El quinto elemento es un peliculón. Punto. Dejemos eso claro antes de empezar a tocar los cojones. La locura de Luc Besson tiene todo lo que uno puede pedirle a una buena película de ciencia ficción: acción, humor, un universo visual espectacular, Bruce Willis molando mucho, Milla Jovovich hablando un idioma inventado, Gary Oldman con uno de los peinados más criminales de la historia y Chris Tucker demostrando que hasta el personaje más histriónico y cargante del mundo puede caer bien.
El problema aparece cuando, después de verla unas cuantas veces, empiezas a hacerte preguntas. Porque para que Korben Dallas y Leeloo terminen salvando el universo tienen que alinearse tantos planetas que hay que apagar el cerebro un rato para poder disfrutarla a tope. Personajes que se cruzan porque sí, planes que funcionan por pura chorra y coincidencias espacio-temporales más grandes que una catedral.
Y lo mejor de todo es que da exactamente igual. El quinto elemento sigue siendo divertidísima casi treinta años después. Así que esto no pretende desmontar la película, sino hacer precisamente lo contrario: rendir homenaje a uno de los grandes espectáculos de ciencia ficción de los 90 mientras repasamos todas esas casualidades, agujeros y «porque lo dice el guion» que permiten que Bruce Willis salve a la humanidad one more time.
⚠️ ALERTA DE SPOILERS: Vamos a destripar El quinto elemento de arriba abajo, incluido el final. Si todavía no la has visto, deja de leer, ponte la película y vuelve después ya si eso.
Un mal que ficha cada 5.000 años
La película comienza en 1914, cuando unos misteriosos extraterrestres, los Mondoshawan, llegan a un templo egipcio donde un arqueólogo acaba de descubrir un secreto: cada 5.000 años aparece una fuerza de mal absoluto en forma de planeta errante y, para derrotarla, hacen falta cuatro piedras mágicas y un quinto elemento capaz de activar su poder.
Empezamos fuerte. ¿Por qué el mal aparece exactamente cada 5.000 años? ¿Y si lo destruyen, de dónde coño sale el siguiente? ¿Quién fabricó las piedras y por qué no hicieron unas cuantas copias de seguridad teniendo en cuenta que son la única defensa contra el apocalipsis? No se sabe.
Y los alienígenas tampoco ayudan. Llegan justo cuando el arqueólogo está a punto de descubrir el secreto y aparecen embutidos en unas armaduras absurdamente incómodas con las que casi no pueden ni andar. Se cargan al arqueólogo un poco de gratis y abren la cámara donde se esconden las piedras para llevárselas porque, según ellos, ya no están seguras allí. Pero si se acaban de ventilar al único tipo que conocía el secreto, ¿por qué coño ya no están seguras? ¿Cómo carajos se han enterado de que habían descubierto el secreto de las piedras? ¿Y por qué no explicarle la movida al arqueólogo en vez de matarlo? El ayudante de este les dispara y la puerta de la cámara empieza a cerrarse por algún motivo desconocido, dejando a uno de ellos atrapado dentro. ¿Por qué los demás extraterrestres o el sacerdote que está con ellos no vuelven a abrirla?

Pero lo mejor es el plan de esta gente: los extraterrestres se llevan las piedras y encargan al sacerdote transmitir el conocimiento en secreto hasta que el mal regrese dentro de 300 años. ¿Por qué guardar el secreto? Si cada cierto tiempo aparece una cosa que pretende destruir toda la vida, quizá avisar a la humanidad sería bastante útil. Y si las piedras son nuestra única defensa, llevárselas al otro lado de la galaxia tampoco parece el plan más inteligente. Cosas de marcianos, supongo.
El mal vuelve y las casualidades también
Siglos después, en el año 2263, la amenaza regresa en forma de una gigantesca bola negra que aparece en mitad del espacio. ¿Qué coño es exactamente esa cosa? ¿Qué quiere? ¿Por qué aparece cada 5.000 años? ¿Dónde se esconde mientras tanto? ¿Y no se supone que deberíamos estar en el 2214 si han pasado 300 años? El sacerdote Vito Cornelius aparece para explicarle toda la movida al presidente, lo que plantea otras dos preguntas bastante razonables: ¿qué hace el sacerdote en el despacho del presidente y por qué le cuenta el secreto si se supone que es un secreto supersecreto?
