God of War: la historia de Kratos, un señor con una muy mala gestión de la ira

Antes de convertirse en el padre más temido de la mitología nórdica, Kratos ya había dejado un reguero de cadáveres por toda Grecia. El primer God of War, lanzado en 2005, no solo revolucionó los juegos de acción con sus combates brutales y sus espectaculares jefes finales, sino que también presentó a uno de los protagonistas más trágicos de la historia de los videojuegos. Un hombre consumido por la culpa, manipulado por los dioses y dispuesto a darse de ostias con el mismísimo Olimpo con tal de conseguir un poco de paz.

En este artículo repasamos la historia completa del primer God of War, desde los orígenes de Kratos como brillante general espartano y maestro del arte de la guerra hasta su enfrentamiento contra Ares, pasando por la búsqueda de la Caja de Pandora y el terrible pasado que lo convirtió en el temido Fantasma de Esparta.

⚠️ Aviso de spoilers: a partir de aquí desvelamos toda la historia de God of War (2005) sin ningún escrúpulo (2005).

Un guerrero atormentado y una última misión

La historia de God of War comienza con Kratos al borde del suicidio. Tras diez años sirviendo fielmente a los dioses del Olimpo, el espartano sigue atormentado por unas horribles pesadillas que le impiden echarse la siesta tranquilo. Convencido de que ya no le queda esperanza, se lanza desde el acantilado más alto de Grecia. Sin embargo, antes de explicarnos cómo termina el asunto o cómo vainas ese señor tan pintoresco ha llegado hasta ese extremo, el juego nos traslada tres semanas atrás.

Kratos se encuentra navegando por el mar Egeo cuando recibe una nueva misión de Poseidón. Una gigantesca Hidra está sembrando el caos entre los barcos griegos, así que el dios de los mares le ordena acabar con ella. Tras abrirse paso entre decenas de subordinados y derrotar a la bestia en un espectacular combate, el espartano vuelve a demostrar por qué es el campeón de los dioses. Después, Kratos, se interna en el interior de la serpiente hasta dar con el pobre capitán, que descubre demasiado tarde que al Fantasma de Esparta no ha venido a rescatarle, a él solo le interesaba la llave que llevaba colgada al cuello.

Después de la batalla, Kratos exige respuestas a Atenea. Lleva una década obedeciendo todas las órdenes del Olimpo y quiere saber cuándo desaparecerán las pesadillas que lo persiguen desde hace años. La diosa le promete que está a punto de cumplir su última misión. Ares, el dios de la guerra, se le ha ido completamente la olla y está arrasando Atenas con un ejército de monstruos. Como Zeus ha prohibido que los dioses luchen entre ellos, será un mortal quien deba detenerlo.

Kratos acepta el encargo con una única condición: que, cuando todo termine, los dioses lo liberen por fin de los recuerdos que lo atormentan. Atenea acepta la petición y nuestro alfa favorito pone rumbo hacia la ciudad de Atenas dispuesto a matar al mismísimo dios de la guerra, sin imaginar el precio que tendrá que pagar en el proceso. Casi nada.

La Caja de Pandora, la única esperanza contra un dios

Nada más llegar a Atenas, Kratos descubre una ciudad completamente hecha mierda. Las calles están invadidas por monstruos, los edificios arden y, en medio del caos, Ares arrasa cuanto encuentra a su paso como si fuera una fuerza de la naturaleza imparable. El espartano jura que el dios de la guerra morirá allí mismo, aunque pronto descubre que ni siquiera alguien como él puede derrotar a una deidad por sus propios medios.

Tras abrirse paso entre gorgonas, minotauros y otros bichos de la mitología griega, Kratos encuentra al Oráculo de Atenas. Este le revela el único secreto capaz de acabar con Ares: la legendaria Caja de Pandora, un artefacto oculto en un templo construido sobre la espalda del titán Cronos, condenado por Zeus a vagar eternamente por el desierto cargando aquel inmenso santuario.

Comienza entonces una de las partes más memorables del juego. Kratos sigue el canto de las sirenas hasta encontrar a Cronos y escala su gigantesco cuerpo para alcanzar el templo. Allí supera incontables trampas mortales, rompecabezas y combates contra cíclopes, cerberos, sátiros y toda clase de bichejos, mientras recibe nuevas armas y poderes concedidos por los propios dioses del Olimpo.

Sin embargo, durante su recorrido también empieza a recordar el pasado que lleva años intentando olvidar. Cuanto más se acerca a la Caja de Pandora, más intensas se vuelven las visiones de aquella noche que destruyó su vida para siempre. Y es entonces cuando el juego revela por qué Kratos odia tanto a Ares y cómo nació el temido Fantasma de Esparta.

