Antes de los superguerreros, de los dioses de la destrucción, de las transformaciones imposibles y de las batallas capaces de hacer temblar galaxias enteras, Dragon Ball era una historia muy distinta. Era una aventura inspirada libremente en Viaje al Oeste, una mezcla de humor, artes marciales, ciencia ficción, monstruos, chistes verdes y situaciones tan delirantes que vistas hoy parecen fruto de una apuesta entre guionistas borrachos. No es casualidad que siga apareciendo en prácticamente cualquier lista de los mejores animes de los años 80, una época irrepetible que ayudó a sentar las bases de la animación japonesa moderna.
Y es que, lo que comenzó como el viaje de un niño con cola de mono y una adolescente en busca de unas bolas mágicas fue creciendo poco a poco hasta convertirse en un fenómeno mundial. Y, sin embargo, pese a su enorme influencia y a todo lo que vendría después, el Dragon Ball original nunca perdió del todo ese espíritu de aventura imprevisible donde cualquier cosa podía ocurrir. De aquel maravilloso caos nació una de las franquicias más importantes de la historia del manga y el anime.
Un mundo donde nada tiene sentido y todo funciona
Todo comienza cuando Son Goku, un niño salvaje con cola de mono que vive aislado en las montañas, conoce por accidente a Bulma, una adolescente, genio de la tecnología, obsesionada con encontrar las Bolas de Dragón. Estas siete esferas mágicas, son capaces de invocar al dragón Shenron y conceder un deseo. La premisa ya plantea preguntas curiosas. Y es que Bulma viaja completamente sola por un mundo plagado de dinosaurios, bandidos, monstruos y animales parlantes sin que parezca muy preocupada por su seguridad. Tampoco queda demasiado claro quién descubrió originalmente la leyenda de las Bolas de Dragón ni por qué un objeto capaz de conceder cualquier deseo no provoca guerras mundiales constantes. En cuanto a la cola de Goku, tendríamos respuesta mucho tiempo después con la película que explicaba su origen extraterrestre.
Bulma descubre que el abuelo adoptivo de Goku le dejó una de las Bolas de Dragón y convence al pequeño salvaje para acompañarla en la búsqueda. Poco a poco le va enseñando cómo funciona el mundo moderno mientras viven todo tipo de aventuras. Uno de los primeros personajes que conocen es Oolong, un cerdo capaz de transformarse en prácticamente cualquier cosa y que se dedica a secuestrar niñas en un pueblo perdido sin que nadie parezca demasiado interesado en detenerlo. ¿Por qué la policía jamás interviene? ¿Y cómo es posible que Oolong disponga de una casa enorme, comida, comodidades y una vida relativamente tranquila pese a ser un delincuente conocido que, además, apenas tiene diez años?

Poco después aparece Yamcha, un bandido del desierto que asalta viajeros para sobrevivir y que siempre va acompañado por Puar, otra criatura con poderes de transformación. La explicación oficial es que Oolong y Puar estudiaron en una escuela especializada en metamorfosis. Sin embargo, si existen este tipo de escuelas, ¿por qué el resto del mundo lo flipa en colores cada vez que estos dos utilizan esa habilidad? Durante el viaje también conocen al Maestro Roshi, el legendario artista marcial que terminará convirtiéndose en el principal mentor de Goku, y que le regala la Nube Kinton, una nube voladora que solo puede ser utilizada por personas de corazón puro. También aparece Chichi, la hija del Rey Gyumao y futura esposa de Goku. Curiosamente, cuando Chichi intenta subirse a la nube, tira accidentalmente de la cola de Goku y este pierde toda su fuerza de inmediato. Se supone que ese es el gran punto débil del chaval, el problema es que anteriormente Bulma ya había agarrado la cola de Goku mientras le daba un baño y no ocurrió absolutamente nada.
Conejos en la Luna, monos gigantes y unas bragas legendarias
La primera gran amenaza a la que se enfrentan nuestros héroes es la Banda del Conejo. Su líder posee la inquietante capacidad de transformar a cualquier persona que toque en una zanahoria. Goku lo derrota sin demasiadas complicaciones, pero la forma de resolver el problema es tan absurda que parece un chiste. Utilizando el Bastón Mágico, envía al conejo y a toda su banda directamente a la Luna y los abandona allí. Sí, a la Luna. La pregunta es inevitable: ¿cómo consigue exactamente el Bastón llegar hasta un satélite situado a casi 400.000 kilómetros de distancia? Y aún más importante, ¿cómo sobreviven allí la Banda del Conejo sin oxígeno, comida ni agua?
