Cuando terminan El Retorno del Rey y vemos a Aragorn coronado, a los hobbits regresando a la Comarca y a Frodo embarcando rumbo a las Tierras Imperecederas, da la sensación de que la historia ha llegado a su final. Se baja el telón, suena la música epiquísima de Howard Shore y todos nos vamos a casa con una sonrisa en la cara y la impresión de haber presenciado el desenlace perfecto. Pero Tolkien tenía otros planes.
Porque la destrucción del Anillo Único no puso punto final a la historia de la Tierra Media, sino que marcó el comienzo de una nueva era. ¿Qué fue de Sam, Merry y Pippin? ¿Cuánto tiempo reinó Aragorn? ¿Qué ocurrió con Legolas y Gimli? ¿Desaparecieron los orcos? ¿Por qué los elfos abandonaron la Tierra Media? ¿Y qué pasó con Sauron después de perder el Anillo y que le callera la torre de Barad-dûr encima?
Así que prepárate para despedirte una última vez de la Comunidad del Anillo, porque la aventura no terminó con la caída de Sauron. En realidad, allí fue donde empezó una nueva era que cambiaría para siempre la Tierra Media.
El último viaje de Frodo
La Guerra del Anillo terminó con la destrucción del Anillo Único, pero la vida de sus protagonistas estaba lejos de haber acabado. Algunos alcanzaron la paz que tanto habían buscado, otros gobernaron durante décadas y unos pocos emprendieron un último viaje del que ya no regresarían jamás. El destino de la Comunidad del Anillo es, en muchos sentidos, una historia tan emocionante como la propia aventura para destruir el Anillo.
Después de la victoria, Frodo intentó recuperar una vida normal en la Comarca, pero las heridas físicas y emocionales que le había dejado el Anillo nunca terminaron de sanar. Comprendió que ya no podía encontrar la paz en la Tierra Media y, dos años después de la derrota de Sauron, embarcó desde los Puertos Grises rumbo a las Tierras Imperecederas.
Junto a él viajaban Gandalf, Bilbo, Elrond, Galadriel y otros altos elfos que abandonaban para siempre la Tierra Media. Con aquel barco no solo partían algunos de sus mayores héroes, sino que comenzaba el lento final de la era de los elfos y de la magia.
Aragorn y Arwen: el gran rey que devolvió la paz
Convertido en el rey Elessar, Aragorn gobernó durante 122 años y reunió bajo una misma corona los antiguos reinos de Arnor y Gondor. Su largo reinado estuvo marcado por la paz, la reconstrucción y la prosperidad, consolidando una nueva era para los hombres.
Junto a Arwen tuvo un hijo, Eldarion, heredero del Reino Reunificado, además de varias hijas de las que Tolkien apenas dejó información. También mantuvo a raya a los pueblos que habían servido a Sauron y fortaleció la alianza con Rohan.
Cuando sintió que había llegado su hora, Aragorn aceptó voluntariamente el Don de los Hombres y murió a los 210 años. Arwen, incapaz de soportar la pérdida, se retiró a una Lothlórien ya vacía, donde falleció poco después. Su despedida es, probablemente, uno de los finales más bellos y melancólicos que escribió Tolkien.

Sam Gamyi: el auténtico ganador de la historia
Mientras Frodo partía hacia el oeste, Sam encontró aquello por lo que siempre había luchado: una vida sencilla y feliz. Se casó con Rosie Cotton, tuvo trece hijos y heredó Bolsón Cerrado, convirtiéndose en uno de los hobbits más respetados de toda la Comarca.
Y es que, a diferencia de lo que ocurre en las películas de Peter Jackson, en los libros los hobbits no regresan a un hogar tranquilo. Saruman consigue escapar de Isengard y acaba refugiándose en la Comarca, donde, bajo el nombre de Zarquino, instaura una pequeña dictadura y lía un pifostio del copón: tala árboles, llena el lugar de matones y convierte el rincón más pacífico de la Tierra Media en un erial. Son precisamente Frodo, Sam, Merry y Pippin quienes organizan la resistencia, liberan la Comarca y ponen fin al último plan del viejo mago. Después, gracias a la tierra mágica que Galadriel había regalado a Sam, el lugar recupera su antiguo esplendor e incluso florece con más fuerza que nunca. Fue elegido alcalde durante siete mandatos consecutivos y continuó escribiendo el Libro Rojo, donde quedó inmortalizada la historia de la Guerra del Anillo.
