Hay universos de ficción que se entienden en diez minutos. Aprendes quién es el que corta el bacalao, dónde viven los protagonistas y cuáles son las reglas básicas, y listo. Kill Six Billion Demons juega en otra liga. Aquí no basta con memorizar cuatro nombres o aprender quién es el villano de turno. Su creador, Tom Parkinson-Morgan, conocido como Abbadon, construyó una auténtica mitología con dioses, reyes, religiones, escrituras sagradas, leyendas y miles de años de historia que parecen extenderse mucho más allá de lo que muestran las viñetas.
No es extraño que muchos lectores terminen los primeros capítulos completamente desorientados. ¿Qué demonios es Throne? ¿Quién era YISUN? ¿Por qué existen siete reyes? ¿Qué son realmente las Llaves? Lo curioso es que esa confusión no es un defecto del cómic, sino una decisión completamente intencionada. Igual que Allison, el lector llega a un universo que no va a detenerse para explicarle cómo funciona.
En este artículo vamos a recorrer los pilares fundamentales de ese mundo sin convertirlo en una enciclopedia interminable. Porque entender el universo de Kill Six Billion Demons no consiste únicamente en aprender nombres extraños, sino en descubrir la filosofía, las ideas y la imaginación desbordante que convierten esta obra en una de las fantasías más originales jamás escritas.
Si disfrutas de cómics con una personalidad arrolladora, capaces de romper las reglas del género como Blame!, El viaje de Shuna o Wormwood: Putrefacto Caballero, prepárate para descubrir una de las obras más imaginativas que ha dado el noveno arte en las últimas décadas.
Un universo nacido de la muerte de un dios
Toda gran mitología necesita una historia sobre el origen del universo. En la tradición griega fue el Caos, en la nórdica el gigante Ymir y, en el legendarium de Tolkien, que exploramos en Los hijos de Húrin, el mundo nace de la música de los Ainur y de la voluntad de Eru Ilúvatar. Kill Six Billion Demons también posee su propio relato fundacional, aunque, como casi todo en esta obra, resulta bastante más extraño.
Al principio solo existía YISUN, un ser absoluto que lo era todo al mismo tiempo. No era simplemente un dios, sino la propia realidad. El tiempo, el espacio, la vida, la muerte y cualquier posibilidad imaginable formaban parte de él. Sin embargo, esa perfección tenía un problema: si todo era YISUN, nada podía cambiar. No existía el conflicto, ni la sorpresa, ni la evolución. El universo era eterno, pero también completamente inmóvil. Como era todas las cosas al mismo tiempo, decidió dividirse en dos mitades: YIS y UN.
Ambas combatieron durante siete años en una guerra imposible que dio forma a la propia idea del conflicto. Después, agotados de luchar, decidieron darle al folleteo durante siete horas, demostrando que los opuestos también se necesitan para existir. Solo entonces YISUN decidió romperse definitivamente. De los fragmentos de aquel dios nacieron los ángeles, los demonios, los dioses, los incontables universos y toda forma de vida conocida.
Ese origen explica buena parte de la filosofía que impregna toda la obra. El mundo nace imperfecto porque procede de una ruptura. Por eso conceptos como las paradojas, la voluntad, el conflicto o la violencia aparecen constantemente a lo largo del cómic. No son ideas introducidas porque suenen profundas, sino las consecuencias naturales de un universo cuyo primer acontecimiento fue el sacrificio de su propio creador.
Lo más brillante es la forma en que Abbadon decide contar todo esto. En lugar de detener la historia para dar una larga explicación, esconde el origen del universo entre parábolas, antiguos manuscritos y fragmentos de escrituras sagradas repartidos entre capítulos. Poco a poco el lector reconstruye esa mitología igual que un arqueólogo recompone una civilización perdida. Y cuando todas las piezas empiezan a encajar, entiendes que Kill Six Billion Demons no solo cuenta una historia de fantasía: ha construido una religión completamente nueva.

Throne: la ciudad donde todo parece posible
Si YISUN representa el origen del universo, Throne es su corazón. No se trata únicamente de una ciudad gigantesca, sino del punto donde convergen 777.777 universos, un lugar tan inmenso que resulta imposible imaginarlo en su totalidad. En sus calles conviven ángeles, demonios, dioses caídos, mercaderes, asesinos, peregrinos y criaturas que desafían cualquier intento de clasificación. Más que una ciudad, Throne parece un mundo entero comprimido en un único lugar.
Lo fascinante es que Abbadon evita convertirla en un simple escenario para las aventuras de Allison. Mientras otras obras utilizan sus ciudades como un decorado por el que desfilan los protagonistas, Throne parece tener vida propia. Sus mercados continúan abiertos aunque Allison no pase por ellos, los templos siguen celebrando sus rituales y miles de historias diferentes transcurren al mismo tiempo en rincones que el lector jamás llegará a visitar. Esa sensación de inmensidad hace que el universo parezca auténtico, como si solo estuviéramos observando una pequeña parte de algo muchísimo más grande.
Buena parte de esa grandeza nace de la mezcla de influencias. Throne recuerda por momentos a la legendaria Babilonia, una ciudad donde se cruzaban pueblos, religiones y culturas de todos los rincones del mundo. En otras ocasiones transmite la sensación de inmensidad de Coruscant, el planeta-ciudad de Star Wars, con interminables niveles, edificios imposibles y una población inabarcable. Sin embargo, Kill Six Billion Demons añade un ingrediente que la convierte en un lugar único: todo parece antiguo. No importa si observas un mercado, un puente o un palacio; siempre da la impresión de que llevan miles de años allí, acumulando historias que nunca llegaremos a conocer.
Esa es, probablemente, la mayor virtud de Throne. No parece un escenario construido para que se desarrolle una historia, sino una civilización completa con su propia política, religión, economía y memoria. Mientras Allison intenta encontrar respuestas, el lector tiene la constante sensación de que detrás de cada puerta existe otra aventura completamente distinta. Muy pocos cómics consiguen transmitir esa impresión de infinito, y esa es una de las razones por las que resulta tan difícil olvidarse de Kill Six Billion Demons una vez has cruzado sus puertas.

