El Hobbit: La Desolación de Smaug. Cuando Peter Jackson nos rompió el corazón con parkour élfico, orcos de CGI y barriles mágicos

⚠️ ALERTA SPOILER: si todavía no has visto La Desolación de Smaug y no quieres descubrir cómo las flipadas de Legolas rompen con la lógica y la física, márchate ahora. Aquí se destripa absolutamente todo sin compasión.

Cuando terminó El Hobbit: Un Viaje Inesperado, muchos pensamos que quizá la segunda película sería donde la trilogía encontraría por fin el equilibrio. Más aventura clásica, más tensión y menos persecuciones imposibles donde los personajes sobreviven a caídas de más de quinientos metros. Y durante un rato parece que va a ser así. El Hobbit: La Desolación de Smaug tiene mejor ritmo, un tono más oscuro y además introduce a Smaug, probablemente el mejor personaje de toda la trilogía.

El problema es que Peter Jackson vuelve a caer en exactamente los mismos excesos, solo que esta vez multiplicados por diez. Más CGI, más parkour imposible, más casualidades absurdas y más escenas ridículas de acción donde la gravedad deja de existir. Hay momentos en los que la película parece una cinemática de videojuego más que una película de fantasía. Aun así, todavía queda suficiente encanto como para tragarte tres horas de enanos haciendo el imbécil mientras un dragón intenta cazarlos.

Beorn, un oso bipolar y con amnesia

La película empieza con un flashback de Thorin caminando por la aldea de Bree hasta llegar al Poney Pisador, donde tiene una reunión con Gandalf. Allí el mago le explica que, para recuperar Erebor, debe encontrar la Piedra del Arca, una joya legendaria escondida en la montaña que le permitiría reunir a los siete clanes de enanos para plantar cara a Smaug. Además, le advierte de que han puesto precio a su cabeza y que hay asesinos buscándolo. Pero si Thorin está siendo perseguido por sicarios enviados por Azog, ¿por qué no intentan matarlo cuando va caminando completamente solo por la calle? Los tipos se limitan a sentarse alrededor de su mesa mientras lo observan de forma amenazadora, dando todo el cante. Muy discretos no son, la verdad. Y en cuanto aparece Gandalf, todos deciden retirarse rápidamente. ¿Qué pasa, les da miedo un anciano con bastón o qué? ¿O es que todo el mundo en los bajos fondos conoce al mago y sabe que es mejor no tocarle los huevos?

Después del resumen explicativo, volvemos al presente, donde la compañía está huyendo de Azog, pero tras darle esquinazo, aparece un oso gigante que quiere comérselos. Así que salen corriendo y acaban refugiándose en una casa que luego descubriremos que pertenece a Beorn, un cambiaformas que precisamente era el oso que los perseguía. Y aquí empiezan otra vez las dudas maravillosas. ¿Cómo consiguen un puñado de enanos sujetar la puerta frente a un oso enorme de tres toneladas? ¿Cómo ha dado con ellos Azog? Se supone que las águilas los llevaron lejísimos y además por el aire. ¿Cómo demonios han conseguido rastrearlos?

Entonces Azog recibe una llamada urgente desde Dol Guldur y cuando llega allí, Sauron le dice que va a comandar un ejército que está preparando y que se deje de perder el tiempo persiguiendo al puto enano. Lo increíble de todo esto es que llega allí en tiempo récord, a pesar de que hay más de 430 kilómetros de distancia. Es que no ha pasado ni una noche, porque en la siguiente escena la compañía de Thorin se despierta tras haber dormido tranquilamente en la casa de Beorn. Y hablando de Beorn, este se sorprende mucho al encontrarse a toda esa peña en su casa pero, si el tío los persiguió convertido en oso la noche anterior hasta allí. ¿Es que ya no se acuerda? ¿De qué se sorprende si los vio perfectamente? Además, lleva unos grilletes de su época de esclavo, pero, ¿por qué no se los quita, le traen buenos recuerdos o qué? ¿Y cómo es posible que no se rompan cuando se convierte en un oso gigante de cuatro metros? Y por último, Beorn asegura odiar a los enanos… pero aun así decide ayudarlos, dándoles comida y prestándoles unos ponis. ¿Por qué? ¡Porque sí joder!

Gandalf se va a por tabaco y deja a los enanos vendidos

La compañía llega finalmente al Bosque Negro, uno de los lugares más peligrosos de la Tierra Media, y justo entonces Gandalf decide largarse otra vez sin dar explicaciones. No me jodas Gandalf, que ya van tres veces que abandonas al grupo sin decir nada, ¿a qué juegas? Como el Bosque Negro está encantado, empieza a afectar la mente de los enanos, que sufren alucinaciones, hambre extrema y desorientación. Bombur incluso se queda dormido de repente sin venir a cuento y el resto tiene que ir cargando con él durante medio viaje como si estuvieran de procesión. 