Poco después llega el primer gran villano de la serie, el Emperador Pilaf, un enemigo tan incompetente como persistente que consigue robar las siete Bolas de Dragón y encerrar a los protagonistas en su castillo. Por primera vez parece que los héroes han perdido. Pilaf invoca a Shenron dispuesto a cumplir su ambición de conquistar el mundo, pero en el último segundo Oolong se adelanta y pide un deseo antes que él. Unas bragas. Sí, esto ocurrió. Mientras tanto, el resto permanece atrapado en una celda hasta que aparece la luna llena y Goku se transforma por primera vez en Ozaru, un mono gigante con una fuerza incontrolable. El castillo de Pilaf queda reducido a escombros en cuestión de minutos. Bulma sobrevive milagrosamente a pesar de que una enorme torre de piedra se desploma encima de ella. Tal vez convivir con Goku durante tanto tiempo le ha otorgado algún tipo de resistencia sobrenatural, porque resulta difícil encontrar otra explicación.

Finalmente, Yamcha y Puar consiguen cortarle la cola al Ozaru y Goku vuelve a la normalidad sin recordar absolutamente nada de lo ocurrido. Curiosamente, ninguno de los presentes parece considerar importante explicarle que acaba de convertirse en un monstruo gigante capaz de arrasar ciudades enteras, ni tampoco tomar medidas al respecto. Yamcha y Bulma, que originalmente querían utilizar las Bolas de Dragón para encontrar pareja, terminan haciéndose novietes y se van juntos a la capital y Goku parte para entrenar junto al Maestro Roshi tal como le prometió.
El entrenamiento más extraño del mundo para asistir al torneo más extraño del mundo
Tras reunir las Bolas de Dragón, la historia cambia de tono y se centra en el entrenamiento de Goku bajo la tutela del Maestro Roshi. Allí conoce a Krilin, un joven monje calvo que carece de nariz. ¿Por qué? Buena pregunta. El caso es que ambos chavales se someten a un entrenamiento tan absurdo como efectivo. Repartir leche corriendo, arar campos con las manos, escapar nadando de tiburones o empujar piedras gigantes parecen ejercicios ridículos, pero esconden una idea que marcará toda la franquicia: el verdadero poder se obtiene mediante el esfuerzo constante. Eso sí, el entrenamiento también deja algunas preguntas curiosas. Por ejemplo, ¿por qué el repartidor de leche de una pequeña isla utiliza un helicóptero para hacer el reparto diario? ¿No sería más práctico usar una moto, una furgoneta o incluso una bicicleta? ¿De dónde ha sacado el helicóptero? ¿O es que el tipo es simplemente un millonario extravagante?
Todo este entrenamiento tiene un objetivo muy concreto: participar en el Tenkaichi Budokai, el torneo de artes marciales más importante del mundo. Se supone que reúne a los mejores luchadores del planeta y, sin embargo, no tiene gradas alrededor del ring, solo una explanada que ya me dirás tú cómo ven a partir de la segunda fila. Tampoco parece existir ninguna categoría de peso, edad o sexo. Niños, mujeres, ancianos, monstruos y expertos asesinos compiten juntos como si aquello fuera lo más normal del mundo. Los combates están repletos de momentos memorables y de situaciones que vistas hoy resultan completamente surrealistas. Krilin derrota a Bacterian, el hombre más apestoso del planeta, gracias a que no tiene nariz, aunque necesita que alguien le recuerde ese pequeño detalle en mitad de la pelea. El chaval llega incluso a lanzar mocos como arma improvisada, algo bastante meritorio para alguien que, insistimos, no tiene nariz.

Roshi demuestra ser capaz de leer la mente de Nam, otro de los participantes, una habilidad tremendamente útil que jamás volverá a utilizar en toda la serie. Durante otro combate una luchadora decide quitarse la ropa para distraer a su rival sin que exista ningún tipo de penalización por ello. De hecho, el combate degenera hasta tal punto que Krilin termina lanzando unas bragas en mitad del ring para intentar derrotar a Jackie Chun. Goku tampoco se queda atrás. Utiliza la Nube Kinton para regresar al ring después de ser lanzado fuera, su cola vuelve a crecer al instante justo cuando más la necesita y, por si fuera poco, la usa como una hélice para mantenerse a flote en el aire.
