Héroes que no hacen ni mierda: seis películas que acabarían igual sin el huevazos de su protagonista

Hay protagonistas que salvan el mundo, derrotan al villano, se trajinan a su crush y cambian para siempre el destino de todos los que los rodean. Y todo en una tarde. Luego están los de este artículo: personajes que corren, investigan, reciben palizas, pierden amigos y se juegan la vida para descubrir que la película habría terminado prácticamente igual si se hubieran quedado en casa viendo la televisión mientras se sacan pelotillas del ombligo.

No significa necesariamente que sean malos personajes ni que sus películas estén mal escritas. De hecho, varias de ellas son obras maestras. Al final lo que importa es la aventura. Pero cuando analizamos lo que ocurre en estas obras y eliminamos al protagonista de la ecuación, aparece una verdad incómoda: el héroe no siempre conduce la historia. A veces solo corre detrás de ella como un pollo sin cabeza.

Estos son seis protagonistas que se esfuerzan muchísimo en no hacer nada.

1. Indiana Jones en En busca del arca perdida: arqueología, nazis y esfuerzos inútiles

Indiana Jones es profesor, arqueólogo, aventurero, experto en civilizaciones antiguas y propietario del látigo más famoso de la historia del cine. También es, probablemente, el ejemplo definitivo de protagonista cuya intervención no cambia el desenlace de la película, como ya nos explicaron en el famoso episodio de The Big Bang Theory.

Los nazis buscan el Arca de la Alianza porque creen que su poder los convertirá en invencibles. Indiana intenta encontrarla antes que ellos, viaja hasta Nepal, rescata a Marion, se infiltra en excavaciones, persigue camiones, recibe puñetazos de señores enormes y acaba atado a un poste mientras los villanos abren el Arca. ¿Y qué sucede entonces? Que el Arca mata a todos los nazis. No los mata Indiana. No los derrota el Gobierno estadounidense. Ni siquiera aparece un ejército aliado en el último momento. Los nazis abren una caja sagrada que evidentemente no debían abrir y Dios les derrite la cara.

Si Indiana se hubiera quedado corrigiendo exámenes, los nazis habrían encontrado igualmente el Arca, la habrían abierto y habrían muerto exactamente igual. Nuestro héroe dedica toda la película a impedir que sus enemigos cometan un error que termina siendo precisamente lo que acaba con ellos. Es cierto que salva a Marion y que finalmente el Arca queda en manos estadounidenses. Pero el gran conflicto —evitar que los nazis utilicen su poder— se resuelve solo. Indiana no gana la partida: contempla desde el banquillo cómo el destino asesina a sus rivales.

2. John Connor en Terminator 3: salvar el mundo ya si eso otro día

En las dos primeras películas de Terminator, los protagonistas luchan para cambiar el futuro. Sarah Connor intenta sobrevivir para dar a luz al líder de la resistencia y, más tarde, destruye Cyberdyne para evitar el nacimiento de Skynet. La saga parecía defender una idea esperanzadora: «No hay más destino que el que hacemos». Entonces llega Terminator 3 y responde: sí, bueno, sobre eso tenemos malas noticias.

John Connor y Kate Brewster pasan la película huyendo de la T-X y siguiendo las instrucciones del Terminator. Creen que todavía pueden detener a Skynet antes de que provoque el Juicio Final. Llegan hasta el supuesto núcleo del sistema esperando desconectarlo, destruirlo o, por lo menos, desenchufar algún cable gordo. Pero allí no hay ningún núcleo. El lugar es un refugio nuclear y toda la aventura ha servido únicamente para mantenerlos vivos mientras el mundo se va a la mierda.

Skynet ya está distribuida por la red. Los misiles despegan. Las bombas caen. El Juicio Final sucede exactamente como estaba previsto. John no detiene la catástrofe, no derrota a la inteligencia artificial y ni siquiera comprende el verdadero objetivo de su misión hasta que ya está encerrado bajo tierra. Su papel es importante para el futuro de la humanidad porque debe sobrevivir para liderar la resistencia. Pero dentro de esta película no salva el mundo: consigue un asiento privilegiado para contemplar su destrucción. Terminator 3 convierte a su protagonista en el único invitado a una fiesta sorpresa en la que la sorpresa es el apocalipsis nuclear.