Y por si fuera poco, aparecen arañas gigantes y secuestran a los enanos y a Bilbo. Este logra escapar cortando las telarañas que lo envolvían, pero… ¿cómo demonios consigue desenfundar la espada si tenía los brazos completamente inmovilizados? El caso es que, gracias al Anillo, empieza a cargarse arañas como si no hubiera un mañana y consigue rescatar a sus amigos. Pero aquí vienen más preguntas interesantes. ¿Por qué se lo quita justo antes de matar a la última araña? ¿Y cómo es que sigue entendiendo lo que dice la criatura cuando se supone que es el Anillo el que le permite comprenderlas? Además, Bilbo se pone triste después de matar a una araña bebé mutante que intentaba arrancarle la cara y quitarle el Anillo. No me jodas, que es un puto monstruo asesino maligno, da igual que sea una cría. Húndele la espada en la cabeza y después retuércela bien, hombre.

Después llegan más arañas, pero los enanos son salvados por los elfos del bosque liderados por Legolas, el cual decide llevarlos presos a la fortaleza de su padre, el rey Thranduil.

Un romance exprés, barriles que se multiplican y leyes de la física funcionando regular

Thranduil ofrece la libertad a los enanos y ayuda a Thorin en su empresa, pero este está picado porque el rey no les ayudó cuando Smaug atacó Erebor. Pero en vez de fingir, el tío se pone chulo y manda a la mierda al elfo, consiguiendo que los encierren a todos en las mazmorras. Menos a Bilbo, que se puso el Anillo a tiempo y anda por la fortaleza vagabundeando. Luego está la obsesión rarísima de Thranduil con unas gemas blancas de las que no para de hablar, como si fueran la herencia de su abuela. ¿Qué derecho tiene exactamente sobre ellas? ¿Cómo sabe siquiera que existen? Nadie lo explica nunca, pero él está que no caga con ellas. ¿Y por qué el rey no quiere exterminar a las arañas que infectan el bosque? Parece que le da igual que se extiendan por otras regiones.

Y después aparece Tauriel, un personaje creado exclusivamente para las películas, que se enamora perdidamente de Kili, uno de los enanos, después de intercambiar cuatro frases y dos miradas intensas. Mientras tanto, Bilbo usa el Anillo para liberar a los enanos y organiza la famosa huida en barriles, aprovechando que los elfos de la bodega están borrachos como cubas. Y aquí surgen preguntas irresolubles: ¿los elfos pueden emborracharse? Porque Legolas en la trilogía original se bebe como cincuenta cervezas y está igual. ¿Y por qué los centinelas están allí bebiendo y no vigilando las mazmorras? Y otra cosa curiosa: cada vez que Bilbo anda cerca, todo el mundo deja automáticamente de hablar en élfico y cambia a la lengua común justo cuando van a contar información importantísima. Qué casualidad, oyes.

El caso es que Bilbo mete a los enanos en los barriles y los tira al río por una trampilla. Y aquí la película pierde completamente la cabeza. Primero: casualmente hay exactamente trece barriles disponibles. Pero luego Bilbo se sube a uno vacío aunque se supone que todos estaban ocupados. Después Bombur rompe el suyo y aparece mágicamente otro barril libre en el que subirse. ¿Y cómo es posible que no se hundan a pesar de no estar cerrados y llevar dentro a enanos que pesan como gorrinos? Es que atraviesan cascadas, rápidos y se llevan golpes brutales contra rocas gigantes sin que les pase absolutamente nada. Durante la huida, además, son perseguidos por los orcos, que casualmente llegan justo al lugar exacto y en el momento justo en que los enanos escapan de la fortaleza. ¿Cómo han conseguido atravesar el Bosque Negro sin perderse ni volverse completamente locos?

Y luego empieza el festival de flipadas. Bombur sale disparado rodando dentro de su barril mientras aplasta decenas de orcos, y luego se pone a rodar como una peonza humana mientras continúa con la ensalada de hostias. Legolas corre por encima de las cabezas de los enanos mientras dispara flechas haciendo parkour digno de Assassin’s Creed. Tauriel lanza una flecha para interceptar otra flecha en pleno aire porque, al parecer, la física en esta película funciona como en los Looney Tunes. Es que no me jodas, es todo absurdo y ridículo de cojones.