Durante el combate final contra Jackie Chun, la identidad secreta de Roshi, Goku vuelve a transformarse en Ozaru al contemplar la luna llena y Roshi decide intervenir. Lo lógico habría sido cortar la cola del muchacho, como terminarán haciendo otras veces. Pero no. El maestro ejecuta un Kamehameha tan poderoso que destruye la Luna. Directamente. La Luna entera. Y lo más increíble es que nadie parece demasiado preocupado por las consecuencias ecológicas, gravitatorias o astronómicas que debería provocar la desaparición de un satélite de semejante tamaño. ¿Y qué ocurre con la Banda del Conejo? Porque la última vez que los vimos estaban allí.
El Ejército Red Ribbon y la escalada de locura
La aventura continúa con Goku luchando contra el Ejército Red Ribbon, una organización militar obsesionada con conseguir las Bolas de Dragón. Y aquí empiezan algunas preguntas bastante razonables. ¿Cómo se enteraron de la existencia de las bolas? Apenas un año antes nadie parecía buscarlas activamente y, de repente, una organización militar entera ha convertido su búsqueda en una prioridad absoluta. Más sorprendente aún es que disponen de su propio radar para localizarlas. Bulma decide ayudar a Goku en su búsqueda, y usa una pulsera capaz de encogerla hasta un tamaño diminuto. Se trata de una herramienta absurdamente útil para infiltrarse en bases enemigas, escapar de peligros o resolver media serie sin despeinarse. Precisamente por eso, desaparece para siempre de la historia.
La búsqueda de las bolas lleva a los protagonistas hasta la famosa cueva de los piratas, una gigantesca instalación submarina repleta de trampas, mecanismos secretos y tesoros ocultos. Lo extraño es que nadie parece haberla encontrado antes pese a que en este mundo existen submarinos, radares, y tecnología futurista por todas partes. Tampoco queda muy claro quién construyó semejante complejo, cómo levantaron un puerto entero en una caverna subterránea o por qué alguien decidió instalar trampas mortales poco eficientes cada pocos metros. La lógica vuelve a sufrir bastante cuando un simple robot explota y provoca el derrumbe completo de la instalación.

Entonces hace su aparición uno de los villanos más puto amos de la serie. Ese no es otro que Tao Pai Pai, un asesino profesional tan peligroso que marca uno de los primeros momentos realmente oscuros de Dragon Ball. Y es que hablamos de un hombre capaz de matar utilizando únicamente la lengua. Tao también dispone del medio de transporte más absurdamente espectacular de toda la obra. Para desplazarse largas distancias arranca una columna de piedra gigantesca, la lanza a toda velocidad y después salta sobre ella para utilizarla como tabla de surf. El tipo consigue vencer a Goku, que malherido decide escalar la Torre Karin, donde vive un gato parlante que se dedica a espiar a la humanidad. ¿Quién ha construido semejante fumada de estructura? Ni idea. Allí recibe las habichuelas mágicas, capaces de saciar el hambre durante diez días y recuperar instantáneamente las fuerzas de quien las consume. El caso es que, tras superar el entrenamiento de Karin, Goku regresa mucho más fuerte y derrota finalmente a Tao Pai Pai. O al menos eso parece, porque el asesino termina explotando por culpa de una granada propia y, aun así, conseguirá regresar más adelante convertido en un cyborg. Porque si algo enseña Dragon Ball una y otra vez es que nadie permanece muerto durante demasiado tiempo.
Baba la Adivina y sus chanchullos en el Más Allá
Cuando parece que la búsqueda de las Bolas de Dragón está a punto de terminar, surge un nuevo problema: falta una de ellas. Como no aparece en el radar, los protagonistas recurren a Baba la Adivina, la hermana del Maestro Roshi. Allí deben derrotar a los campeones de esta para poder obtener la información, en una especie de torneo super chungo. Y es que Baba puede comunicarse con los muertos, viajar al Otro Mundo, traer difuntos temporalmente al reino de los vivos y organizar combates entre vivos y fallecidos como si estuviera gestionando un gimnasio de barrio. ¿Por qué Baba tiene acceso al Más Allá? ¿Por qué los luchadores muertos exigen recompensas económicas por combatir? ¿Para qué necesitan dinero exactamente si están muertos? Y la pregunta más importante de todas: si Goku puede reencontrarse con su abuelo Son Gohan gracias a Baba, ¿por qué nadie plantea seriamente traerlo de vuelta a la vida? Las Bolas de Dragón existen, Baba puede contactar con los fallecidos y, aun así, nadie parece muy interesado en el tema.