3. Harry Potter en La piedra filosofal: el niño que casi le entrega la Piedra a Voldemort

Harry Potter sospecha que alguien intenta robar la Piedra Filosofal y decide actuar porque los adultos de Hogwarts parecen demasiado ocupados organizando banquetes y permitiendo que niños pequeños les resuelvan la papeleta. Harry, Ron y Hermione superan al perro de tres cabezas, sobreviven a una planta asesina, atrapan llaves voladoras, juegan una partida de ajedrez gigante y atraviesan fácilmente todas las defensas que los profesores colocaron para impedir el acceso a la Piedra. Una actuación heroica que presenta un pequeño problema: nadie necesitaba que lo hicieran.

Cuando Harry llega ante el espejo de Oesed, descubre que Quirrell lleva allí un rato sin conseguir la Piedra. Dumbledore había encantado el espejo para que solo pudiera obtenerla alguien que quisiera encontrarla, pero no utilizarla. Quirrell estaba bloqueado. Entonces aparece el retrasado de Harry, cumple exactamente las condiciones del encantamiento y consigue sacar la Piedra. Es decir, Voldemort no podía obtenerla hasta que el protagonista decidió presentarse voluntariamente en la habitación y llevarla en el bolsillo. Además, ni siquiera detiene al malo, Quirrell es derrotado gracias a la protección de su madre. Pero la situación solo alcanza ese nivel de peligro porque él atraviesa todas las defensas y consigue el objeto que el villano era incapaz de recuperar.

Si Harry se hubiera quedado en la cama jugando con su varita, Quirrell probablemente habría pasado la noche dándole cabezazos al espejo mientras Voldemort le gritaba desde la nuca que era un puto inútil. Además, probablemente Dumbledore habría llegado a tiempo para detenerlo a él y a Voldemort. Vaya héroe de chichinabo.

4. Los héroes de Watchmen: descubrir el plan cuando ya ha terminado

Watchmen empieza como una investigación. El Comediante ha sido asesinado y Rorschach sospecha que alguien está eliminando a antiguos vigilantes. Poco a poco reúne pistas, visita a sus antiguos compañeros y descubre una conspiración gigantesca detrás de varias muertes, atentados y manipulaciones. El problema es que Ozymandias va unos cuarenta pasos por delante.

Cuando Rorschach y Búho Nocturno llegan a su base, esperan detenerlo justo antes de que ejecute su plan. Es el momento clásico en el que el villano explica lo que pretende hacer y los héroes ganan tiempo hasta encontrar la manera de impedirlo. Pero Adrian Veidt no es esa clase de villano. Les explica tranquilamente que activó el plan hace media hora. La destrucción ya ha ocurrido. Millones de personas han muerto y las grandes potencias, aterrorizadas ante un supuesto enemigo común, comienzan a acercarse. Los protagonistas han resuelto el misterio, pero lo hacen cuando resolverlo ya no sirve para nada.

Después, casi todos aceptan guardar silencio para proteger la paz conseguida mediante la masacre. Rorschach se niega, Doctor Manhattan lo convierte en boloñesa y el mundo continúa según el diseño de Ozymandias. Ni siquiera el ser más poderoso del planeta logra frustrar el plan; acaba reconociendo que, al menos temporalmente, ha funcionado. Los protagonistas de Watchmen no detienen al villano. Llegan tarde, escuchan su explicación con cara de tontos y terminan colaborando con el encubrimiento. Son menos un grupo de superhéroes y más una comisión de investigación creada cuando ya han triturado todos los documentos.