El origen del Fantasma de Esparta

Mucho antes de enfrentarse a Ares, Kratos era un brillante general del ejército espartano. Sus tácticas eran tan eficaces como despiadadas, lo que le permitió ascender rápidamente hasta convertirse en uno de los guerreros más temidos de toda Grecia. Sin embargo, su ambición acabaría llevándolo a la perdición.

Durante una batalla contra un inmenso ejército de bárbaros, los espartanos fueron completamente superados. Acorralado y a punto de morir a manos de su enemigo, Kratos hizo un desesperado pacto con Ares: entregaría su vida y serviría al dios de la guerra para siempre a cambio del poder necesario para vencer. Ares aceptó y le concedió las Espadas del Caos, dos armas forjadas en las profundidades del Inframundo cuyas cadenas quedaron fundidas para siempre a los brazos del espartano.

Convertido en el campeón de Ares, Kratos emprendió una sangrienta campaña de conquista. Ciudades enteras cayeron bajo su espada y cualquiera que se opusiera a la voluntad del dios era erradicado de la existencia sin contemplaciones. Poco a poco, el orgulloso general fue dejando de ser un hombre para convertirse en una máquina de matar.

Pero Ares quería más. Convencido de que la familia era la última debilidad de su mejor guerrero, engañó a Kratos para que asaltara un templo dedicado a Atenea. Cegado por la furia del combate, el espartano asesinó a todos los que se encontraban en su interior sin darse cuenta de que entre las víctimas estaban su esposa, Lisandra, y su hija, Calíope.

Cuando comprendió lo que había hecho, ya era demasiado tarde. Kratos renunció para siempre a servir a Ares y juró vengarse del dios que le había jodido la vida. Como castigo, el oráculo del templo maldijo al espartano haciendo que las cenizas de su mujer y su hija quedaran adheridas para siempre a su piel, dándole un saludable tono grisáceo. Desde aquel instante nació el temido Fantasma de Esparta, un guerrero condenado a cargar eternamente con el recuerdo de sus peores actos.

La caída de Ares y el nacimiento de un dios

Tras superar todas las pruebas del templo, Kratos consigue al fin la Caja de Pandora. Sin embargo, cuando está a punto de abrirla, Ares detecta lo que está ocurriendo desde Atenas y lanza un gigantesco pilar de piedra que atraviesa el cuerpo del espartano. Kratos muere en el acto y su alma desciende al Inframundo mientras los siervos del dios de la guerra se apoderan de la Caja.

Pero el Fantasma de Esparta todavía no ha dicho su última palabra. Negándose a aceptar su destino, logra escapar del Hades, regresa al mundo de los vivos y vuelve a Atenas justo a tiempo para enfrentarse a Ares. Esta vez consigue abrir la Caja de Pandora, obteniendo el poder necesario para plantar cara a un dios.

El combate final es una brutalidad como una catedral. Ares intenta quebrar el espíritu de Kratos obligándolo a revivir el asesinato de su esposa e hija una vez más, pero el espartano consigue sobreponerse a sus propios demonios. Armado con la enorme espada de una estatua de Atenea, atraviesa el pecho del dios de la guerra y logra lo que parecía imposible: un simple mortal acaba con una deidad del Olimpo.

Con Atenas a salvo, Kratos reclama a los dioses la recompensa prometida. Sin embargo, Atenea le revela que, aunque sus pecados han sido perdonados, nadie puede borrar el recuerdo de las atrocidades que ha cometido. Desesperado, Kratos intenta poner fin a su vida arrojándose desde el acantilado más alto de Grecia, pero los dioses lo impiden. Como recompensa por haber derrotado a Ares, lo nombran nuevo dios de la guerra, ocupando el trono que ha quedado vacío en el Olimpo.

Kratos ha conseguido vengarse, pero aún sigue to rayado. Sin saberlo, ese es solo el comienzo de una historia que terminará enfrentándolo al mismísimo Zeus y cambiará para siempre el destino de los dioses griegos.

El principio del fin del Olimpo

Con su mezcla de acción frenética, puzles, combates contra criaturas mitológicas y una historia cargada de tragedia y venganza, God of War no tardó en convertirse en uno de los grandes clásicos de PlayStation 2. Pero, por encima de todo, fue el juego que presentó al mundo a Kratos, un personaje tan brutal como complejo cuya lucha no terminó con la muerte de Ares.

Aunque el Fantasma de Esparta ha alcanzado el trono del dios de la guerra, sus pesadillas siguen acompañándolo y su resentimiento hacia el Olimpo no ha hecho más que crecer. Y eso solo puede significar una cosa: los dioses todavía no saben el enorme problema que acaban de crear.

Si esta aventura te ha sabido a poco, prepárate, porque en God of War II la guerra contra el Olimpo no ha hecho más que empezar.

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