Muchos años después, tras la muerte de Rosie, Sam también emprendió el viaje hacia las Tierras Imperecederas. Como último portador vivo del Anillo Único, recibió el privilegio de reunirse una última vez con Frodo.
Merry y Pippin: los hobbits que acabaron siendo leyendas
Los dos hobbits más gamberros de la Comunidad terminaron ocupando algunos de los cargos más importantes de la Comarca. Merry fue nombrado Señor de Los Gamos y escribió varias obras históricas, mientras que Pippin heredó el cargo de Thain, la máxima autoridad entre los hobbits.
Ambos mantuvieron una estrecha amistad con Aragorn durante toda su vida y viajaban con frecuencia entre la Comarca, Gondor y Rohan. Ya ancianos abandonaron definitivamente su hogar para despedirse del rey Éomer y pasar sus últimos años junto al rey Elessar en Minas Tirith.
Tras su muerte fueron enterrados junto a Aragorn en Rath Dínen, el panteón reservado para los reyes de Gondor. No está nada mal para dos hobbits que comenzaron la historia robándole zanahorias a los granjeros de la zona.
Legolas y Gimli: una amistad que hizo historia
Tras la guerra, Legolas llevó a varios elfos a poblar Ithilien, la hermosa región donde Frodo y Sam fueron capturados por los montaraces de Faramir antes de llegar a Mordor. Allí gobernaban precisamente Faramir y Éowyn, convertidos en príncipe y princesa de Ithilien por orden de Aragorn, quienes dedicaron su vida a devolver la fertilidad a unas tierras devastadas durante siglos por la cercanía de Mordor. Mientras tanto, Gimli fundó un nuevo reino en las Cavernas Centelleantes del Abismo de Helm. Ambos participaron en la reconstrucción de Minas Tirith y ayudaron a devolver parte del antiguo esplendor a Gondor.
Décadas más tarde, cuando Aragorn murió y la era de los hombres estaba plenamente consolidada, Legolas zarpó en barco hacia las Tierras Imperecederas. Lo más sorprendente es que no viajó solo: Gimli lo acompañó, convirtiéndose en el único enano que, según la tradición de Tolkien, recibió el privilegio de llegar a Valinor.
No deja de ser precioso que la historia de una amistad nacida entre dos pueblos enfrentados terminara cruzando el mar hacia el lugar más sagrado del mundo. Es uno de esos pequeños detalles que convierten El Señor de los Anillos en algo mucho más grande que una simple historia de fantasía.

La Cuarta Edad: el reino de Aragorn y el comienzo de la Era de los Hombres
Durante sus 122 años de reinado, Aragorn reconstruyó Minas Tirith, devolvió la vida a Ithilien, perdonó a muchos de los pueblos que habían luchado junto a Sauron y firmó una paz duradera con Harad y Rohan. Incluso liberó a los esclavos de Mordor y les entregó las fértiles tierras del lago Núrnen para que pudieran empezar una nueva vida.
Aragorn tampoco olvidó a los pequeños héroes que habían salvado el mundo. Declaró la Comarca un territorio protegido, amplió sus límites y prohibió que ningún hombre pudiera entrar en ella sin permiso de los hobbits, garantizando que pudieran vivir en paz lejos de las guerras y de la política del Reino Reunificado.
Su reinado fue recordado como una auténtica edad dorada. Sin embargo, mientras los hombres alcanzaban su máximo esplendor, las demás razas comenzaban poco a poco a desaparecer de la Tierra Media.
El lento adiós de los elfos: el final de la magia en la Tierra Media
Aunque la derrota de Sauron fue una victoria para los pueblos libres, para los elfos también supuso el comienzo de su despedida. Al destruirse el Anillo Único, los Tres Anillos Élficos perdieron su poder y lugares como Rivendel o Lothlórien dejaron de conservar la belleza casi sobrenatural que habían mantenido durante miles de años.