Gandalf la lía parda y Thorin engaña a unos pobres pescadores

Mientras tanto, Gandalf ha vuelto a cruzar las montañas Nubladas de un salto y se pone a investigar las tumbas de los Nazgûl en Rhudaur. Primero descubre que las tumbas están vacías, luego manda a Radagast a avisar a Galadriel y finalmente llega a Dol Guldur de otro salto, porque las distancias en esta trilogía son totalmente opcionales. Y además, ¿por qué la entrada de las tumbas es un tobogán gigante directo al abismo? ¿Quién diseñó eso? ¿Sauron contrató a un arquitecto de parques acuáticos? Y otra cosa aún más rara: ¿por qué los Nazgûl tienen tumbas si se supone que hace milenios se convirtieron en espectros incorpóreos? ¿Qué enterraron exactamente ahí dentro? Misterio absoluto.

El caso es que Gandalf acaba entrando en Dol Guldur, donde encuentra al padre de Thorin totalmente trastornado y entonces Sauron aparece de repente, mata al enano, derrota al mago y lo encierra en una jaula. ¿Por qué no lo mata? En serio, mátalo joder, que lo tienes a huevo. ¿Y por qué Gandalf no esperó a tener refuerzos si sabía que era una trampa? ¿Tanta prisa tenía?

Por su parte, los enanos consiguen llegar a Esgaroth, la Ciudad del Lago, y allí conocen a Bardo, un contrabandista que les ayuda a entrar en la ciudad. Cargan los barriles en la barcaza del tipo y los enanos y Bilbo se meten dentro. Y aquí todo empieza a ponerse raro otra vez. Bardo deja que los enanos crean que los ha traicionado para luego tirarles una tonelada de pescado encima en plan “sorpresa”. ¿Por qué no les cuenta su plan desde el principio? ¿Y por qué vuelve a haber más barriles de los que debería haber?

Los enanos se refugian en casa de Bardo, pero como necesitan armas para enfrentarse a lo que viene, deciden colarse en el arsenal de la ciudad, aprovechando que no tiene vigilancia y que las ventanas siempre están abiertas. Pero lo mejor viene después. Deciden darle las armas a Kili, que acababa de recibir una flecha envenenada durante la huida por el río y apenas puede mantenerse en pie. Excelente idea. Evidentemente, el tipo se cae y provoca que los descubran al instante. Sin embargo, en cuanto Thorin promete compartir parte del tesoro de Erebor, el gobernador decide apoyar la expedición, aunque Bardo lleva todo el rato advirtiendo que despertar a un dragón es una idea poco recomendable. Y así, todos se marchan hacia la montaña dejando a Kili atrás al cuidado de otros tres enanos.

Erebor: un año de viaje para rendirse en treinta segundos

La compañía llega finalmente a los pies de Erebor, donde contemplan las ruinas de Valle, la antigua ciudad humana destruida por Smaug años atrás. Y aquí surge una pregunta importantísima: ¿por qué demonios se llama Valle si está construida literalmente en lo alto de una colina enorme? Total, que los enanos empiezan a subir hasta la terraza de la montaña donde supuestamente se encuentra la puerta secreta que solo se abre durante unos pocos segundos un día al año. Durante la última luz del Día de Durin concretamente. Y casualmente han llegado exactamente el día correcto después de meses de viaje. Otra vez. El poder de la casualidad. Y como llega la última luz del Día de Durín y la dichosa puerta no aparece, los enanos se rinden al instante, tiran la llave a tomar por culo y se van de allí cabizbajos. Después de cruzar media Tierra Media, sobrevivir a orcos, arañas gigantes, trasgos y barriles asesinos, los tipos se dan por vencidos sin darle ni media vuelta. Por lo menos guardaos la llave para intentarlo el año que viene.

Pero bueno, Bilbo descubre que “la última luz” se refería realmente a la luz de la luna y consiguen abrir la puerta secreta de Erebor. ¿Pero qué clase de ingenieros psicópatas diseñaron esta mierda tan absurda? ¿Qué sentido tiene una puerta de emergencia cuya cerradura sólo puede usarse literalmente un minuto concreto al año? ¿Y por qué las instrucciones son tan jodidamente abstractas? No me quiero ni imaginar a estos tipos escribiendo el manual de montaje de un mueble de Ikea. Dentro de Erebor, Bilbo descubre al dragón dormido encima de un tesoro gigantesco capaz de hacer que Elon Musk se ponga rojo de envidia. Como curiosidad, Smaug ocupa el segundo lugar en la famosa lista de personajes ficticios más ricos elaborada por Forbes, solo por detrás del Tío Gilito. Casi na. El caso es que Bilbo despierta accidentalmente al dragón y entonces decide ponerse el Anillo para no ser descubierto. ¿Pero por qué no se lo puso antes? Se pasa media hora rebuscando alrededor del bicho mientras este se despereza, bosteza y empieza a moverse. Menuda estrategia de infiltración.

