En la primera parte vimos cómo Tom Riddle casi consigue que lo expulsen de Hogwarts, destruye su alma para no morir y acaba derrotado por un bebé. Ahora veremos cómo consigue recuperar su cuerpo, a su ejército y tiene varias oportunidades de demostrar que es el mago más peligroso del mundo y acabar con su enemigo. A ver cuánto tarda en cagarla otra vez.
Un mago oscuro invencible al que no paran de vencer
Tras la nueva derrota de Voldemort, su principal seguidor, Lucius Malfoy, entrega el diario de Tom Riddle, uno de los horrocruxes, a Ginny Weasley, tal y como vemos en la segunda película de la saga. Que vaya huevazos que tiene Lucius regalando un objeto tan poderoso. Vale que se supone que quería que Ginny abriera la Cámara de los Secretos de nuevo, pero es que no hay plan: simplemente le mete el diario de tapadillo en el caldero y ya. Hay muchas cosas que podían salir mal: que ella hubiera tirado el diario, que no hubiera llegado a escribir en él o que alguien la hubiera pillado infraganti. El caso es que la cosa sale bien y la chica empieza a escribir en él, la Cámara de los Secretos vuelve a abrirse y el recuerdo del joven Voldemort gana fuerza mientras Ginny se debilita. Al final, Harry y el recuerdo de Tom Riddle se encuentran en la cámara y el villano aprovecha para contarle su plan maestro al muchacho. Harry deduce que el problema es el diario y acaba destruyéndolo con el colmillo de basilisco y derrotando al mago más poderoso del mundo por tercera vez.
Un par de años después, Voldemort cae en la cuenta de que hay un ritual que puede devolverle el cuerpo y que solo necesita la sangre de Harry. Catorce putos años ha tardado en acordarse. Así que, como vemos en Harry Potter y el Cáliz de Fuego, el villano infiltra a su colega Barty Crouch Jr. en Hogwarts bajo la apariencia del profesor Ojoloco Moody. ¿Su plan? Meter a Harry en el Torneo de los Tres Magos, ayudarlo a superar las pruebas, procurar que no muera en ninguna de ellas y conseguir que llegue primero a una copa convertida en traslador.
El plan es tan absurdo y rebuscado que no hay por dónde cogerlo. Es que es un puto milagro que salga bien. Harry podría morir luchando contra el dragón. O ahogarse en el lago. O haberse retirado en cualquier momento. Pero al final consigue llegar a la copa. Harry es trasladado al cementerio, Voldemort recupera su cuerpo y lo tiene atado a una tumba frente a todos sus mortífagos. Es el momento de rematarlo. Le lanza un Avada Kedavra, lo mata y consigue conquistar el mundo mágico y gobernar para siempre. Que noooo, que eso sería demasiado sensato. Lo que hace es desatarlo, devolverle la varita y montar un duelo para demostrar lo poderoso que es. Y como casualmente su varita es hermana de la de Harry, tiene un gatillazo y el chaval escapa usando la copa y puede anunciar a todo Hogwarts que Voldemort ha vuelto.

Voldemort delega el trabajo sucio y la vuelve a cagar
Después de lo ocurrido con Harry, Voldemort se obsesiona con conocer la profecía completa, tal y como vemos en la quinta peli. Y, como ahora sus mentes están conectadas, lo conduce mediante una visión falsa hasta el Departamento de Misterios, en el Ministerio de Magia, y envía a sus mortífagos a recuperar la esfera que la contiene. El plan termina con la profecía destruida, varios seguidores capturados y Voldemort apareciendo ante testigos en el Ministerio de Magia. Hasta ese momento, el ministro se negaba a reconocer públicamente su regreso. Voldemort soluciona el debate presentándose allí en persona. Así pierde una ventaja enorme por intentar escuchar el final de una predicción que tampoco revela nada importante ni le va a ayudar a derrotar a Harry.
En Harry Potter y el misterio del príncipe, Voldemort decide matar a Dumbledore, pero le encarga el trabajo a Draco Malfoy. Un puto adolescente contra el mago más poderoso de Hogwarts. Quizá, después de que Harry le haya pasado la chorra por la cara tantas veces, Voldemort ha llegado a la conclusión de que los adolescentes son invencibles o algo así. Y, por si Draco falla, el plan B es Snape, que supuestamente es un agente doble que en realidad trabaja para los malos. Sobre el papel, Snape es perfecto: trabaja en Hogwarts, tiene la confianza de Dumbledore y le cuenta cositas a Voldemort. El problema es que en realidad está del lado de Dumbledore y solo finge ser fiel al Señor Tenebroso. Y Voldemort tenía motivos para sospecharlo desde la primera película. Cuando él vivía pegado a la nuca de Quirrell, fue testigo de cómo Snape desconfiaba del profesor, lo amenazó, evitó que perjudicara a Harry durante el partido de quidditch y que se hiciera con la piedra filosofal durante el ataque del troll. Voldemort estaba allí mismo. Literalmente en la nuca de Quirrell. Pero decidió que Snape era un empleado de fiar.
Al final, el plan sale bien: Draco consigue que los mortífagos entren en Hogwarts y Snape acaba matando a Dumbledore. Durante la huida, Harry intenta detenerlos, pero Snape lo desarma y lo deja tirado en el suelo. Los mortífagos quieren matarlo, pero Snape los frena con la excusa de que debe ser Voldemort quien se encargue del chico en persona. Vale que Snape está del lado de Harry y no va a dejar que lo maten, pero ¿el resto se traga la orden y sigue corriendo? Tenían al mayor enemigo de su jefe indefenso y a Dumbledore recién muerto. Era su mejor oportunidad para acabar con él y asegurarse la victoria. Pero nada: había que reservarle a Voldemort otro duelo personal contra el chaval. Como los anteriores habían salido tan bien.

