El Libro del Sol Nuevo: resumen completo de la saga de Gene Wolfe (Parte 3: La espada del lictor)

Después de recorrer Nessus, sobrevivir a conspiraciones, conocer al Autarca y descubrir que el destino de Urth está ligado al nacimiento de un Sol Nuevo, cualquiera pensaría que Severian por fin merece un poco de tranquilidad. Y eso es precisamente lo que parece ofrecerle La espada del lictor. Al comienzo de la novela, el antiguo torturador ha alcanzado su destino y ejerce como lictor en Thrax, una pequeña ciudad excavada en la roca donde, por primera vez desde que abandonó la Ciudadela, disfruta de una vida relativamente estable.

Pero Gene Wolfe nunca escribe historias sencillas. Lo que comienza como el relato de un hombre intentando encontrar su sitio pronto se convierte en un viaje mucho más íntimo y melancólico. La tercera entrega de El Libro del Sol Nuevo deja a un lado buena parte de las intrigas políticas para centrarse en la evolución de Severian, en su relación con Dorcas y en las dudas que empiezan a surgir sobre el oficio al que ha dedicado toda su vida. Mientras tanto, Urth sigue revelando poco a poco sus secretos mediante ruinas imposibles, criaturas ancestrales y civilizaciones perdidas que parecen pertenecer tanto al pasado como al futuro. En Frikarium ya repasamos La sombra del torturador, donde conocimos a Severian y el universo creado por Gene Wolfe, y La garra del conciliador, donde comenzaron a desvelarse los grandes misterios de Urth. En esta ocasión seguiremos el camino del joven lictor a través de una novela mucho más personal, repleta de algunos de los episodios más memorables de toda la saga y decisiva para comprender la transformación del protagonista.

La espada del lictor

Tras abandonar la Casa Absoluta, Severian llega por fin a Thrax para ocupar el cargo de lictor de la ciudad. Allí se instala junto a Dorcas y pasa varios meses supervisando la Víncula, la inmensa prisión donde permanecen encerrados cientos de condenados. Aunque al principio parece haber encontrado el lugar donde empezar una nueva vida, la rutina y el peso de su oficio terminan alejándolo de Dorcas. Mientras Severian dedica los días a juicios, ejecuciones e inspecciones de los calabozos, ella pasa cada vez más tiempo sola hasta que un día abandona la casa que compartían.

Severian sale a buscarla por las calles de Thrax y finalmente la encuentra junto al río. La lleva a una posada con la esperanza de reconciliarse, pero la conversación deja claro que la distancia entre ambos ya es demasiado grande. Dorcas no puede aceptar que el hombre al que ama siga siendo un torturador, mientras Severian intenta justificar un oficio al que ha dedicado toda su vida. Sin encontrar una solución, la deja descansando y regresa a la Víncula.

Poco después recibe una invitación del arconte Abdiesus para asistir a una gran mascarada celebrada en el palacio. Allí conoce a Cyriaca, una antigua novicia de las Peregrinas, con quien mantiene una larga conversación sobre los libros antiguos, la historia de Urth y las civilizaciones desaparecidas. Aunque la mujer no sabe dónde se encuentra la orden de las Peregrinas, sus recuerdos ofrecen nuevas pistas sobre el pasado del mundo y sobre el origen de muchos de los conocimientos que aún sobreviven.

Al abandonar el palacio, Severian recuerda a dos niños enfermos que había visto aquel mismo día en una humilde choza. Incapaz de ignorar su sufrimiento, regresa hasta allí y utiliza la Garra del Conciliador para curar a la pequeña y aliviar también la enfermedad de su hermano. Sin embargo, cuando vuelve hacia la posada presencia el ataque de una aterradora criatura de fuego que recorre las calles de Thrax reduciendo a cenizas todo cuanto encuentra a su paso. Ni Terminus Est ni la Garra parecen capaces de detenerla, y Severian solo consigue escapar aprovechando el caos provocado por la llegada de los soldados.

Cuando finalmente se reúne con Dorcas, ambos comprenden que su relación ha llegado a un punto sin retorno. La joven le confiesa que ha estado enferma y que ha vomitado varios proyectiles de plomo. En ese instante ambos comprenden la verdad que había permanecido oculta desde La sombra del torturador: Dorcas había muerto mucho tiempo atrás y fue la Garra del Conciliador la que la devolvió a la vida cuando emergió del lago en el Jardín Botánico. Aquellos proyectiles eran el lastre que ponían a los cadáveres para que se hundieran en el lago funerario y que su cuerpo había conservado desde entonces. La revelación explica sus recuerdos fragmentados, su extraño miedo al agua y el misterio que siempre la había rodeado. Convencido de que ya no pertenece ni a Thrax ni al oficio de lictor, Severian decide abandonar solo la ciudad y reemprender su viaje hacia el norte, iniciando una nueva etapa de su largo camino por Urth.

