En el primer artículo analizábamos La sombra del torturador, el libro que servía para presentarnos a Severian y sembrar decenas de preguntas, La garra del conciliador es el momento en que Gene Wolfe empieza, muy poco a poco, a levantar el velo. No demasiado, claro. Sigue empeñado en que el lector trabaje más que él, pero al menos empieza a dejarnos algunas pistas sobre el verdadero estado de Urth y el alcance de la historia que tiene entre manos.
Hasta ahora todo parecía una extraña mezcla de fantasía medieval, ciencia ficción y simbolismo religioso. Sin embargo, conforme Severian abandona Nessus y continúa su viaje hacia Thrax, comprendemos que el mundo se encuentra en una lenta agonía. El Sol que ilumina Urth lleva milenios debilitándose, el planeta se enfría poco a poco y las inmensas ruinas repartidas por el continente pertenecen a una civilización tan avanzada que sus logros han acabado convertidos en mitos. Lo que parecía magia empieza a revelar su auténtica naturaleza, y muchos de los monstruos, reliquias y prodigios esconden explicaciones mucho más complejas de lo que imaginábamos.
En Frikarium ya analizamos en profundidad el universo creado por Gene Wolfe y las claves de La sombra del torturador, así que en esta ocasión volveremos a centrarnos únicamente en la historia. Acompaña a Severian en la segunda etapa de su viaje, donde conocerá aliados inesperados, descubrirá algunos de los mayores misterios de Urth y empezará a comprender que su destino está ligado a algo mucho más grande que el simple exilio de un torturador.

La garra del conciliador
Después de separarse de Dorcas y del resto de sus compañeros entre el caos de la Puerta de la Piedad, Severian se encuentra en Saltus, una pequeña villa situada al otro lado de la inmensa muralla de Nessus, junto con Jonas, un misterioso viajero que conoció durante el tumulto. Mientras el pueblo entero se prepara para una jornada de ejecuciones públicas convertidas en espectáculo. El alcalde ha organizado una gran feria para atraer visitantes aprovechando que un espía de Vodalus, una mujer acusada de asesinar a su familia y un ladrón de ganado van a ser ajusticiados por el nuevo lictor. Severian comprende que ha abandonado la Ciudadela, pero no el oficio que ha marcado toda su vida.
Mientras recorre la feria vuelve a cruzarse con Agia, cuya presencia demuestra que la mujer sigue obsesionada con vengar la muerte de su hermano. Sin embargo, el encuentro más importante tiene lugar en una humilde tienda donde conoce al misterioso Hombre Verde, una criatura llegada del futuro y que parece una mezcla entre humano y planta. El extraño viajero le explica que procede de una época en la que existe mucha más luz porque el Sol vuelve a brillar con fuerza. Es una de las primeras veces que Gene Wolfe deja caer de forma casi explícita una idea fundamental para comprender toda la saga: Urth se está muriendo porque su estrella agoniza desde hace milenios, y la llegada del Sol Nuevo podría cambiar el destino del mundo.
Las ejecuciones terminan convirtiéndose en otra demostración de que, en este universo, nada es tan sencillo como parece. Severian cumple con su deber ajusticiando a Morwenna, pero apenas unos segundos después su acusadora cae muerta al haber inhalado el perfume de un ramo de flores envenenado por la propia condenada justo antes de ser decapitada. Incluso cuando actúa como verdugo, Severian comprende que la justicia rara vez coincide con la verdad.
Poco después recibe una carta imposible. Thecla, supuestamente salvada gracias al padre Inire, un alto cargo del Autarca, le pide que acuda a unas antiguas minas donde piensa revelarle un gran secreto. Incapaz de ignorar aquella esperanza, Severian cabalga hasta el lugar sin sospechar que todo forma parte de otra trampa de Agia. En las galerías subterráneas descubre una inmensa ciudad enterrada habitada por unos extraños seres descendientes de antiguos humanos que han evolucionado durante generaciones en la oscuridad. Rodeado por centenares de aquellas criaturas, solo consigue salvar la vida cuando la Garra del Conciliador emite un intenso resplandor azul que obliga a todos a arrodillarse ante ella y, además, cura las heridas que el propio Severian había sufrido durante la lucha.
Al salir de la mina descubre la emboscada preparada por Agia y varios asesinos. Tras sobrevivir al ataque con ayuda de Jonas, ambos empiezan a comprender que la Garra posee un poder muy superior al que imaginaban y que cada vez atrae a enemigos más peligrosos. Poco después son capturados por un grupo de seguidores de Vodalus y conducidos hasta el campamento secreto del legendario rebelde.