La Varita de Saúco: antes de usar, leer las instrucciones
Al final de la séptima película, Voldemort roba la Varita de Saúco de la tumba de Dumbledore, convencido de que con ella podrá vencer por fin a Harry. Cuando descubre que no le obedece plenamente, deduce que su verdadero dueño debe de ser Snape, porque fue quien mató a Dumbledore. Así que, ya en la octava película, ordena a Nagini que lo mate. El problema es que Draco había desarmado a Dumbledore antes de su muerte, y Harry había vencido después a Draco, aunque este no tuviera la Varita de Saúco. La lealtad de la varita había seguido ese intrincado y absurdo camino y ahora pertenecía a Harry. No hacía falta matar a nadie: bastaba con desarmar al dueño anterior. Que, además, si Voldemort creía que la lealtad se ganaba matando, mandar a la serpiente a liquidar a Snape tampoco parecía la forma más clara de conseguirla.
Para rematar, cuando Voldemort descubre que están destruyendo sus horrocruxes y Nagini es el último que le queda, decide llevársela a la batalla de Hogwarts. Al principio la mantiene protegida por una barrera mágica, pero luego la saca en medio del follón, rodeada de enemigos mientras llueven hechizos mortales por todas partes. Normal que Neville acabe cortándole la cabeza y destruyendo el último trozo de alma que le quedaba al villano. Y antes de eso, en el Bosque Prohibido, Voldemort comete otra cagada épica. Le lanza su maldición asesina a Harry y, cuando el chico cae al suelo, le pide a Narcissa Malfoy que compruebe si está muerto. ¿En serio? Llevas años intentando matar a este chaval, ya ha sobrevivido a tus hechizos más veces de las que conviene contar y ahora delegas la comprobación definitiva en otra persona. Tronco, ve tú en persona y asegúrate dándole con una piedra en la cabeza hasta hacerla puré o pidiéndole a Nagini que se lo meriende. Narcissa nota que Harry sigue vivo, pero miente porque quiere volver al castillo y encontrar a su hijo Draco.
En el duelo final, Voldemort lanza un Avada Kedavra con la Varita de Saúco y Harry responde con Expelliarmus. La varita se niega a matar a su verdadero dueño: la maldición rebota contra Voldemort y lo mata. Esta vez ya no tiene horrocruxes que lo mantengan con vida y acaba desintegrándose como una pastilla efervescente.

El peor enemigo de Voldemort era él mismo
Voldemort no es un mago inútil. Tiene talento, poder y la capacidad de aterrorizar a todo el mundo mágico. Precisamente por eso sus cagadas resultan tan divertidas: podría haber sido mucho más peligroso si no necesitara convertir cada enfrentamiento en una demostración pública de que es el más listo de la sala. Abre la Cámara de los Secretos cuando aún está en el colegio, consiguiendo que esté a punto de cerrar; guarda su alma en objetos que esconde regular; crea a su propio enemigo por no saber interpretar una profecía y regala una y otra vez oportunidades de salvarse a Harry porque quiere matarlo él personalmente. Además, trata tan mal a sus seguidores que al final acaban traicionándolo.
Y ni siquiera disfruta de las ventajas de ser un supervillano. No es un sibarita que viva rodeado de lujos: se pasa la vida en casas cochambrosas, no tiene un harén, no parece tener un duro y viste siempre con la misma túnica llena de lamparones. Tampoco tiene mucho carisma; la mitad de sus seguidores lo obedecen porque les da miedo. Y luego está esa cara de serpiente. Ponte una nariz nueva, cabrón, que haces magia. Y ya que estás ponte también pelo. ¡Calvo!
Y encima, ¿cuál es su gran motivación? Conquistar el mundo mágico y perseguir a los mestizos, pese a que él mismo es uno. Es malo porque sí, va siempre comido de mierda y se pasa la saga perdiendo contra el mismo chaval una y otra vez. Un villano bastante sobrevalorado, si me preguntáis.