Dios: La ciencia, las pruebas es uno de esos libros que empiezas pensando “bah, otro ensayo religioso intentando venderme a Dios con fórmulas matemáticas” y terminas mirando el techo a las tres de la mañana haciéndote preguntas existenciales y con ansiedad cósmica.
Y es que, a pesar de ser un libro bastante sesudo, que se adentra en la física y la cosmología más serias, funciona sorprendentemente bien y está explicado de una manera muy accesible. Porque lejos de ponerse ultraespeso desde la primera página con ecuaciones infernales y términos científicos sacados de un manual de la NASA, el libro intenta explicar conceptos complejísimos de forma bastante sencilla y entretenida. Y es que está escrito para gente del montón y no exclusivamente para físicos de laboratorio, por eso merece mucho la pena.
Y puede que no te vaya a cambiar la vida, pero seguro que hace que te replantees mogollón de cosas y empieces a cuestionarte conceptos que antes dabas por seguros.

El universo básicamente no debería existir
Uno de los temas más interesantes del libro es toda la parte relacionada con el origen del universo y el famoso ajuste fino del Big Bang. La idea es sencilla: si ciertas constantes físicas como la fuerza de la gravedad, la velocidad de expansión del universo, la velocidad de la luz, la fuerza nuclear, o la densidad de la masa, hubieran variado una cantidad absurdamente pequeña, entonces la creación del universo no habría sido posible. No existirían estrellas, ni galaxias, ni química, ni vida, ni los comics de Batman, ni tú leyendo esto mientras procrastinas. Nada.
Y lo verdaderamente loco de todo esto, es el nivel de precisión del que estamos hablando. No es que las constantes tengan que parecerse “más o menos”. No. Tienen que estar ajustadas con una exactiutd ridícula, casi absurda. En algunos casos, si una cifra hubiera variado una fracción microscópica —algo equivalente a mover un decimal infinitesimal arriba o abajo— el universo habría colapsado sobre sí mismo inmediatamente después del Big Bang o se habría expandido tan rápido que jamás podrían haberse formado galaxias, estrellas o materia compleja.
Por poner un ejemplo, la fuerza de la gravedad depende de la constante G cuyo valor es 6,67418…, pero si este hubiera sido 6´67417… o 6´67419 todo se habría ido al carajo.
El libro utiliza mucho esta idea para transmitir una sensación bastante potente: el universo parece estar calibrado con una precisión casi imposible. Como si alguien hubiera ajustado miles de valores microscópicos exactamente en el punto correcto para que todo pudiera existir. Y claro, ahí es donde mucha gente empieza a pensar: “vale… ¿de verdad todo esto salió bien por pura chorra?”.
La muerte térmica del universo: gracias por la depresión existencial
Otro de los temas más potentes es la muerte térmica del universo. Básicamente: sabemos que el universo sigue expandiéndose, que algún día dejarán de nacer nuevas estrellas y las que hay acabarán apagándose, que toda la energía terminará dispersándose, y que en el futuro lejano solo quedará oscuridad fría y absoluta.