El reencuentro con Vodalus marca uno de los momentos más importantes de la novela. El rebelde habla con Severian sobre la decadencia de Urth, sobre la antigua humanidad que viajaba entre las estrellas y sobre su intención de devolver al mundo el esplendor perdido. Allí también se encontrarse con Thea, la hermana de Thecla, quien amplía todavía más la visión del lector hablando de otros planetas, de civilizaciones olvidadas y de una guerra cuyos verdaderos protagonistas permanecen ocultos.
La reunión concluye con uno de los pasajes más inolvidables de toda la saga. Durante un antiguo ritual aprendido de los hieródulos, los visitantes de otros mundos, los seguidores de Vodalus consumen la carne de un difunto para absorber sus recuerdos y su conocimiento. El cuerpo elegido resulta ser el de Thecla. Al participar en la ceremonia, Severian revive toda la vida de la mujer a la que amó y ambas conciencias quedan unidas para siempre. Desde ese instante ya no viajará solo: los recuerdos, la voz y parte de la personalidad de Thecla lo acompañarán en adelante, convirtiéndose en una presencia constante dentro de su propia mente.
Al despertar, Severian y Jonas reanudan el camino hacia la Casa Absoluta, sede de la Autarquía y durante el viaje ambos son atacados por unas extrañas criaturas voladoras conocidas como nótulas, capaces de multiplicarse cada vez que son heridas. Poco después Severian utiliza por primera vez la Garra para devolver la vida a un soldado que todos daban por muerto, confirmando que la misteriosa joya posee un poder capaz de desafiar incluso a la muerte.
Al llegar al inmenso recinto de la Casa Absoluta, ambos son capturados por los guardianes y encerrados en una misteriosa prisión conocida como la Antecámara. Allí Severian convive con prisioneros que llevan décadas, e incluso generaciones enteras, sin saber exactamente cuál fue su delito.
El lugar parece suspendido fuera del tiempo, como si la burocracia del Imperio hubiera olvidado que aquellas personas siguen existiendo. Mientras busca una forma de escapar, descubre que Jonas no es un hombre corriente. Bajo su piel se esconden prótesis mecánicas, restos de una antigua tecnología espacial que existió en Urth hace muchísimo tiempo, revelando que el extraño marinero es, en realidad, uno de los últimos supervivientes de una civilización tecnológica casi olvidada.
Tras encontrar un pasadizo secreto, ambos consiguen escapar de la prisión, pero el camino termina separándolos. Jonas utiliza un antiguo portal formado por espejos para abandonar Urth en busca de los hieródulos, mientras Severian continúa solo por los interminables corredores de la Casa Absoluta. En su búsqueda de Terminus Est, su espada, acaba penetrando en la enigmática Segunda Casa, un palacio oculto construido por el padre Inire donde la arquitectura desafía toda lógica.
Allí conoce a un misterioso hombre vestido de amarillo que resulta ser el propio Autarca, aunque Severian todavía no llega a comprenderlo del todo. Tras intercambiar los mensajes secretos de Vodalus, el gobernante le muestra un gigantesco libro de hojas de plata donde el muchacho contempla una extraña visión que lo deja profundamente marcado. Antes de despedirse, el Autarca le aconseja devolver la Garra del Conciliador a las Peregrinas y deja entrever que el destino de Severian está mucho más ligado a la supervivencia de Urth de lo que él mismo imagina. Cuando por fin abandona la Segunda Casa, el antiguo torturador comprende que las intrigas del Imperio son infinitamente más complejas de lo que jamás sospechó y que, sin quererlo, acaba de convertirse en una pieza dentro de una partida que decidirá el futuro del mundo.

Tras escapar de la Casa Absoluta, Severian consigue reunirse por fin con el doctor Talos, Calveros, Dorcas y Jolenta, la nueva integrante del grupo. Mientras esperan la representación teatral para la que han sido convocados, pasa un tiempo a solas con Dorcas, quien le confiesa los inquietantes sueños que la atormentan y el miedo irracional que siente hacia el agua. También le advierte de que no se deje manipular por Talos, cuya amabilidad oculta siempre algún interés. Sin embargo, la tranquilidad dura poco. Jolenta busca la compañía de Severian y entre ambos nace una relación marcada más por el deseo que por el afecto, provocando los celos y el dolor de Dorcas.
Esa misma noche la compañía representa una extraña obra escrita por el doctor Talos que, bajo la apariencia de una función teatral, esconde una compleja alegoría sobre el pasado y el futuro de Urth. Entre personajes bíblicos, gigantes, demonios y autarcas, la representación habla del Sol Viejo, del nacimiento del Sol Nuevo y del destino de la humanidad, mezclando religión, filosofía y ciencia ficción de una forma tan desconcertante como fascinante. La función termina convirtiéndose en un auténtico desastre cuando Calveros pierde el control y se lanza contra el público, desencadenando un enfrentamiento con los hieródulos que se encontraban allí y sembrando el caos en la Casa Absoluta. Durante la confusión, Severian comprende por fin que el misterioso hombre vestido de amarillo al que conoció en la Segunda Casa era el propio Autarca.