5. Los detectives de Seven: investigar exactamente como quiere el asesino

Somerset y Mills siguen durante toda Seven el rastro de un asesino que utiliza los siete pecados capitales para construir sus crímenes. Analizan escenas, buscan conexiones, revisan registros de bibliotecas y se acercan poco a poco a John Doe. Al menos eso creen ellos. En realidad, Doe controla la narración desde el principio. Elige a sus víctimas, prepara cada asesinato durante meses y convierte la investigación policial en parte de su obra. Cuando todavía quedan dos pecados por completar, no es capturado: entra voluntariamente en la comisaría cubierto de sangre y se entrega.

Los detectives creen que por fin tienen ventaja, pero siguen haciendo exactamente lo que él necesita. Aceptan acompañarlo hasta el desierto, reciben una caja y completan el espectáculo. Doe representa la envidia; Mills, consumido por la ira, lo mata y se convierte en el último pecado. Aquí no podemos eliminar completamente a Mills, porque el final necesita su temperamento, su esposa y su tragedia personal. Pero sí podemos afirmar que su investigación no frustra absolutamente nada. Cada avance lo acerca al lugar que el asesino ha preparado para él.

Los policías no resuelven el plan de John Doe: lo representan. Son actores convencidos de que están buscando al director mientras este ya les ha entregado el guion. Somerset comprende la trampa unos segundos antes del desenlace, que es una forma especialmente cruel de no servir para nada.

6. El Nota en El gran Lebowski: una alfombra, un secuestro falso y cero respuestas

Jeffrey Lebowski, más conocido como el Nota, solo quiere beber rusos blancos, jugar a los bolos y vivir sin que nadie le toque demasiado los cojones. Pero unos matones lo confunden con otro Jeffrey Lebowski, entran en su casa y uno de ellos le mea en la alfombra. Y la alfombra daba ambiente a la habitación.

A partir de ahí, el Nota queda atrapado en una trama de secuestros, rescates, nihilistas, artistas, millonarios, estrellas del porno y maletines que cambian de manos. Intenta descubrir qué ha ocurrido, pero casi todas sus decisiones complican todavía más una historia que ya era absurda antes de que él apareciera. Bunny no ha sido secuestrada. El gran Lebowski utiliza su desaparición para quedarse con el dinero de la fundación. Walter sustituye el rescate por ropa sucia. El coche del Nota es robado, destrozado y finalmente incendiado. Donny muere de un ataque al corazón durante una pelea tan innecesaria como el resto de la película.

¿Y qué consigue el protagonista? Nada. No recupera su alfombra, no consigue dinero, no castiga al gran Lebowski y no obtiene una explicación ordenada porque en ese universo nadie parece tenerla. Sobrevive, vuelve a la bolera y continúa con su vida. En otra película, un personaje así sería el detective que desenreda la conspiración. Aquí es un señor en bata arrastrado de un lado a otro por personas aún más incompetentes que él. El Nota no mueve la trama: la trama le pasa el escroto por la cara una y otra vez.

Entonces, ¿son realmente inútiles?

No exactamente. Indiana salva a Marion; John Connor sobrevive para liderar la resistencia; Harry impide temporalmente que Voldemort vuelva; los vigilantes descubren la verdad; Mills completa involuntariamente la obra de John Doe; y el Nota nos guía por uno de los laberintos más ridículos y divertidos de la historia del cine.

Pero ninguno encarna al héroe proactivo tradicional que altera el curso de los acontecimientos y derrota al enemigo. Unos llegan demasiado tarde. Otros empeoran la situación. Algunos descubren que el villano ya había contado con ellos desde el principio. Y el Nota solo quería que le devolvieran la puta alfombra.

Eso no debilita necesariamente sus películas. Al contrario: en varios casos, su impotencia es precisamente el tema central. Watchmen habla de héroes incapaces de solucionar problemas demasiado grandes; Seven, de personas atrapadas dentro de una obra diseñada por un fanático; El gran Lebowski, del caos y la absoluta falta de control; y Terminator 3, de la imposibilidad de escapar del destino. Quizá estos protagonistas no estén ahí para salvar la historia, sino para que nosotros podamos acompañarlos mientras descubren que no tienen ningún control sobre ella.

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