Voldemort tiene un ejército de magos tenebrosos, artefactos mágicos mortales de necesidad y el poder suficiente para que toda una sociedad tenga miedo incluso de pronunciar su nombre. Si quiere entrar en tu casa y matarte, lo más sensato es mudarte de continente. O hacer testamento. Siempre aparece en el top de mejores villanos de la ficción. O peores, no está muy claro. Y aun así, cada vez que tiene a Harry Potter delante, es incapaz de darle el finiquito. Incluso cuando este era un bebecito indefenso.
Porque una cosa es que Harry sobreviva gracias a sus hechizos, sus amigos y un plot armor como la copa de un pino, y otra muy distinta que el Señor Tenebroso insista en sabotearse a sí mismo tan alegremente. Así que vamos a repasar las mayores cagadas de este mago oscuro desnarigado y sin carisma, centrándonos exclusivamente en las películas. Quizá al terminar descubramos que el elegido por la profecía para derrotar a Voldemort era el propio Voldemort.
⚠️ Aviso de spoilers: Vamos a destripar las ocho películas de Harry Potter con insidia y alevosía. Si todavía no sabes cómo acaba la historia, sal de aquí echando leches antes de que sea demasiado tarde. O quédate, porque sinceramente las películas tampoco son para tanto.
Tirando piedras contra su propio tejado desde pequeño
Tom Riddle, nombre real de Voldemort, crece profundamente infeliz en un orfanato muggle, y no será hasta que llegue a Hogwarts, cuando encuentre el lugar al que por fin siente que pertenece. Descubre que tiene talento, aprende a sacar conejos de la chistera y se convierte en uno de esos alumnos tan brillantes que los profesores recuerdan con cariño años después y el resto de estudiantes con asco. Al menos hasta que empiezan a amontonarse los cadáveres.
La primera cagada importante de su carrera ocurre en esta etapa. Y es que el chaval no sabemos muy bien cómo, descubre toda la movida de la Cámara de los Secretos y decide liberar al basilisco para que limpie el colegio de morralla. Si Hogwarts significa tanto para él, liberar un monstruo sanguinario y provocar el caos es una decisión cuanto menos curiosa. El basilisco empieza a atacar a los alumnos, acaba cargándose a una y la escuela está a punto de cerrar. Tom resuelve el problema culpando a Hagrid, con lo que salva su reputación y evita perder su nuevo hogar. Que también vaya huevazos los profesores tragándose esa trola sin ninguna prueba, pero bueno. Ya sabemos lo incompetente que es el personal de este colegio. Además, en las películas nos cuentan que Dumbledore sospechaba de él y lo estuvo vigilando durante meses, pero no hizo ni mierda el puto viejo.
Tom podría haberse ahorrado todo este marrón no soltando un monstruo asesino por los pasillos de Hogwarts, a menos hasta que se hubiera graduado. Y es que su motivo es atacar a los hijos de muggles, los llamados sangre sucia, a los que considera inferiores. El detalle que hace todavía más absurdo su discurso es que su propio padre era muggle. Tom Riddle es mestizo. Así que, si fuera un poco coherente, habría dejado que el basilisco se lo merendara el primero, pero este tipo es un hipócrita de tomo y lomo como ya veremos.

Un adolescente que en vez de folleteo quiere destruir su alma
Otra de las cagadas que protagoniza durante su etapa de estudiante es el tema de los horrocruxes. Tom le pregunta al profesor Slughorn por estos objetos en los que un mago puede guardar un fragmento de su alma después de cometer un asesinato. Y es que el chaval busca una manera de no morir nunca. Es comprensible que la muerte le dé miedo; menos comprensible es concluir que la solución consiste en asesinar a varias personas, destrozarse el alma y esconder los pedazos por ahí como si estuviera preparando una búsqueda del tesoro macabra.
Además, escoge objetos ligados a su pasado o a figuras importantes del mundo mágico y los esconde en lugares relacionados con él. Una piedra cualquiera enterrada en mitad de un descampado habría sido menos vistosa y bastante más difícil de relacionar con Tom Riddle. El chaval quiere dividir su alma en siete partes, pero acaba creando una más sin querer: Harry Potter se convierte en un horrocrux accidental cuando la maldición de Voldemort se vuelve contra él.
Al salir de Hogwarts, Tom Riddle tenía talento, ambición y un futuro prometedor. Así que decidió tirar su nombre a la basura, llamarse Voldemort y dedicarse a aterrorizar a todo el mundo mágico. Obsesionado con la inmortalidad y la pureza de sangre —un discurso bastante hipócrita para alguien cuyo padre era muggle—, empezó a reunir seguidores entre magos que compartían sus prejuicios o, sencillamente, preferían estar de su lado antes que acabar criando malvas. Nacieron así los mortífagos: una pandilla de fanáticos con máscaras, túnicas negras y una alarmante incapacidad para detectar que su jefe era un psicópata.

La profecía: creando a tu propio enemigo
Voldemort se entera de que una profecía habla de un recién nacido capaz de derrotarlo. Lo que él no sabe es que también dice que será el propio Señor Tenebroso quien lo señalará como su igual. Había más de un niño que podía encajar, pero Voldemort elige a Harry Potter. Va a casa de los Potter, mata a James y a Lily e intenta hacer lo mismo con su hijo. El resultado es difícil de adornar: Voldemort es derrotado por un puto bebé de quince meses. Más adelante descubrimos que Lily eligió morir protegiendo a Harry, y este sacrificio dejó en él una protección mágica que hizo rebotar la maldición contra Voldemort o alguna mierda así. Dumbledore conocía esa magia y le explica su poder a Harry; es una fuerza antigua y muy poderosa conocida en el mundo mágico. Simplemente, Voldemort despreciaba tanto el amor que ni se le ocurrió tenerlo en cuenta al planear el asesinato. Error de principiante.
Tras el ataque a los Potter, Voldemort queda reducido a una existencia sin cuerpo durante años, una especie de espíritu parásito que acaba instalándose en la nuca de Quirrell, tal y como vemos en Harry Potter y la Piedra Filosofal. Durante el enfrentamiento final, Quirrell intenta matar a Harry estrangulándolo, pero descubre que se le quema la piel al tocarlo. Bien, han descubierto que Quirrell no puede tocarlo por la protección de Lily. Información recibida: dejad de intentar agarrarlo. Voldemort podía haberse separado de Quirrell para que este actuara por su cuenta, o podían haber preparado una trampa, usado una poción o, puestos a ser poco elegantes, darle con un calcetín lleno de monedas en la cabeza. Habían tenido un año entero para pensar en algo. En lugar de eso, Quirrell insiste en ponerle las manos encima una y otra vez, a pesar de que está viendo cómo se le cae la carne a cachos.
Y el plan fracasa de nuevo. Que, además, el malvado estuvo once años convertido en fantasma sin otra cosa que hacer que pensar en cómo vainas fue derrotado. Ya debería haber caído en el tema de la protección de Lily; al fin y al cabo, el amor y el sacrificio eran formas de magia muy conocidas en el mundo mágico.

Hasta aquí la primera parte de la biografía de este genio del mal. Y esto es solo el principio: en la segunda parte veremos qué pasa cuando recupera el cuerpo, reúne a sus mortífagos y dispone de todos los recursos del mundo para acabar con Harry. Conociéndolo, seguro que esta vez no se le escapa.
Pinche guevon desnarigado
Te mato la vida. te kill yu hermano