Los Mondoshawan regresan entonces con las piedras y atraviesan una frontera espacial hecha de una línea de satélites que no sabemos muy bien para qué sirve. ¿Cómo funciona una frontera en mitad del espacio? ¿No pueden simplemente bordearla por arriba o por abajo? Nos importa una mierda, porque en ese momento unas naves enviadas para robar las piedras atacan a los Mondoshawan y destruyen su nave. Si el plan era hacerse con las piedras, quizá hacer explotar en mil pedazos la nave que las transporta no sea la mejor idea. Y además, ¿cómo coño cuatro naves de chichinabo consiguen cargarse con tanta facilidad a una civilización capaz de crear las únicas armas conocidas contra el mismísimo mal absoluto?

Mientras tanto, Korben Dallas, un exmilitar reconvertido en taxista, se dispone a comenzar su jornada laboral y, nada más salir de casa, un atracador intenta robarle. El tipo lleva una especie de fotografía del pasillo pegada en la cabeza para engañar a la cámara de seguridad, ya que está plantado justo delante de ella. ¿No sería más sencillo quedarse apartado y que la cámara siguiera viendo el pasillo real vacío?
Por otro lado, el gobierno encuentra entre los restos de la nave de los Mondoshawan material genético y los científicos reconstruyen a Leeloo con una especie de impresora 3D humana. Luego sabremos que Leeloo es el quinto elemento que activa las cuatro piedras. Perfecto, pero ¿cómo conserva sus recuerdos si lo que han reconstruido es su cuerpo a partir del ADN? ¿Y por qué aparece ya adulta y con el pelo teñido de naranja? ¿Y por qué el quinto elemento es una mujer humana? ¡Pues porque sí, joder! Leeloo despierta y logra escapar rompiendo el cristal y tocando los botones necesarios para abrir la cápsula donde estaba, a pesar de que es una tecnología que nunca ha visto. Huye por unos conductos de ventilación talla humana y termina saltando desde una altura demencial para caer, entre todos los vehículos de Nueva York, dentro del taxi de Korben. Se veía venir.
El villano que planea destruir el mundo porque, ¿por qué no?
Leeloo sobrevive a la caída de 200 metros como si nada y es capaz de leer un cartel que hay en el taxi pese a no conocer el idioma, entenderlo y usarlo para pedir ayuda al taxista. Y entonces llega la policía. Korben se da a la fuga, a pesar de que no conoce de nada a esa pava tan rara, y en cuestión de segundos aparecen tropecientos coches patrulla por todas partes disparándole a saco. No saben por qué huye, quién va dentro, si hay rehenes o qué coño está pasando, pero aquello escala de una fuga de tráfico a un tiroteo digno del desembarco de Normandía en treinta segundos. Dios bendiga a América.
Korben logra escapar y lleva a Leeloo con Vito Cornelius, que casualmente vive en la misma ciudad, y después vuelve tranquilamente a su casa. ¿Nadie está buscando al tipo que acaba de escapar de un tiroteo con la policía? Que durante la persecución se han accidentado muchos coches patrulla cojones. Por su parte, Vito y Leeloo están comentando el accidente de la nave Mondoshawan y entonces el sacerdote se acuerda de que un mes antes un tal Zorg, fingiendo ser comerciante de arte, le había preguntado por las piedras y que tal vez esté implicado en el ataque. ¿Toda la vida esperando un acontecimiento que sucede cada 5.000 años y, faltando un mes para que ocurra, aparece un desconocido preguntando específicamente por unas piedras mágicas secretas y no le pareció sospechoso hasta entonces? Vaya huevazos que tiene el cura.

Mientras tanto, el malvado empresario Zorg está intentando conseguir las piedras por orden de la fuerza maligna que se aproxima a la Tierra. Aquí tenemos un pequeño problema de motivación: si el mal absoluto pretende destruir el planeta, ¿qué coño hace Zorg ayudándolo? ¿Y por qué le cae sangre o aceite o lo que coño sea eso por la frente cada vez que habla con el malo? El caso es que Zorg había enviado a los Mangalores, una especie de orcos espaciales, a robar las piedras, y estos le traen un maletín que milagrosamente ha sobrevivido a la explosión. ¿Y nadie se molesta en abrirlo para comprobar que las piedras están dentro?