Cuando todo termina, los caminos de la compañía se separan. Talos y Calveros emprenden el regreso a su hogar, mientras Severian decide continuar hacia el norte para devolver la Garra del Conciliador a las Peregrinas antes de dirigirse definitivamente a Thrax. Dorcas elige acompañarlo, y Jolenta, abandonada por Talos y consumida por los extraños tratamientos que este había usado en ella para convertirla en una belleza casi sobrenatural, termina siguiéndolos en un lento y doloroso deterioro físico.
El viaje se vuelve cada vez más inquietante. Durante una acampada junto a un río, Severian recibe la visita de una gigantesca criatura acuática enviada por Abaia, uno de los antiguos poderes que gobiernan desde las profundidades del océano. La misteriosa mujer intenta convencerlo para que abandone la superficie y se una a ellos bajo el mar, asegurándole que su destino está ligado a fuerzas mucho más antiguas que la propia Autarquía. Aunque logra resistirse, el encuentro confirma que hay grandes poderes ocultos que mueven los hilos de Urth y que conocen perfectamente quién es Severian y qué papel puede desempeñar en el futuro del mundo.

Los tres continúan atravesando las inmensas llanuras del norte hasta llegar a una ciudad en ruinas donde encuentran refugio junto a la Cumana, la anciana bruja que Severian conoció años atrás en la Ciudadela, su discípula Merryn y el contrabandista Hildegrin. Allí participan en un extraño ritual destinado a traer al presente a Apu-Punchau, un hombre del remoto pasado cuyo regreso podría alterar el destino de Urth. Durante la ceremonia, Severian contempla la reconstrucción de una ciudad desaparecida hace siglos y presencia cómo el pasado y el presente llegan a confundirse por completo. Sin embargo, cuando despierta, descubre que todo ha terminado.
Jolenta ha muerto, los demás apenas comprenden lo sucedido y Severian reconoce finalmente el verdadero rostro de la joven: bajo la belleza artificial creada por Talos solo quedaba la humilde camarera que conoció tiempo atrás en una posada de Nessus. Es el amargo final de uno de los personajes más trágicos de toda la saga y el cierre de una novela que amplía enormemente el universo de Gene Wolfe mientras deja abiertas todavía más preguntas de las que resuelve.
El destino de Urth ya está en marcha
Si La sombra del torturador planteaba los grandes interrogantes de la saga, La garra del conciliador empieza a mostrar la inmensidad del tablero sobre el que se mueve Severian. El viaje deja de ser el simple exilio de un torturador para convertirse en una historia donde el destino de Urth, la llegada del Sol Nuevo y la lucha entre fuerzas ancestrales empiezan a ocupar el verdadero centro de la narración. Gene Wolfe amplía el mundo en todas las direcciones posibles: descubrimos que la humanidad tuvo un pasado estelar, conocemos a personajes procedentes del futuro, asistimos a rituales capaces de mezclar recuerdos de distintas personas y comprendemos que existen poderes tan antiguos que contemplan el destino del planeta como si fuera una simple partida de ajedrez.
Al mismo tiempo, Severian también cambia. Ya no es únicamente el joven orgulloso que abandonó la Ciudadela con Terminus Est al hombro. Ahora carga con los recuerdos de Thecla, ha descubierto que la Garra del Conciliador posee un poder extraordinario y ha llamado la atención del Autarca, de Vodalus, de Abaia y de otras fuerzas cuyos auténticos planes siguen siendo un misterio. Sin apenas darse cuenta, ha dejado de ser un espectador para convertirse en una pieza imprescindible del futuro de Urth.
Y, por si todo esto fuera poco, la novela concluye dejando abiertas todavía más preguntas que respuestas. ¿Quiénes son realmente los hieródulos? ¿Qué pretende el Autarca? ¿Cuál es el verdadero poder de la Garra? ¿Quién es Abaia y qué pretende hacer con Severian? ¿Y por qué tantos personajes parecen convencidos de que el muchacho desempeñará un papel decisivo en la llegada del Sol Nuevo? En el próximo artículo seguiremos su viaje en La espada del lictor, una entrega mucho más oscura e introspectiva en la que Severian se enfrentará a algunos de los episodios más memorables de toda la saga y empezará a comprender quién está destinado a convertirse.
