiado. Cada decisión que toma afecta a las mujeres que viven y trabajan en el Barrio Viejo, y sus enemigos están esperando cualquier excusa para acabar con la independencia del lugar. Quizá por eso no tiene paciencia para los héroes que aparecen con buenas intenciones y un plan a medio pensar. Especialmente cuando ese héroe es Dwight.

Nancy Callahan: mucho más que el motivo de una pelea
Nancy es una figura central en la historia de Hartigan, aunque reducirla a «la chica a la que hay que salvar» sería quedarse en la superficie. Su vida está marcada por la violencia de Basin City y por las decisiones de quienes intentan controlarla o protegerla.
Su personaje muestra algo que Sin City suele esconder entre golpes y disparos: el daño no desaparece cuando termina la persecución. Nancy permanece, cambia y tiene que encontrar su manera de vivir con todo lo ocurrido. En una serie poblada por tipos que solucionan los problemas a puñetazos, eso merece un lugar en la lista.
Nancy podría haberse quedado atrapada en el papel que otros le asignan, pero su presencia va ganando peso a medida que conocemos Basin City. No lleva placa, no dirige un ejército y no reparte espadazos por los callejones. Aun así, consigue hacerse un sitio entre personajes mucho mas poderosos y violentos gracias a sus contradicciones y sus grises.

Ava Lord: una mala noticia con nombre y apellidos
Ava es el centro de Moriría por ella y una de las grandes figuras del lado más retorcido de Sin City. Sabe qué quiere oír cada persona y cómo convertir sus deseos en una trampa. Dwight conoce perfectamente el peligro de acercarse a ella; naturalmente, se acerca.
Funciona porque representa el noir más venenoso de Miller: manipulación, obsesión y personajes que toman decisiones horribles convencidos de que esta vez dominan la situación. Con Ava, casi nunca la dominan.
Lo peor de Ava es que no necesita inventarse una personalidad nueva para cada víctima. Le basta con detectar lo que esa persona desea y presentarse como la respuesta. Una femme fatale de manual.

Kevin: el silencio más inquietante de Basin City
Hay asesinos que necesitan discursos para dar miedo. Kevin no necesita abrir la boca. Su apariencia tranquila y su comportamiento metódico lo vuelven mucho más perturbador que cualquier matón que vaya anunciando a gritos lo malo que es.
Es uno de los antagonistas que hacen que El duro adiós se quede grabado en la memoria. Además, logra algo difícil: que incluso cuando Marv aparece dispuesto a destrozarlo todo, el lector sienta que todavía hay motivos para preocuparse.
Su aspecto también contribuye al mal rollo: gafas, expresión serena y una educación aparente que no encaja en absoluto con lo que hace. Kevin parece alguien que te sujetaría la puerta al entrar en un edificio. Luego descubres que habría sido mucho mejor quedarte fuera, aunque estuviera lloviendo a mares.

Una ciudad de personajes imposibles de olvidar
Marv es el rostro más reconocible de Sin City, pero la serie funciona porque está llena de personajes que podrían protagonizar su propia tragedia y de hecho lo hacen. Hartigan se aferra a sus principios, Dwight tropieza una y otra vez con sus errores, Gail protege su territorio y Kevin recuerda que el peor monstruo de la ciudad quizá tenga contactos en el ayuntamiento.
Todos viven bajo la misma regla: en Basin City puedes intentar hacer lo correcto, pero más te vale llevar un plan B y una pistola para cuando todo se vaya a la mierda.