Porque resulta que no estaban allí: por seguridad viajaban escondidas en otra nave. Entonces, ¿por qué Leeloo sí viajaba en la nave atacada? Han ocultado las piedras en otra nave para protegerlas, pero mandan al quinto elemento, sin el cual no sirven para nada, en la nave oficial a la vista de todos. Muy profesional. Y como Zorg está un poco enfadadillo con estos tipos tan inútiles, les tiende una trampa y los hace volar en mil pedazos.
La misión secreta que conoce hasta tu tía la del pueblo
Finalmente, el gobierno decide que Korben debe recuperar las piedras. ¿Es realmente el único hombre de todo el planeta que puede hacerlo? Estamos hablando de un militar retirado que ahora conduce un taxi. Y si la supervivencia de la humanidad depende de la misión, ¿por qué no mandarlo con apoyo militar, una nave oficial y todos los recursos disponibles? En lugar de eso inventan una absurda farsa para enviarlo a un crucero turístico y, para mantener la operación bien secreta, anuncian en todas las televisiones y radios que Korben Dallas ha ganado un concurso.
El general Munro aparece en casa de Korben para contarle todo el percal y entonces aparecen por allí Vito y Leeloo. El general no la reconoce pese a haber estado presente cuando la reconstruyeron y haberse llevado una buena hostia suya durante la fuga. Korben lo esconde en el frigorífico y el general acepta meterse dentro porque patatas.

La policía se presenta también por allí buscando a Korben, que ya era hora, pero como Vito había colocado su tarjeta de taxista en la puerta del vecino, los lumbreras de los agentes detienen al pobre desgraciado, que casualmente está como una puta cabra. ¿No existen registros de quién vive en cada apartamento? ¿Nadie tiene una foto de Korben? ¿Y por qué el gobierno no ha avisado a la policía de que no lo detengan? Poco después se suman a la fiesta los Mangalores, matan a los policías y se llevan al falso Korben. Pero ¿cómo sabían dónde encontrarlo y qué relación tenía con las piedras? ¿Y cómo han logrado sobrevivir a la megaépica explosión que les preparó Zorg?
Vito, que quiere exactamente lo mismo que Korben, decide noquearlo y robarle los pasajes en vez de colaborar con él. Pero Korben logra llegar al aeropuerto y consigue embarcar junto a Leeloo, así que el sacerdote se cuela en la nave por el tren de aterrizaje y, mágicamente, consigue llegar hasta la cabina, donde es detenido. Mientras tanto, tanto un esbirro de Zorg como los Mangalores intentan hacerse pasar por Korben para embarcar. ¿En el año 2263 nadie utiliza fotos, huellas dactilares o algún sistema de identificación? ¿Y por qué el puto aeropuerto está lleno de basura? ¿Es un vertedero a tiempo parcial o qué carajos?
La diva era un huevo Kinder Sorpresa
El caso es que nuestros héroes llegan al crucero Fhloston Paradise, pero no son los únicos, ya que los Mangalores se han infiltrado buscando las piedras. ¿Cómo coño se han colado tan fácilmente en uno de los cruceros más lujosos del espacio? ¿No hay medidas de seguridad? Que se supone que aquello está lleno de famosos y ricachones.
Allí se va a celebrar un concierto de ópera de la famosa diva Plavalaguna, que resulta ser también el contacto que lleva las piedras. Su ayudante le dice a Leeloo que se reunirá con ella después del concierto, así que la chavala se dirige a la habitación de la diva, donde se encuentra con los Mangalores, que también se han enterado de que la diva es el contacto porque se lo ha chivado el guionista. Estos, cuando ven a Leeloo, deciden atacarla de uno en uno y además parecen olvidarse de que llevan armas de fuego, porque serán asesinos y ladrones, pero saben que Leeloo es la protagonista y hay clichés que deben respetarse.

Zorg también se suma a la fiesta y, tras contar una mentirijilla, aterriza en el parking del crucero sin mucho problema, cargándose a los cinco únicos guardias de seguridad que hay. Le roba la caja a Leeloo y, por segunda vez en la película, no comprueba qué hay dentro hasta estar de vuelta en su nave. Y claro, las piedras tampoco están ahí. Mientras tanto, los Mangalores se han hecho con el control del crucero y atacan el auditorio mientras está cantando la diva, que recibe un misilazo mortal de necesidad. Antes de morir le dice a Korben que las piedras están en ella. Y es que resulta que la diva Plavalaguna las llevaba escondidas dentro de su cuerpo. Cuatro pedruscos enormes. ¿Cómo se los metió? ¿Cómo pensaba sacarlos? ¿Se los tragó? ¿Se los metieron por el ojete? ¿Y por qué confiaron las armas que pueden salvar el universo a una cantante de ópera que está de gira? ¿Es cantante por el día y agente secreto por la noche?