Pero esto a parte de ponerte los huevos de corbata, también plantea una idea muy curiosa. Si el tiempo fuera infinito, todo eso ya habría pasado. El universo ya se habría apagado. Lo que significa que el tiempo no es infinito, que el universo tiene un principio y un final y que es prácticamente imposible que hubiera dado tiempo a que se dieran las condiciones tan jodidamente específicas que propiciaron el Big Bang. Porque claro, si el tiempo fuera infinito, a base de intentos podría haber ocurrido por casualidad. Dale a un mono una máquina de escribir y de tanto aporrearla tarde o temprano te escribe el Quijote de chiripa. Pero para que esto ocurra se necesita muuuuucho tiempo. Una eternidad vamos. Y el universo no es tan viejo.
Aquí ya entran especulaciones del tipo, es que hay universos infinitos y en alguno se tenía que dar, o es que el tiempo es cíclico y bla bla bla, o es que una inteligencia superior decidió meter mano en el asunto… ¿Vosotros que opináis? ¿Cómo puede un universo condenado al caos y la entropía haber generado estructuras tan increíblemente ordenadas como la vida y la conciencia?
Ahí es donde mezcla física, filosofía y metafísica de una forma bastante entretenida. Porque más que intentar darte pruebas matemáticas absolutas de Dios, el libro juega constantemente con la idea de que el universo parece sospechosamente “preparado” para permitir nuestra existencia.
La aparición de la vida, otra imposibilidad cósmica
El libro también entra bastante en el tema del origen de la vida y ahí la sensación de “esto es absurdamente complejo” todavía aumenta más. Habla del ADN como una especie de biblioteca biológica gigantesca capaz de almacenar información con una precisión brutal, de proteínas que necesitan tener estructuras exactísimas para funcionar y de ribosomas, auténticas nanomáquinas microscópicas encargadas de fabricar esas proteínas dentro de cada célula.
Todo el sistema parece tan increíblemente complejo e interdependiente que los autores comparan la aparición espontánea de la vida con la posibilidad de que un tornado atraviese un desguace y monte un avión perfectamente operativo listo para volar. Seamos sinceros, ¿qué probabilidades hay de que algo así ocurra?
Además, menciona a LUCA, el último ancestro común universal del que desciende toda la vida conocida en la Tierra. Y lo curioso es que incluso ese supuesto “primer organismo” ya era muchísimo más complejo de lo que solemos pensar. No era una gotita simple flotando alegremente en el agua, sino un sistema biológico sorprendentemente sofisticado que ya necesitaba mecanismos de reproducción, proteínas funcionales y estructuras celulares bastante avanzadas, y que surgió supuestamente de la nada.
Lo más curioso: la mayoría de científicos famosos sí eran creyentes
Otra parte interesante es cuando desmonta un poco el mito moderno de: “la ciencia mató a Dios”. Porque el libro recuerda constantemente que muchísimos científicos históricos como Newton, Pascal, Mendel, Lemaitre, Einstein, Gödel… eran creyentes. Y con esto no me refiero a que creyeran en Yahvé, Alá o Buda, sino que creían que había algo más allá de la materia y que había metido mano en la exactitud y precisión de las leyes físicas.
Y aquí el libro hace una cosa bastante inteligente: no intenta venderte la religión como enemiga de la ciencia, sino más bien como algo compatible con ella. De hecho, muchas veces transmite la idea de que cuanto más complejo descubres que es el universo, más absurdo parece que todo exista porque sí.
Ahora bien… la parte final del libro es donde la cosa empieza a ponerse algo regulera. Porque después de un ensayo bastante sólido y entretenido sobre cosmología, física y probabilidades imposibles, el libro empieza a meterse en milagros, apariciones, experiencias místicas, reliquias, y testimonios e hipótesis sacadas de la manga.
Y ahí ya si se nota muchísimo más el intento de empujarte directamente hacia el catolicismo. El problema es que esa parte resulta bastante menos convincente que toda la sección científica anterior. Porque mientras el ajuste fino o la complejidad del universo están demostrados científicamente, y al menos generan preguntas filosóficas interesantes, algunas de las “pruebas” sobrenaturales finales están cogidas bastante con pinzas.
Especialmente lo del milagro de Fátima, que el libro trata casi como si fuera un hecho incuestionable para toda la humanidad.

Un libro sorprendentemente entretenido, que te va explotar el cerebro
Lo más curioso de Dios: La ciencia, las pruebas es que incluso aunque no acabes creyendo en Dios ni volviendo a hacer ayuno el Viernes Santo, sigue siendo una lectura bastante fascinante. Porque consigue algo dificilísimo: hablar de cosmología, origen del universo, física y filosofía sin parecer un manual universitario insufrible.
No convierte automáticamente a nadie en creyente, pero sí logra despertar esa sensación incómoda y maravillosa de: vale… quizá existir ya es muchísimo más raro de lo que pensamos. Quizás si que hay algo ahí fuera, llámalo Dios, llámalo karma, llámalo energía… pero algo hay.
Y sinceramente, cualquier libro capaz de hacer que te hagas al menos un par de preguntas mientras te explica la entropía del universo sin que te duermas merece consideración.
«Excelente artículo»
Me ha parecido una lectura muy inspiradora y necesaria en este momento.
Me qdao boquituerto. Mañan empezare a ir a misa. Mis dieses misterioso Javi Cano por este maravillo articulo que me ha hecho recapacitar sobre mi existencia. Y ahora me pregunto¿porque?
Maravilla de artículo, es increíble, soy creyente? Sí, pero muy lejos de todo eso, no pienso en como o cuando se creo todo, si no más bien en lo fascinante que llega a ser el universo y qué de cosas desconemos de él.
Dios existe, yo lo vi una vez que casi me muero cuando me atraganté con una torta maritoñi. Vi un tunel de luz y todo pero resucite gracias a nuestro señor Jesucristo