Hay especiales de anime que sirven simplemente para estirar el chicle y que productores sin escrúpulos ganen unas perras a costa del fandom. Y luego está Dragon Ball Z: el Último Combate, que narra la historia de Bardock, el padre del legendario Son Goku, y al que no tiene nada que envidiar en cuanto a carisma y estilo. Esta cinta enseñó a toda una generación de chavales que en Dragon Ball también podía existir la tragedia de verdad. Porque aquí no hay torneos de artes marciales, ni luchas eternas que se resuelven con un ataque mágico, ni muertes que no importan porque siempre está el comodín de las bolas de dragón. Aquí todo huele a muerte desde el principio.
Los saiyans: vikingos espaciales con problemas de control de ira
Hasta entonces los saiyans eran poco más que “la raza de Goku y Vegeta”. Guerreros espaciales muy fuertes que gritaban mucho y se transformaban en monos gigantes cuando llegaba la luna llena. Pero esta película les da por fin contexto y personalidad. Descubrimos que en realidad eran una especie de vikingos galácticos salvajes que trabajaban como mercenarios brutales invadiendo planetas, exterminando civilizaciones enteras y luego vendiendo los despojos mientras celebraban la masacre tomándose unas birras en alguna tasca del planeta Vegeta. Y lo mejor es que la cinta no intenta disfrazarlos de héroes. Bardock y su grupo son auténticos animales de guerra. Se ríen mientras arrasan poblaciones y viven solo para la batalla.

Y en medio de toda esa brutalidad aparece Freezer. Madre mía qué bien funciona aquí. Lo curioso es que apenas necesita salir en pantalla para transmitir muchísimo más miedo que durante la saga de Namek. En este especial no parece un villano exagerado de anime, sino un auténtico dictador genocida. Ve que los saiyans podrían convertirse algún día en una amenaza y decide eliminarlos antes de que eso ocurra. Sin discursos interminables ni transformaciones absurdas. Simplemente toma la decisión de borrar una raza entera del mapa y ejecuta su plan sin miramientos.
Bardock: uno de los mejores personajes de Dragon Ball
Pero el verdadero corazón de la historia es Bardock. Y es increíble cómo en apenas cuarenta minutos consiguieron convertirlo en uno de los personajes más carismáticos y humanos de toda la franquicia. Porque empieza siendo exactamente igual que el resto de saiyans: arrogante, violento y convencido de que nada puede tocarle. Pero tras recibir accidentalmente el poder de ver el futuro y descubrir lo que se avecina, empieza a comprender que ha cometido muchos errores. Ve la destrucción de su pueblo, la traición de Freezer y el destino de su hijo Kakarot. Y poco a poco pasa de ser un simple soldado brutal a una figura trágica completamente desesperada capaz de sacrificarse por un bien mayor.
Y lo peor es que nadie le cree. Bardock intenta advertir a los demás saiyans y todos reaccionan como si estuviera loco y se ponen en su contra. Se encuentra solo frente al mayor imperio galáctico que ha conocido el universo. Y eso hace que toda la historia tenga una sensación constante de fatalidad maravillosa. Ya sabes cómo termina todo. Sabes perfectamente que no hay manera de salvar el planeta Vegeta. Todo está condenado desde el principio.
Además, una de las cosas más sorprendentes del especial es lo bien que consigue construir las relaciones entre personajes en tan poco tiempo. Bardock y sus compañeros apenas comparten unas cuantas escenas, pero se siente de verdad esa camaradería de soldados que llevan media vida destruyendo planetas juntos. Se nota simplemente en cómo hablan, bromean o combaten unos junto a otros. Lo mismo ocurre con Goku. Bardock prácticamente no conoce a su hijo y, aun así, la película consigue transmitir perfectamente cómo poco a poco empieza a verlo de otra manera al descubrir el futuro que le espera. Y con Freezer pasa algo parecido: apenas interactúan directamente, pero la sensación de miedo, desprecio y diferencia absoluta de poder entre ambos funciona de maravilla. Todo está apenas esbozado, casi sugerido, pero resulta muy natural y creíble.

Música noventera y el final más épico de Dragon Ball
Y luego llega el final. Ese final. Bardock, completamente destrozado y sabiendo que no tiene ninguna posibilidad real, decide igualmente enfrentarse solo a Freezer y a todo su ejército. Y es una de esas escenas absurdamente épicas que solo Dragon Ball podía hacer sin dar vergüenza ajena. El tipo atraviesa tropas enteras, lanza ataques imposibles y vuela directamente hacia un enemigo infinitamente más poderoso mientras la banda sonora revienta los altavoces. Y por un segundo nos permitimos soñar con un final feliz.
Y es que la música merece una mención especial. Ya estábamos acostumbrados a los temazos de la serie original, pero es que aquí todo suena gigantesco, dramático y exageradamente épico. Hay momentos donde parece que el compositor dijo: “vale, necesito una canción que haga sentir que este señor tan cachas está luchando contra el mismísimo destino”. Y funciona. Funciona muchísimo.
Y lo realmente brillante es que Bardock pierde. No hay giro milagroso. No salva a su raza. No derrota a Freezer. El planeta explota y los saiyans desaparecen. Pero justo antes de morir tiene una visión final de Goku enfrentándose años después al tirano que destruyó su mundo. Él no podrá vencerlo. Pero su hijo sí.
Y sinceramente, pocas veces Dragon Ball ha vuelto a capturar algo tan potente como eso. Porque El Último Combate no era solo acción y explosiones. Era una tragedia espacial disfrazada de anime de lucha. Y quizá por eso sigue siendo, décadas después, una de las mejores cosas que ha salido jamás de toda la franquicia.