Cuando se habla de los grandes cómics de la historia casi siempre aparecen los mismos nombres: Watchmen, Maus, Akira, Sandman o The Dark Knight Returns. Sin embargo, hay una obra publicada muchos años antes que cambió para siempre la forma de entender la ciencia ficción y que, sorprendentemente, todavía sigue siendo una gran desconocida para buena parte del público. Y esa obra no es otra que El Eternauta.
Publicado por primera vez entre 1957 y 1959, este cómic argentino escrito por Héctor Germán Oesterheld y dibujado por Francisco Solano López no solo revolucionó el género, sino que acabó convirtiéndose en un símbolo cultural y político para varias generaciones. Más de sesenta años después continúa siendo considerado una de las mayores obras maestras del cómic en español y, gracias a la reciente adaptación de Netflix, millones de personas han descubierto por fin una historia que llevaba décadas mereciendo mucho más reconocimiento.
La nevada más terrorífica de la historia
Todo comienza de una forma tan cotidiana como inquietante. Juan Salvo se encuentra jugando una partida de cartas con los amigotes cuando, de repente, una extraña nevada empieza a caer sobre Buenos Aires. El problema es que cualquiera que entra en contacto con esos copos muere de forma casi instantánea.
Aislados dentro de la casa, los protagonistas improvisan trajes protectores y salen al exterior para intentar averiguar qué vainas está ocurriendo. Lo que encuentran es mucho peor de lo que podían imaginar. Esa nieve solo representa el comienzo de una invasión cuidadosamente planificada por una inteligencia extraterrestre que utiliza distintas especies como peones para conquistar la Tierra.
Lo brillante de El Eternauta es que nunca se conforma con ser una simple historia de invasiones alienígenas. La ciencia ficción funciona como punto de partida para hablar de supervivencia, miedo, solidaridad y resistencia, construyendo una tensión que apenas da respiro al lector.
Y es que, pese a partir de una premisa tan fantástica, todo resulta sorprendentemente creíble. Quizá porque la verdadera amenaza nunca es únicamente la nieve o los extraterrestres, sino comprobar cómo una sociedad aparentemente normal puede derrumbarse en cuestión de horas cuando desaparecen todas las certezas.

El héroe no es un hombre: es un grupo
Si hay una idea que convirtió a El Eternauta en una obra revolucionaria fue la forma de entender al protagonista. Juan Salvo es importante, por supuesto, pero nunca actúa como el típico héroe capaz de salvar el mundo él solo. Oesterheld rompe completamente con ese modelo tan habitual en la ciencia ficción estadounidense para apostar por algo mucho más humano: el héroe colectivo.
Durante toda la historia queda claro que nadie sobrevive sin la ayuda de los demás. Cada personaje aporta algo diferente al grupo y las decisiones siempre se toman de manera conjunta. La cooperación vale mucho más que la fuerza individual, una idea que puede parecer sencilla hoy, pero que en los años cincuenta resultaba profundamente innovadora.
De hecho, una de las frases más famosas asociadas a la obra resume perfectamente esa filosofía: «Nadie se salva solo.» Más que un lema, es el corazón de toda la historia. Hoy estamos acostumbrados a historias protagonizadas por equipos, pero en los años cincuenta aquella idea era revolucionaria. El Eternauta entendió mucho antes que casi nadie que los grandes héroes no siempre llevan capa ni salvan el mundo solos. A veces simplemente consiguen que quienes tienen al lado no pierdan la esperanza.
Mucho más que una invasión extraterrestre
Aunque pueda disfrutarse simplemente como una magnífica aventura de ciencia ficción, El Eternauta esconde varias capas de lectura. La invasión alienígena sirve para reflexionar sobre el autoritarismo, la manipulación, la pérdida de libertad y la forma en que el miedo puede utilizarse para controlar a toda una sociedad. Oesterheld nunca convierte el cómic en un discurso político explícito, pero resulta imposible no percibir esas preocupaciones mientras la historia avanza.
Con el paso de los años, además, la obra adquirió un significado todavía más profundo debido a la propia vida de su autor. Durante la dictadura militar argentina, Héctor Germán Oesterheld fue secuestrado y desaparecido por el régimen. Poco después también desaparecieron sus cuatro hijas, convirtiendo la historia de El Eternauta en algo todavía más conmovedor. Aquella ficción sobre la resistencia frente a un enemigo implacable terminó mezclándose de forma trágica con la realidad de su creador.
Por eso, para muchos lectores argentinos, El Eternauta no es únicamente un gran cómic. Es también un símbolo de memoria, resistencia y compromiso. Esa doble lectura es precisamente una de las razones por las que El Eternauta ha envejecido tan bien. Y es que puede disfrutarse como una magnífica aventura de ciencia ficción, pero también como una reflexión sobre el poder, el miedo y la resistencia frente a quienes intentan arrebatar la libertad. Las grandes obras suelen esconder mucho más de lo que muestran a simple vista, y esta es un ejemplo perfecto.