Tras despedirse de Dorcas, Severian consigue escapar de Thrax utilizando los antiguos conductos que recorren la Víncula. Durante la huida atraviesa las galerías subterráneas con la Garra iluminando la oscuridad y abandona definitivamente la ciudad para dirigirse hacia el norte, donde espera encontrar a las Peregrinas junto al campamento del Autarca para devolverles la joya. El camino lo conduce a través de las montañas, donde atraviesa bosques, desfiladeros y antiguos asentamientos abandonados hasta llegar a la aislada casa de una viuda llamada Casdoe. Allí conoce a su hijo, que curiosamente también se llama Severian, y a un anciano que parece confundir constantemente el pasado con el presente. Poco después descubre que Agia también se encuentra escondida en la casa y ambos vuelven a enfrentarse. La mujer le revela que las criaturas procedentes de otros mundos que han estado atacándole, en Thrax y en su camino a la Casa Absoluta eran enviados por su amante Hethor.

La conversación se ve interrumpida por la llegada de un alzabo, una de las bestias más temidas de Urth. El monstruo, capaz de imitar las voces de las personas que ha devorado, utiliza la voz del marido y de la hija desaparecida de Casdoe para intentar que la familia abra la puerta. Mientras la mujer protege a los suyos, Severian se enfrenta a la criatura con Terminus Est y consigue herirla, aunque finalmente el alzabo huye aprovechando la oscuridad.

A la mañana siguiente la familia abandona la casa creyendo que el peligro ha pasado, pero el alzabo vuelve a aparecer, y aunque Severian acude en su ayuda y logra acabar tanto con la bestia con consigue salvar a Casdoe. Solo sobrevive el pequeño Severian, que queda bajo la protección del antiguo lictor y continúa el viaje junto a él.

Ambos atraviesan la selva hasta que llegan a una extraña comunidad de hechiceros que captura al torturador y le arrebata a Terminus Est. Tras escapar de su prisión subterránea, Severian recupera al niño y desafía a los supuestos magos, descubriendo que buena parte de sus prodigios esconden trucos y mecanismos ingeniosos más que auténticos poderes sobrenaturales. Cuando ambos abandonan el poblado, el camino continúa conduciéndolos hacia las montañas, donde les espera uno de los encuentros más sorprendentes de toda la saga.

Tras abandonar la aldea de los hechiceros, Severian y el pequeño Severian reanudan el viaje atravesando las montañas hasta llegar a una inmensa ciudad abandonada dominada por colosales estatuas de piedra que parecen vigilar el horizonte desde tiempos inmemoriales. Mientras exploran los edificios descubren el cadáver momificado de un hombre con dos cabezas sentado en un extraño trono lleno de mecanismos cuya función resulta incomprensible. Convencidos de que se trata de las ruinas de una civilización mucho más antigua y avanzada que la suya, deciden continuar la exploración. El niño asciende hasta el enorme anillo de oro que lleva una de las estatuas en la mano, pero al tocarlo recibe una descarga fulminante que acaba con su vida. Desesperado, Severian intenta utilizar la Garra del Conciliador para devolverlo a la vida, pero por primera vez la reliquia resulta incapaz de obrar el milagro. Con el corazón roto, continúa el camino completamente solo.

Durante la noche aparece ante él un hombre con dos cabezas que se presenta como Tifón, el legendario gobernante que siglos atrás dominó Urth y numerosos mundos. El tirano le explica que logró prolongar su existencia injertando su cabeza sobre el cuerpo de su esclavo Piatón y le habla del antiguo imperio humano, de los viajes entre las estrellas y del comienzo de la decadencia del mundo cuando el Sol empezó a morir. Convencido de que Severian puede ayudarle a reconstruir su imperio, intenta someterlo mediante promesas de poder y riquezas, exigiéndole además la Garra del Conciliador. Cuando comprende que el antiguo torturador jamás aceptará servirle, trata de obligarlo por la fuerza. Aprovechando que el control del cuerpo depende de Piatón, Severian logra matarlo, poniendo fin para siempre al reinado del que un día fue el hombre más poderoso de Urth.