El reencuentro entre Goku y su abuelo es uno de los momentos más emotivos de toda la serie, aunque tampoco está libre de detalles extraños. Son Gohan permanece oculto bajo una máscara durante gran parte del combate y Goku no parece reconocerlo ni por la voz, ni por la forma de luchar, ni siquiera por el olor. Recordemos que el chaval tiene super olfato. Y también resulta llamativo que después de los múltiples incidentes relacionados con la cola de Goku nadie parezca tomarse demasiado en serio el asunto. Todo el mundo sabe que es su principal punto débil. Todo el mundo sabe que puede transformarse en un mono gigante capaz de destruir ciudades enteras. Y, sin embargo, nadie considera necesario sentarse cinco minutos con él para explicarle todo el percal. Joder que su abuelo murió precisamente por un accidente con el Ozaru.

El caso es que Baba le dice dónde está la última bola, la tiene Pilaf, en una misteriosa caja capaz de bloquear el funcionamiento del radar de las Bolas de Dragón, además de disponer de un sistema de rastreo basado en satélites que le permite seguir localizando las esferas desde cualquier punto del planeta. ¿De dónde ha sacado semejante tecnología? El caso es que Goku consigue la bola que le falta, invoca a Shenron, resucita a su amigo muerto por Tao Pai Pai y se larga a seguir entrenando.
De vuelta al torneo más loco de la historia
Todo culmina tres años después en el 22º Torneo de Artes Marciales, probablemente el momento en el que Dragon Ball empieza a dejar atrás definitivamente las aventuras infantiles para convertirse en una serie de combates cada vez más serios. Antes de que comiencen los combates, Lunch decide abrirse paso como de costumbre, hasta la primera fila a base de disparos. Lo más sorprendente no es que lo haga, sino que nadie parezca especialmente preocupado. Ni la organización del torneo, ni la policía, ni los asistentes. A estas alturas parece que todo el mundo ha aceptado que Lunch funciona con reglas distintas a las del resto de la humanidad. Además, después de años alternando entre su personalidad amable y su personalidad criminal cada vez que estornuda, ahora parece controlar su lado chungo sin ningún problema.
En el torneo aparecen dos nuevos contrincantes, Ten Shin Han y Chaoz, el primero tiene tres ojos, y el segundo posee poderes telequinéticos, puede paralizar rivales e incluso manipular objetos a distancia. Sin embargo, termina perdiendo un combate porque Krilin le plantea unos sencillos problemas matemáticos. Sí, uno de los luchadores más peligrosos del torneo es derrotado porque se distrae haciendo cuentas básicas.
Durante el combate final entre Ten Shin Han y Goku, este destroza buena parte de las instalaciones, provoca daños enormes y pone en peligro a media grada. La reacción general es poco más que un encogimiento de hombros colectivo antes de continuar con el espectáculo. Y es que la final entre Goku y Ten Shin Han sigue siendo una de las mejores peleas de todo el Dragon Ball original. No solo por la calidad del combate, sino porque demuestra cuánto ha evolucionado Goku desde el comienzo. El resultado deja al chaval derrotado por segunda vez en un torneo, algo poco habitual para el protagonista, pero también confirma que se ha convertido en uno de los mayores artistas marciales del planeta.

El torneo termina de forma amarga para Goku, aunque lo verdaderamente importante ocurre justo después. Porque cuando todos creen que la celebración ha terminado, Dragon Ball abandona definitivamente la comedia ligera para adentrarse en una de las etapas más oscuras e importantes de toda la serie; Krilin ha sido asesinado. Pero eso ya lo veremos en el siguiente capítulo.
Una obra llena de errores que funciona como un reloj
Visto con ojos actuales, el Dragon Ball original está lleno de contradicciones, agujeros argumentales y situaciones difíciles de explicar. Hay personajes que olvidan sus propias habilidades, técnicas que desaparecen para siempre, reglas que cambian según conviene a la historia y decisiones que desafían cualquier lógica posible. Muchas veces ni siquiera parece que Akira Toriyama supiera hacia dónde se dirigía la historia la semana siguiente.
Y, sin embargo, funciona. Porque detrás de todas esas incoherencias existe una aventura irrepetible, unos personajes memorables y una sensación constante de descubrimiento. Dragon Ball clásico no fue una obra perfectamente planificada. Fue una explosión de imaginación donde cada nueva saga intentaba ser más divertida, más loca y más emocionante que la anterior. Precisamente por eso sigue siendo, décadas después, el punto de partida de una de las mayores leyendas de la cultura popular. Pero lo mejor, y también lo más absurdo, estaba todavía por llegar. Porque la muerte de Krilin marcaría el final definitivo de la inocencia y el comienzo de una etapa mucho más oscura, épica y desatada que analizaremos en la Parte 2.