Escrita por Xavier Dorison y Antoine Cristau y dibujada por Stéphane Servain, Ulises y Cyrano nos sitúa en la Francia de principios de los años 50, entre pequeños pueblos, restaurantes y, sobre todo, muchas cocinas. Allí conocemos a Ulises Ducerf, un joven cuya familia ya ha decidido qué debe hacer con su vida, hasta que se cruza con Cyrano, un veterano cocinero que le descubre un mundo completamente alejado del futuro que otros habían planeado para él.
Y sí, hay recetas, ingredientes y platos franceses capaces de hacerte abandonar la lectura para asaltar la nevera, pero Ulises y Cyrano tiene bastante más chicha. Bajo toda esa gastronomía encontramos una historia sobre amistad, vocación, secretos familiares y las heridas que dejó la Segunda Guerra Mundial en una Francia que había ganado la guerra, pero todavía tenía unas cuantas cuentas pendientes consigo misma.
Ulises y Cyrano: cuando tu padre quiere meter mano en tu vida
Ulises Ducerf pertenece a una familia acomodada y tiene toda su existencia diseñada de antemano. Debe estudiar, convertirse en ingeniero y terminar ocupándose de la empresa cementera familiar. Un plan perfecto, salvo por una pequeña laguna: nadie parece haberse molestado demasiado en preguntarle al chaval qué quiere hacer realmente.
La situación cambia cuando un escándalo relacionado con su padre obliga a la familia a abandonar París y trasladarse a la Borgoña francesa. Allí Ulises conoce a Cyrano, un cocinero extraordinario con bastante más equipaje emocional del que aparenta. El encuentro entre ambos abre al joven las puertas de un mundo completamente diferente al que su familia había preparado para él.
La cocina se convierte entonces en mucho más que preparar un puchero. Cyrano enseña a Ulises técnicas, ingredientes y recetas, pero también otra manera de entender la vida. Poco a poco, el muchacho empieza a sospechar que quizá su futuro no tenga por qué consistir en fabricar cemento hasta el día de su jubilación.

Mucho más que un cómic de cocinillas
Aunque la gastronomía ocupa un lugar fundamental, reducir Ulises y Cyrano a un cómic sobre cocina sería quedarse solamente con el aperitivo. Bajo los fogones aparecen temas bastante más incómodos: la culpa, la reputación familiar, las diferencias sociales y, especialmente, las consecuencias que dejó la ocupación alemana de Francia.
La Segunda Guerra Mundial había terminado pocos años antes, pero aquello no desapareció mágicamente de la noche a la mañana. La colaboración con el régimen de Vichy, la Resistencia, las acusaciones y los ajustes de cuentas dejaron cicatrices que continuaron afectando a muchas familias durante décadas. El pasado de algunos personajes empieza así a adquirir cada vez más importancia y obliga a Ulises a descubrir que los adultos que lo rodean no siempre son quienes dicen ser.
En ese aspecto recuerda, salvando las distancias, a El vuelo del cuervo, la magnífica obra del francés Jean-Pierre Gibrat. Allí nos encontramos directamente en el París ocupado por los nazis y seguimos a personajes vinculados con la Resistencia, mientras que Ulises y Cyrano se desarrolla principalmente después de la guerra. Uno muestra la herida mientras todavía está abierta y el otro observa las cicatrices que quedaron después. En ambos casos, sin embargo, la Historia con mayúsculas sirve de escenario para contar historias mucho más pequeñas, íntimas y humanas.
Un dibujo que consigue que te entre gazuza
Buena parte del encanto de Ulises y Cyrano está en el trabajo de Stéphane Servain. Su dibujo tiene un estilo realista pero muy expresivo, especialmente efectivo cuando toca representar los pequeños pueblos, las cocinas, los restaurantes y los paisajes de la Francia rural. No necesita convertir cada página en un espectáculo para conseguir que el mundo resulte fascinante.
Pero donde Servain se luce especialmente es, como era de esperar, con la comida. Los ingredientes, los platos y todo el proceso de preparación reciben una atención casi obsesiva. Hay momentos en los que leer el cómic con hambre puede provocar saqueos inesperados al frigorífico.
El apartado gráfico acompaña además perfectamente al guion de Dorison y Cristau, que consigue mezclar gastronomía, drama familiar e historia sin que parezca que estamos leyendo tres cómics diferentes pegados con cinta adhesiva. No es casualidad que la obra haya acumulado numerosos reconocimientos en Francia, incluidos premios relacionados directamente con el mundo gastronómico.

Una historia con bastante más chicha de la esperada
Ulises y Cyrano podría haberse limitado a contar la típica historia del joven que descubre su verdadera vocación gracias a un maestro excéntrico. Y probablemente habría funcionado. Pero decide ir bastante más lejos y utilizar esa relación para hablar también del peso de la familia, de las decisiones que heredamos y de una sociedad que intenta continuar adelante mientras todavía tiene unos cuantos cadáveres escondidos debajo de la alfombra.
Si te gustan los cómics europeos de corte histórico o simplemente las historias donde los personajes importan bastante más que las explosiones, aquí hay material de sobra. Y además puedes terminar aprendiendo algo de cocina francesa por el camino. Lo único peligroso es que seguramente acabarás cerrando el cómic y buscando algo para llenar el buche a deshora.