Los siete reyes que conquistaron el cielo
Si Throne es el corazón del universo, los auténticos dueños de ese corazón son los Siete Demiurgos. Mucho antes de que Allison apareciera en escena, estos antiguos conquistadores lograron hacerse con las Llaves, fragmentos del inmenso poder de la antigua realeza universal. Gracias a ellas sometieron incontables mundos y se repartieron el dominio de la creación, convirtiéndose en auténticos dioses a ojos de la mayoría de sus habitantes.
Lo interesante es que Kill Six Billion Demons evita convertirlos en simples villanos con ganas de dominar el mundo. Cada uno gobierna de una forma distinta y representa una manera diferente de entender el poder. Algunos creen en el orden absoluto, otros en la fuerza, otros en el conocimiento, la riqueza o el engaño. Ninguno es completamente bueno ni completamente malvado. Son personajes marcados por siglos de guerras, conquistas y decisiones imposibles que han terminado transformándolos en aquello que un día juraron combatir.
Esa es precisamente una de las grandes ideas del cómic. El verdadero enemigo no es un personaje concreto, sino la propia naturaleza del poder. A medida que conocemos a los Demiurgos comprendemos que ninguno consiguió cambiar el universo. Simplemente sustituyeron a quienes gobernaban antes que ellos y acabaron atrapados en el mismo ciclo de violencia, ambición y miedo que pretendían romper.
Por eso Allison representa una amenaza tan importante. No solo porque posea una Llave capaz de alterar el equilibrio entre los siete reyes, sino porque simboliza la posibilidad de que las cosas puedan hacerse de otra manera. Mientras los Demiurgos miran constantemente al pasado e intentan conservar el poder que ya poseen, Allison todavía tiene la oportunidad de decidir qué clase de gobernante quiere llegar a ser… o incluso si merece la pena que exista alguien con un poder semejante.
Un universo donde la filosofía importa más que la magia
Si algo diferencia a Kill Six Billion Demons de la mayoría de obras de fantasía es que su universo no se sostiene únicamente sobre reyes, demonios o batallas espectaculares. Detrás de todo eso existe una filosofía que impregna prácticamente cada conversación, cada texto sagrado y cada decisión importante. Aquí las grandes preguntas no son quién vencerá el próximo combate o quién conseguirá más poder, sino qué significa realmente gobernar, hasta dónde puede llegar la voluntad de una persona o si la violencia forma parte inevitable de la existencia.
Buena parte de esas ideas aparecen en los antiguos escritos atribuidos a YISUN, llenos de parábolas y frases que, a simple vista, parecen auténticos disparates. El verdadero nombre de Dios es «Yo». Vivir es un acto de violencia. Solo un idiota no puede creer en las paradojas. Son afirmaciones que desconciertan durante la primera lectura, pero que poco a poco empiezan a cobrar sentido conforme avanza la historia. El lector descubre que no está ante simples frases grandilocuentes, sino ante la base filosófica sobre la que se construye todo el universo.
Las influencias también resultan evidentes. A lo largo del cómic pueden encontrarse ecos del budismo, el hinduismo, el gnosticismo o el taoísmo, aunque Abbadon nunca se limita a copiar esas religiones. Las mezcla, las transforma y crea una identidad completamente nueva que consigue parecer tan antigua y compleja como cualquier mitología real. Esa es una de las razones por las que muchos lectores comparan Kill Six Billion Demons más con una colección de textos sagrados que con un cómic de fantasía convencional.
Precisamente por eso resulta tan difícil resumir esta obra en unas pocas líneas. Explicar su argumento es relativamente sencillo. Explicar cómo piensa su universo ya es otra historia muy distinta. Y esa es la mayor virtud de Abbadon: demostrar que un cómic puede entretener con sus combates y, al mismo tiempo, invitar al lector a detenerse para reflexionar sobre cuestiones que normalmente encontraríamos en un tratado de filosofía o en un antiguo libro de mitología.

Un universo que apenas hemos empezado a explorar
Después de recorrer los orígenes de YISUN, pasear por las interminables calles de Throne, descubrir quiénes son los Siete Demiurgos y asomarnos a la filosofía que sostiene toda la obra, resulta evidente que Kill Six Billion Demons es mucho más que un simple cómic de fantasía. Tom Parkinson-Morgan no creó únicamente una historia protagonizada por una chica con una llave mágica; construyó una mitología completa, un universo que parece llevar miles de años desarrollándose y que da la sensación de esconder infinitas historias más allá de las páginas que estamos leyendo.
Cuanto más descubres sobre este mundo, más consciente eres de todo lo que todavía queda por conocer. Cada ciudad, cada personaje, cada antiguo manuscrito y cada conversación parece abrir una puerta hacia nuevos misterios. Muy pocas obras consiguen transmitir esa sensación de inmensidad y de historia viva, como si el lector solo estuviera contemplando una pequeña parte de algo muchísimo más grande.
Y es que entender este universo no consiste únicamente en memorizar nombres extraños o seguir el mapa de Throne. Significa aprender una nueva forma de mirar la fantasía.