El dibujo de Francisco Solano López
Gran parte del éxito de la obra también pertenece a Francisco Solano López. Su estilo, completamente alejado del espectáculo exagerado propio del cómic de superhéroes, apuesta por un realismo que hace todavía más inquietante todo lo que sucede. Buenos Aires aparece retratada con enorme fidelidad, permitiendo que el lector sienta que la invasión podría estar ocurriendo en cualquier barrio de la ciudad.
Las calles vacías cubiertas por la nieve, los edificios abandonados y las expresiones de miedo de los personajes transmiten una sensación constante de angustia. No hacen falta monstruos gigantes en cada página. Basta un silencio, una avenida desierta o un grupo de supervivientes caminando entre la nieve para generar una tensión extraordinaria.
Ese dibujo sobrio sigue funcionando sorprendentemente bien más de sesenta años después. Quizá ese sea el mayor mérito de Solano López. No necesitó llenar cada página de explosiones o criaturas gigantescas para transmitir terror. Le bastó con dibujar una ciudad vacía, unos rostros agotados y un silencio que parece escucharse incluso mientras pasas las páginas.
La difícil adaptación de Netflix
Durante décadas, adaptar El Eternauta parecía casi imposible. Se habló de películas, series e incluso producciones internacionales que nunca llegaron a materializarse. Finalmente, en 2025, Netflix estrenó la esperada adaptación protagonizada por Ricardo Darín.
Lejos de limitarse a copiar el cómic plano por plano, la serie El Eternauta, actualiza buena parte de la historia para acercarla al público contemporáneo. Cambia la época en la que transcurre la acción, introduce nuevos matices en algunos personajes y adapta determinadas situaciones a un contexto actual. Era una decisión arriesgada, pero probablemente también necesaria para que la historia funcionara con una audiencia del siglo XXI.
Como ocurre con cualquier adaptación de una obra tan querida, no todos los cambios convencieron a los aficionados. Sin embargo, la serie acierta en lo más importante: mantiene intacta la sensación de supervivencia, el protagonismo del grupo y ese clima de incertidumbre permanente que convirtió al cómic en una leyenda. No intenta competir con la obra original, sino reinterpretarla desde un lenguaje diferente.
Además, el enorme éxito de la primera temporada ha permitido que Netflix confirme una segunda entrega, algo que demuestra que, más de sesenta años después, la historia de Juan Salvo sigue teniendo una capacidad extraordinaria para conectar con nuevas generaciones.

¿Merece la pena leer El Eternauta?
La respuesta es un rotundo sí. Eso sí, conviene saber qué tipo de obra vas a encontrar. El Eternauta no es un cómic de acción frenética donde cada pocas páginas aparece una nueva explosión o un tiroteo. Su ritmo es pausado, la tensión se construye poco a poco y los personajes importan tanto como la propia invasión.
Y lo más sorprendente de todo es comprobar lo bien que ha envejecido. Muchas historias de ciencia ficción de los años cincuenta hoy resultan ingenuas o anticuadas. El Eternauta, en cambio, sigue pareciendo una obra moderna tanto por los temas que aborda como por la forma de narrarlos.
Su influencia puede rastrearse en infinidad de historias de invasiones, supervivencia y ciencia ficción publicadas durante las últimas décadas. Pero su verdadera fuerza nunca estuvo en los extraterrestres, ni en la nieve mortal, ni siquiera en Juan Salvo. Siempre estuvo en esa idea tan sencilla como poderosa de que las mayores amenazas solo pueden afrontarse cuando las personas dejan de pensar en sí mismas y empiezan a actuar como un colectivo.