Hay obras de fantasía que cuentan una gran historia y otras que construyen un mundo inolvidable. Kill Six Billion Demons consigue ambas cosas, pero sobre todo logra algo mucho más difícil: recuperar ese sentido de la maravilla que te obliga a detenerte en cada página para contemplar todo lo que está ocurriendo. Si alguna vez te perdiste entre la inmensidad de Blame! o disfrutaste explorando el universo de El viaje de Shuna, aquí volverás a experimentar esa sensación de estar recorriendo un lugar que parece existir mucho más allá de la historia que te están contando.
La protagonista es Allison, una estudiante universitaria que acaba atrapada en Throne, una ciudad situada en el centro de 777.777 universos tras recibir una misteriosa llave de poder infinito. A partir de ahí comienza un viaje repleto de ángeles, demonios, dioses, criaturas imposibles y batallas espectaculares. Sin embargo, el verdadero protagonista nunca llega a ser Allison, sino el inmenso universo que la rodea.
Porque Kill Six Billion Demons no se limita a inventar un mundo de fantasía. Construye una auténtica mitología, con sus propios dioses, religiones, leyendas y filosofías. Puede que durante los primeros capítulos no entiendas qué demonios está ocurriendo, pero da igual. Seguirás pasando páginas porque pocas obras desprenden tanta imaginación, creatividad y capacidad para sorprender como esta.
Un universo para flipar en colores
Una de las mayores virtudes de Kill Six Billion Demons es que su universo no gira alrededor de Allison. La protagonista no llega para convertirse en el centro del mundo ni para cambiarlo todo desde el primer momento. Simplemente cae por accidente en un lugar que lleva miles de años existiendo, con sus propias leyes, guerras, religiones y habitantes. A diferencia de muchas historias de fantasía, donde el mundo parece construirse alrededor del protagonista, aquí ocurre justo lo contrario. Da la impresión de que su aventura es solo una pequeña historia dentro de un escenario muchísimo más grande.
El corazón de ese universo es Throne, una ciudad gigantesca situada en el centro de 777.777 universos conectados entre sí. Sin embargo, lo realmente impresionante no es su tamaño, sino la sensación de profundidad que transmite. Cada mercado, templo, palacio o callejón parece esconder una historia distinta. Los personajes secundarios apenas aparecen unas viñetas, pero muchos desprenden tanto carisma que resulta inevitable preguntarse cuál será su pasado. Incluso las criaturas que se cruzan fugazmente con Allison parecen formar parte de un mundo que sigue viviendo aunque el lector nunca vuelva a encontrarlas. En muy pocas obras resulta tan fácil imaginar que, mientras Allison continúa su viaje, miles de historias completamente distintas siguen desarrollándose en otros rincones de la ciudad sin que lleguemos a verlas nunca.
Esa sensación recuerda, en cierto modo, a El Eternauta, donde los protagonistas tampoco son el centro del universo, sino personas obligadas a sobrevivir en una realidad que los supera por completo. En Kill Six Billion Demons sucede algo parecido: el mundo no existe para Allison, sino que ella debe aprender a encontrar su lugar dentro de él.
Lo mejor es que Abbadon, el autor, nunca recurre a largas explicaciones para contarte cómo funciona todo. No hay un personaje que haga de guía turístico ni capítulos enteros dedicados a explicar el lore. El lector descubre ese universo exactamente igual que Allison: observando, escuchando conversaciones y uniendo piezas poco a poco. Al principio es normal sentirse completamente perdido, pero esa confusión forma parte de la experiencia. En lugar de entregarte todas las respuestas desde el principio, el cómic te invita a explorar, a sacar tus propias conclusiones y a perderte en un mundo que parece no tener fin.