El viaje continúa hasta el inmenso lago Diuturna, donde Severian encuentra refugio en un pequeño pueblo costero gobernado por un atamán. Allí conoce a Pía, una joven esclavizada por los habitantes del lugar, y poco después es drogado y hecho prisionero para ser entregado al señor del castillo que domina la región. Sin embargo, durante el traslado consigue escapar gracias a la intervención de los habitantes de las islas flotantes del lago, un pueblo que mantiene desde hace años una amarga guerra contra los aldeanos de la orilla. Tras conocer su historia y descubrir que el castillo ha sido ocupado por un misterioso gigante llegado del sur junto a extraños visitantes del cielo, Severian acepta ponerse al frente del ataque contra la fortaleza.

Al infiltrarse en el castillo descubre con sorpresa que sus ocupantes son el doctor Talos y Calveros. Allí también conoce a los hieródulos Ossipago, Barbatus y Famulimus, unos enigmáticos viajeros que afirman guiar discretamente la evolución de la humanidad sin intervenir directamente en su desarrollo. Los tres muestran un interés especial por Severian y por la Garra del Conciliador antes de abandonar el castillo a bordo de una extraña nave. Tras su marcha, la tensión acumulada durante toda la novela desemboca en el esperado enfrentamiento entre Severian y Calveros.

La batalla final se desarrolla entre las murallas y las torres del castillo. Calveros utiliza armas y tecnologías muy superiores a todo cuanto Severian ha visto hasta entonces, mientras el antiguo torturador combate únicamente con Terminus Est y la ayuda de los isleños. Durante el duelo la legendaria espada acaba destrozada al chocar contra la poderosa maza del gigante, derramando el mercurio que ocultaba en su interior. Aunque gravemente herido, Calveros consigue lanzarse al lago y desaparece bajo las aguas sin que nadie llegue a encontrar su cuerpo, dejando en el aire la duda de si realmente ha muerto.

Cuando todo parece haber terminado, Severian busca desesperadamente la Garra del Conciliador entre los restos del combate. La gema aparece completamente destrozada, pero al recoger sus fragmentos descubre que en su interior se ocultaba una pequeña garra negra capaz de irradiar una luz blanca de una intensidad imposible. Comprende entonces que aquella era la auténtica reliquia y que la piedra preciosa no había sido más que un receptáculo destinado a protegerla. Con Terminus Est reducida a una simple empuñadura y la verdadera Garra del Conciliador finalmente en sus manos, Severian abandona el castillo para continuar el viaje que lo acerca, paso a paso, al destino que parece aguardarlo desde el comienzo de la saga.

Más cerca del Sol Nuevo

La espada del lictor es, probablemente, la novela en la que Gene Wolfe consigue ampliar más el universo de El libro del Sol Nuevo. Si en las entregas anteriores la historia giraba principalmente en torno al viaje de Severian, aquí el lector descubre que Urth es mucho más antigua, extraña y grandiosa de lo que parecía. Las ruinas imposibles, el antiguo imperio de Tifón, los hieródulos y el misterioso origen de la Garra del Conciliador revelan que detrás de cada paso del protagonista existe una historia que se remonta miles de años y que apenas empezamos a comprender.

También supone un punto de inflexión para el propio Severian. A lo largo de la novela deja de limitarse a reaccionar ante los acontecimientos y empieza a tomar decisiones que cambian el destino de quienes lo rodean. Se enfrenta a enemigos legendarios, dirige hombres en combate y sobrevive a pruebas que habrían acabado con cualquiera. Incluso pierde Terminus Est, la espada que lo había acompañado desde el comienzo de la saga, mientras descubre que la auténtica Garra del Conciliador no era la gema que todos veneraban, sino la pequeña garra negra oculta en su interior.

Cuando termina el libro quedan muchas preguntas sin respuesta y el misterio es incluso mayor que al principio. Pero esa es precisamente una de las mayores virtudes de Gene Wolfe: cada revelación abre nuevos interrogantes y hace que el lector quiera seguir avanzando. Con la verdadera Garra en su poder y un destino que parece conducirlo hacia el corazón mismo del Imperio, Severian reanuda su viaje hacia el norte, dejando preparado el camino para La ciudadela del autarca, la novela que pondrá a prueba todo cuanto ha aprendido hasta ese momento.

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