Pero lo más gracioso es que Zorg ni siquiera necesitaba recuperar las piedras. Si su objetivo es impedir que salven el mundo, con destruir una sola sería suficiente. En lugar de eso contrata mercenarios, organiza ataques e infiltraciones y se recorre media galaxia intentando reunirlas, gastando mogollón de tiempo y recursos.
Salvar el mundo en el último puto segundo
Korben logra salir del follón liándose a tiros y rescata a Leeloo, que está herida en la habitación de la diva. Pero toca evacuar echando leches porque los Mangalores han colocado una bomba. Finalmente todo explota, los Mangalores y Zorg mueren y Korben, Leeloo, Vito y compañía regresan a la Tierra en la nave de Zorg, que convenientemente había dejado con la puerta abierta y las llaves puestas. El general llama a esa misma nave para decirles que se den prisa. ¿Cómo coño sabe que están en la nave del villano? Otro misterio.
Llegan al templo egipcio con las cuatro piedras y entran en la cámara, pero ¿dónde está el cadáver del extraterrestre que quedó encerrado allí en 1914? ¿Se lo comieron los escarabajos peloteros? Misterio misterioso. Y más importante: Vito lleva toda su vida preparándose para este momento, pero no tiene ni puta idea de cómo funciona el ritual. ¿Los Mondoshawan no le explicaron cómo activar las piedras? ¿Y por qué existe un único sacerdote que conoce todo el asunto? Como a Vito le hubiera dado un tabardillo dos semanas antes, a tomar por culo el universo. Joder, un poquito de planificación, que habéis tenido cinco mil putos años para prepararlo.

Y Leeloo, en el tramo final, ha pasado de ser una máquina de matar a quedarse completamente hundida después de descubrir las guerras y la violencia mientras estudiaba la cultura humana en el ordenador. ¿No encontró también hospitales, gente ayudándose, croquetas, gatitos o alguna cosa buena? Además, un disparo en el hombro la deja hecha polvo cuando unas horas antes atravesaba paredes y repartía hostias como panes. Mal momento para que le dé la flojera.
Finalmente consiguen activar las piedras y a Leeloo cuando el planeta maligno está prácticamente rozando la Tierra, gracias a que Korben le dice que la quiere y le promete unas vacaciones en Torremolinos. A la chavala le sale un rayo que detiene al planeta homicida y el Mal queda convertido en un nuevo satélite a pocos kilómetros de la Tierra. Nadie parece preguntarse qué efectos gravitatorios tendrá semejante pedrusco en el planeta: mareas, terremotos, tsunamis y cataclismos varios. Pero bueno, lo importante es que el mal ha sido derrotado, el planeta salvado y Korben se acaba empotrando a Leeloo. Fin.
Un desastre maravilloso
El quinto elemento tiene agujeros de guion, casualidades imposibles, conveniencias por todas partes, clichés, villanos con motivaciones reguleras y una estética tan exagerada que a veces cruza alegremente la frontera de lo hortera. El CGI ha envejecido lo suyo y hay momentos que no tienen ningún puto sentido. Pero madre mía, qué peliculón.
Es divertida, tremendamente entretenida y tiene unas escenas de acción cojonudísimas. Bruce Willis y Gary Oldman rebosan carisma, hasta el irritante Ruby Rhod termina teniendo su encanto y ese universo colorido, absurdo y excesivo tiene más personalidad que muchas películas de ciencia ficción actuales. El montaje, además, es una maravilla: siempre hay cinco o seis situaciones sucediendo a la vez, cruzándose constantemente, y nunca tienes la sensación de perderte. Y el temazo de ópera de Plavalaguna sigue siendo absolutamente sublime.
Puede que muchas cosas no tengan sentido, pero El quinto elemento tiene algo bastante más difícil de conseguir: personalidad, ritmo y unas ganas enormes de pasárselo bien. Y casi treinta años después, sigue funcionando de puta madre.