Un apartado artístico sencillamente descomunal
Hablar del dibujo de Kill Six Billion Demons es casi tan complicado como explicar su argumento. No porque sea difícil describirlo, sino porque pocas veces un apartado artístico transmite tanta personalidad. Basta con ver una sola página para reconocer inmediatamente el estilo de Abbadon, algo que solo consiguen autores con una identidad visual muy marcada, como Ben Templesmith o Frank Miller.
Lo primero que llama la atención es la cantidad de detalles. Cada viñeta está repleta de edificios imposibles, templos gigantescos, criaturas extravagantes, demonios de todos los tamaños, ángeles mecánicos, palacios descomunales y personajes que apenas aparecen un instante, pero que parecen tener una historia detrás. Casi todas las páginas invitan a detener la lectura durante varios minutos simplemente para recorrer con la vista todo lo que está ocurriendo en segundo plano.
Pero el mérito de Abbadon no consiste únicamente en dibujar bien. También sabe cómo contar una historia con sus ilustraciones. La composición de las páginas cambia constantemente, las escenas de acción transmiten una sensación de velocidad y fuerza espectacular y el uso del color convierte cada escenario en un lugar con personalidad propia. Incluso cuando el lector todavía no entiende del todo qué está ocurriendo, las imágenes siguen comunicando una escala y una grandiosidad difíciles de encontrar en otros cómics.
Lo más sorprendente es que esa creatividad nunca parece agotarse. Cada nuevo capítulo introduce ciudades, criaturas, armas, vestimentas o diseños completamente distintos, como si el autor fuera incapaz de repetirse. Da igual cuántas páginas lleves leídas: siempre aparece algo capaz de hacerte pensar «¿cómo demonios se le ha ocurrido esto?». Y esa capacidad para reinventarse constantemente es una de las razones por las que Kill Six Billion Demons deja una impresión tan difícil de olvidar.
Mucho más que un simple cómic de fantasía
Si el espectacular dibujo consigue llamar la atención desde la primera página, lo que termina atrapando al lector es descubrir que detrás de todo ese despliegue visual existe una mitología enorme. Kill Six Billion Demons no se limita a inventar un puñado de ciudades y personajes carismáticos, sino que construye una cosmología completa con sus propios dioses, religiones, textos sagrados, leyendas y filosofías. Es un universo que da la impresión de llevar desarrollándose miles de años antes de que Allison aparezca en escena.
Gran parte de esa sensación se consigue gracias a los pequeños textos que aparecen entre capítulos. Lejos de ser simples curiosidades, funcionan como antiguos manuscritos, parábolas o fragmentos de escrituras sagradas que amplían poco a poco la historia del universo. En lugar de detener la narración para explicarte cómo funciona todo, Abbadon prefiere dejar pequeñas pistas repartidas por la obra y permitir que sea el propio lector quien vaya reconstruyendo el puzle.
Las influencias también resultan evidentes. A lo largo del cómic pueden encontrarse referencias al budismo, el hinduismo, el gnosticismo, el cristianismo o la filosofía oriental, aunque nunca aparecen copiadas de forma literal. Todas esas ideas se mezclan para crear una identidad completamente propia donde los dioses hablan mediante paradojas, la violencia forma parte de la existencia y el poder se convierte en uno de los grandes temas de la historia.
Precisamente por eso Kill Six Billion Demons no siempre es una lectura sencilla. Hay conceptos que tardan cientos de páginas en cobrar sentido y personajes cuya importancia solo se comprende mucho tiempo después de conocerlos. Sin embargo, esa complejidad nunca resulta gratuita. Al contrario, consigue que el universo parezca inmenso y que cada nueva lectura permita descubrir detalles que habían pasado completamente desapercibidos.

Una experiencia que no se parece a ninguna otra
Hay cómics que enganchan porque quieres descubrir cómo termina la historia. Con Kill Six Billion Demons ocurre algo diferente. Claro que quieres saber qué será de Allison, pero lo que realmente te empuja a pasar la página es la curiosidad por descubrir qué locura ha imaginado Abbadon esta vez. Cada capítulo introduce un escenario imposible, un personaje fascinante o una idea completamente inesperada que mantiene viva esa sensación de descubrimiento constante.
Eso no significa que sea una lectura para todo el mundo. Es un cómic exigente, que apenas da explicaciones y obliga al lector a aceptar que no va a comprender todas las respuestas desde el principio. A veces puede resultar confuso e incluso abrumador, especialmente durante los primeros tomos. Sin embargo, quienes consiguen entrar en su juego suelen descubrir una obra que recompensa la paciencia con uno de los universos más ricos y originales del cómic moderno.
Además, la historia nunca da la impresión de estancarse. Conforme Allison evoluciona y empieza a comprender el lugar que ocupa dentro de ese inmenso tablero, el cómic cambia continuamente de registro. Lo que comienza como una aventura fantástica termina mezclando acción, humor, drama, filosofía y épica con una naturalidad sorprendente, sin perder nunca la sensación de que cualquier cosa puede ocurrir en la siguiente página.
Precisamente ahí reside la grandeza de Kill Six Billion Demons. No intenta impresionar con un único giro espectacular ni con una batalla concreta. Su mayor virtud consiste en mantener vivo el asombro durante toda la lectura, haciendo que cada capítulo invite a seguir explorando un universo que parece no agotarse nunca.

Una joya oculta que merece estar en el Olimpo
En un momento en el que buena parte de la fantasía parece conformarse con repetir las mismas ideas una y otra vez, Kill Six Billion Demons demuestra que todavía es posible crear mundos capaces de sorprender de verdad. No es un cómic perfecto, ni pretende ser una lectura fácil. Exige paciencia, acepta que el lector se sienta perdido durante bastante tiempo y nunca ofrece todas las respuestas de inmediato. Pero precisamente ahí reside parte de su encanto.
Si buscas una historia que te lleve de la mano, probablemente no sea tu obra. Sin embargo, si disfrutas explorando universos inmensos, descubriendo mitologías construidas desde cero y contemplando páginas que parecen auténticas ilustraciones para enmarcar, pocas lecturas resultan tan recomendables. No es casualidad que quienes lo descubren hablen de él con tanta pasión. Kill Six Billion Demons es una de esas raras obras que consiguen despertar el sentido de la maravilla una y otra vez, recordándonos que la imaginación sigue siendo el recurso más poderoso que existe.
Además, una de sus mayores virtudes es que puede leerse de forma completamente gratuita a través del webcómic oficial, que continúa actualizándose con nuevos capítulos. Y si el inglés no es lo tuyo, también existe un excelente proyecto de traducción al español realizado por aficionados, que ha permitido acercar esta joya a muchos más lectores. Así que ya no tienes excusa: si después de leer este artículo te ha picado la curiosidad, prepárate para adentrarte en uno de los universos más imaginativos que ha dado el cómic moderno.