Galadriel, Elrond y la mayoría de los grandes señores élficos abandonaron la Tierra Media rumbo a las Tierras Imperecederas. Poco después lo hicieron también Celeborn y muchos otros elfos, mientras que Legolas sería uno de los últimos en partir décadas más tarde. Con el paso de los años, los bosques élficos fueron quedando vacíos y el protagonismo del mundo pasó definitivamente a los hombres.
El último gran símbolo de este cambio fue Círdan, el señor de los Puertos Grises. La tradición cuenta que permaneció en la Tierra Media hasta que zarpó el último barco élfico. Con aquella travesía terminó oficialmente la Era de los Elfos y desapareció para siempre la magia que había definido las edades anteriores.
¿Qué pasó con los enanos, los hobbits y los orcos?
Aunque los hombres fueron los grandes protagonistas de la Cuarta Edad, las demás razas siguieron dejando su huella durante algún tiempo. Los enanos de Erebor, liderados por Gimli, participaron en la reconstrucción de Minas Tirith y del Abismo de Helm, aunque las minas de Khazad-dûm permanecieron vacías.
Los hobbits, por su parte, continuaron viviendo tranquilamente en la Comarca. Aragorn respetó su deseo de mantenerse al margen de los asuntos del mundo y prohibió la entrada a cualquier hombre sin su permiso. Con el paso de los siglos fueron aislándose cada vez más, hasta desaparecer de la historia y convertirse poco a poco en una simple leyenda.
¿Y los orcos? Tolkien nunca ofrece una respuesta definitiva. La mayoría murieron durante la Guerra del Anillo o quedaron dispersos tras la caída de Sauron y Saruman. Los pocos supervivientes probablemente se refugiaron en cuevas y montañas remotas, pero jamás volvieron a representar una amenaza para la Tierra Media. Su época había terminado para siempre.
¿Murió realmente Sauron? El incierto destino del Señor Oscuro
Aunque solemos decir que Sauron murió al destruirse el Anillo Único, la realidad es un poco más compleja. Como Maia, un espíritu inmortal al servicio de los Valar, no podía desaparecer por completo. Lo que perdió fue el poder que había concentrado en el Anillo, quedando reducido a una sombra incapaz de volver a tomar forma física o de dominar a otros pueblos. Desde ese momento dejó de ser una amenaza para la Tierra Media.
Sin embargo, Tolkien dejó caer que la historia del mundo todavía no había terminado. En algunos de sus escritos habló de la Dagor Dagorath, la Batalla de las Batallas, un enfrentamiento que tendría lugar al final de los tiempos. En ese día, Morgoth —el primer Señor Oscuro y antiguo amo de Sauron— escaparía del Vacío para librar una última guerra contra los Valar y los héroes de las edades pasadas. Tras aquella batalla el mundo sería destruido y los Ainur interpretarían una nueva Música que daría origen a una creación renovada.
Puede que Tolkien nunca llegara a desarrollar por completo este episodio y que incluso dudara de su carácter definitivo, pero la idea resulta fascinante: la Guerra del Anillo no era el final absoluto de la historia, sino solo el último gran capítulo antes del lento ocaso de la magia y del comienzo del mundo tal y como lo conocemos hoy.

El final es solo el principio
Y quizá ahí resida la mayor genialidad de su obra. Mientras la mayoría de historias de fantasía terminan con un «vivieron felices para siempre», Tolkien prefirió contar algo mucho más humano: que incluso las mayores victorias tienen un coste, que toda época dorada acaba llegando a su fin y que el paso del tiempo es una fuerza contra la que ni siquiera los héroes pueden luchar.
Así que, la próxima vez que termines El Retorno del Rey y veas a Frodo alejarse en el barco blanco, recuerda que no estás asistiendo solo al final de una aventura. Estás presenciando la despedida definitiva de la magia, el último adiós de los elfos y el nacimiento del mundo de los hombres… el mundo que, según Tolkien, acabaría convirtiéndose en el nuestro.