Entonces llega fácilmente la mejor escena de toda la película: la conversación entre Bilbo y Smaug. El dragón demuestra ser inteligente, manipulador, aterrador y muchísimo más interesante que prácticamente cualquier otro personaje de la trilogía. El bicho empieza a jugar mentalmente con Bilbo, intenta descubrir quién es realmente y sospecha enseguida que los enanos planean recuperar el reino y que además han recibido ayuda desde Esgaroth. Ahora bien, también hay cosas bastante extrañas. ¿Cómo demonios consigue Bilbo localizar tan rápido la Piedra del Arca? Estamos hablando de una caverna gigantesca llena hasta arriba de oro, joyas y miles de objetos brillantes desperdigados por todas partes. ¿Y cómo se ha enterado el dragón de que Sauron planea atacar la zona? Porque le cuenta a Bilbo que va a haber un ataque. ¿Estos dos mantienen correspondencia o qué?

Y mientras tanto, en la Ciudad del Lago, nadie parece alarmarse demasiado pese a los terremotos repentinos, los ruidos infernales y los resplandores que salen de la Montaña Solitaria. ¿Nadie piensa en huir? ¿Y por qué encarcelan a Bardo? ¿Sólo por advertir del peligro?

La montaña de las flipadas infinitas

Después de descubrir que el hobbit ha venido con Thorin, Smaug entra en cólera y empieza una persecución gigantesca por toda la montaña. Y aquí la película ya abandona cualquier intento de parecer mínimamente realista. Los enanos intentan matar al dragón utilizando mecanismos gigantescos de la antigua forja mientras sobreviven milagrosamente a explosiones, derrumbes y toneladas de fuego. En cuestión de minutos activan hornos inmensos, crean una estatua gigante de oro fundido prácticamente de la nada y hacen correr el metal líquido sobre Smaug para inmovilizarlo. Todo esto mientras se balancean por cadenas kilométricas como si fueran personajes de videojuego.

Y a pesar de que Smaug era capaz de oler y escuchar la respiración de Bilbo a bastante distancia, aquí pierde convenientemente ese poder y no detecta a los enanos escondidos a pocos metros. Es que hay momentos en los que literalmente los tiene delante y, aun así, en vez de lanzarles una llamarada mortal decide dejarlos escapar por la cara. Además, los enanos llevaban media hora intentando escapar de Erebor, pero… ¿por qué demonios no usan directamente la puerta secreta por donde entraron? La tienen ahí desde el principio. Y otra cosa: ¿cómo no oyen llegar al dragón acercándose? Smaug pesa como un edificio y vuela haciendo más ruido que un puto helicóptero, pero los personajes siempre parecen sorprenderse cuando aparece detrás de ellos.

Y luego llega la decisión más rara de toda la película. Smaug tiene a los enanos atrapados y podría matarlos tranquilamente… pero decide irse a atacar la Ciudad del Lago. ¿Por qué? ¿Qué culpa tienen los pobres? Los tipos que llevan dos horas intentando asesinarte son los enanos. Los tienes literalmente delante. ¿Por qué no acabas primero con ellos? Que se pueden escapar en tu ausencia. Pero bueno, la película necesitaba terminar en cliffhanger. Así que Smaug sale volando hacia Esgaroth mientras todo arde detrás de él y pronuncia la frase más épica de toda la trilogía: “Yo soy fuego… yo soy muerte.”

Una película completamente pasada de vueltas… pero muy entretenida

La Desolación de Smaug es probablemente la película donde la trilogía pierde definitivamente el control. Hay más fanservice, más CGI, más escenas que parecen sacadas de dibujos animados y más momentos donde las leyes de la física son tratadas como simples sugerencias. Los orcos digitales parecen inmunes al sol durante toda la cinta, Legolas hace parkour sin parar, los enanos matan enemigos a cascoporro con suma facilidad y la película intenta meter humor absurdo incluso en escenas donde debería haber tensión.

Luego están personajes como el gobernador de Esgaroth y su ayudante, que parecen sacados de otra película distinta y protagonizan una trama bastante ridícula. El romance entre Tauriel y Kili tampoco ayuda demasiado: está metido con calzador, avanza a velocidad turbo y parece más una obligación de estudio que algo realmente orgánico. Y todo esto acompañado de un metraje larguísimo donde muchas escenas se sienten estiradas artificialmente para convertir un libro relativamente corto en otra superproducción de casi tres horas.

Pero aun así… la película funciona mejor de lo que debería. Porque sigue siendo tremendamente entretenida. Porque Howard Shore vuelve a marcarse una banda sonora espectacular capaz de transportarte directamente a la Tierra Media. Porque Martin Freeman sigue clavando a Bilbo y consigue que el personaje siga siendo humano incluso rodeado de tanto caos digital. Y sobre todo, porque Smaug se come literalmente la película cada vez que aparece en pantalla. 

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