6 villanos de la animación que tenían razón… más o menos

Los buenos suelen tenerlo fácil: salvar el mundo, proteger a los inocentes y soltar algún discursito sobre la amistad, el amor y la sonrisa de un niño, justo antes de liarse a repartir hostias. Los villanos, en cambio, tienen un trabajo más ingrato. Hay que conquistar ciudades, levantar ejércitos, fabricar armas futuristas y sobre todo, encontrar una buena excusa para justificar la liada parda que han montado.

Pero algunos ni siquiera necesitan inventarse una justificación. Detrás de sus asesinatos, planes de dominación mundial y algún que otro genocidio hay motivos que, vistos con un poco de perspectiva, resultan inquietantemente comprensibles. Venganza, discriminación, guerras, abandono, opresión o simplemente estar hasta los cojones de un mundo que les ha tratado como una mierda.

Eso no convierte a Silco, Death, Syndrome, Mewtwo, Pain o Eren Jaeger en hermanitas de la caridad. Algunos cruzaron tanto la línea que dejaron de verla hace kilómetros. Pero todos tienen algo en común: puedes entender perfectamente cómo llegaron hasta allí. Y eso es precisamente lo que hace buenos a estos villanos, mientras explican por qué quieren destruir el mundo, piensas: «pues el cabrón tiene un punto».

6. Syndrome — Cuando tu mayor fan se convierte en tu peor enemigo

Antes de ser Syndrome, Buddy Pine era el mayor admirador de Mr. Increíble. No tenía poderes, pero sí una inteligencia extraordinaria y el sueño de convertirse en héroe. Después de ser rechazado por su ídolo, aquella admiración se convirtió en resentimiento y Buddy decidió demostrar que los superhéroes no eran tan especiales como se creían.

Y, en parte, tenía un argumento interesante. En el mundo de Los Increíbles, unos pocos nacen con poderes mientras el resto se muere de envidia cochina. Syndrome consigue igualar las fuerzas utilizando tecnología y pretende ponerla al alcance de todos: «cuando todos sean súper, nadie lo será». El problema es que para demostrarlo empieza a utilizar superhéroes como cobayas, asesinarlos y poner en peligro cientos de vidas. La idea no era del todo mala; el plan necesitaba algún pequeño ajuste.

5. Mewtwo — El experimento que se hartó de los humanos

Mewtwo no pidió nacer. Fue creado artificialmente a partir del ADN de Mew, tratado como un experimento y después utilizado por Giovanni como una poderosa arma. Cuando comprende que para sus creadores es una simple herramienta, decide rebelarse contra ellos y buscar por su cuenta cuál es el sentido de su existencia.

Y cuesta reprocharle el cabreo. Mewtwo descubre además un mundo donde los humanos capturan Pokémon, los encierran en mini cárceles y los utilizan para combatir, así que llega a la conclusión de que no son un ejemplo de superioridad moral. Su problema llega cuando decide demostrar que los clones son superiores a los originales y acaba comportándose exactamente como aquellos a quienes desprecia. Tenía buenos motivos para odiar a sus creadores, pero quizá no hacía falta declararle la guerra a todo el mundo.

4. Pain — Si todos sufren, nadie querrá otra guerra

Nagato creció en un país convertido constantemente en campo de batalla por culpa de guerras protagonizadas por potencias mucho mayores. Perdió a sus padres, amigos y cualquier esperanza de que los grandes discursos sobre la paz sirvieran para algo. De ahí nace Pain y una idea bastante sencilla: la gente solo comprende realmente el sufrimiento cuando le toca vivirlo.

Su intención era utilizar un poder devastador para que las naciones conocieran de primera mano las consecuencias de la guerra y tuvieran tanto miedo de repetirla que acabaran manteniendo la paz por cojones. Y viendo cómo funciona el mundo ninja, su diagnóstico no iba desencaminado. El problema era pretender acabar con el ciclo del odio repartiendo todavía más odio a base de hostias.

3. Death — El Gato se lo había buscado un poquito

Death tiene una ventaja sobre casi todos los villanos de esta lista: en realidad está haciendo su trabajo. El Gato con Botas ha recibido nueve vidas y ha desperdiciado ocho comportándose como si morir fuera un simple trámite. Para la propia Muerte, semejante desprecio por la vida es casi un insulto personal.

Por eso decide ir a buscarlo antes de que pierda oficialmente su última vida. Evidentemente, saltarse las reglas para cargarse al Gato antes de tiempo no parece demasiado deportivo, pero su argumento funciona: alguien que nunca ha valorado estar vivo empieza a hacerlo únicamente cuando descubre que puede morir de verdad. De hecho, cuando el Gato finalmente aprende la lección, Death pierde buena parte de su interés en matarlo.

2. Silco — El monstruo que quería liberar Zaun

Silco no quiere conquistar el mundo: quiere que Zaun deje de vivir bajo la bota de Piltover. En Arcane, mientras la ciudad de arriba prospera entre riqueza, tecnología y progreso, los habitantes del suburbio sobreviven entre pobreza, mugre y violencia. Para él, esperar que Piltover decida algún día tratarlos como iguales es una pérdida de tiempo.

El problema es que está dispuesto a cualquier cosa para conseguir la independencia: asesinatos, manipulación, Shimmer y utilizar a media Zaun como piezas de su guerra. Lo curioso es que cuando finalmente tiene su sueño al alcance de la mano descubre que también posee algo que no está dispuesto a sacrificar: Jinx. Silco quería liberar a su pueblo, pero por el camino ayudó a convertirlo en un lugar todavía peor.

1. Eren Jaeger — Para salvar su mundo decidió destruir el resto

Eren pasa media vida creyendo que los titanes son el enemigo hasta descubrir una realidad bastante peor: fuera de las murallas existe todo un mundo que teme y odia a los eldianos. Paradis está amenazada y Eren llega a convencerse de que nunca podrá garantizar la supervivencia de sus amigos mientras existan enemigos capaces de atacarlos.

Su motivación inicial resulta fácil de comprender: proteger a los suyos y conseguir la libertad que lleva persiguiendo desde niño. Lo complicado viene con la solución. Eren activa el Retumbar y decide arrasar prácticamente toda la vida existente fuera de Paradis. Quería evitar que exterminaran a su pueblo y terminó convirtiéndose en el responsable del mayor exterminio de todos. Pocos personajes representan mejor la diferencia entre comprender los motivos de un villano y justificar lo que acaba haciendo.

Tener motivos no significa tener razón

Ninguno de estos seis se despertó una mañana y decidió ser malo porque sí. Todos tenían una herida, una injusticia o una razón bastante comprensible detrás de lo que hacían. El problema llegó cuando decidieron que aquello justificaba cualquier cosa.

Por eso funcionan tan bien como villanos. Podemos condenar lo que hacen y, al mismo tiempo, entender perfectamente cómo llegaron hasta allí. Porque un malo que quiere destruir el mundo porque sí puede ser divertido, pero uno que consigue que durante unos segundos pienses «joder, el cabrón tiene razón» siempre resulta mucho más interesante.

¡EY TÚ! ¡NO TE ESCAPES!

Una vez por semana te mandamos cine, cómics, libros, juegos y demás frikadas. Gratis, sin spam y sin venderle tu alma a Sauron.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

Deja un comentario

Esta página web utiliza cookies   
Privacidad