Si preguntas a cualquier persona por Studio Ghibli, lo más probable es que responda «Miyazaki». Si le pides una segunda respuesta, probablemente atine a murmurar «Totoro». Y si le preguntas por otro director del estudio… lo normal es que empiece a balbucear incoherencias mientras empieza a sudar fuerte.
No es culpa de nadie. Hayao Miyazaki es uno de los mejores directores de la historia del cine y también un extraordinario autor de cómics, responsable de obras como El viaje de Shuna o Nausicaä del Valle del Viento. Buena parte de las películas más famosas de Ghibli llevan su firma. Pero reducir Studio Ghibli únicamente a Miyazaki es como decir que los Beatles eran solo Paul McCartney, que el universo Marvel lo inventó Iron Man o que lo mejor de una pizza es la caja de cartón. Detrás del estudio también hubo otros directores con un talento descomunal, como Isao Takahata, Yoshifumi Kondō o Hiromasa Yonebayashi, responsables de algunas de las películas de animación más emocionantes, originales y bonitas jamás realizadas.
Porque Ghibli nunca fue solo un hombre. Fue un lugar donde convivieron la fantasía más desbordante, el drama más devastador, las historias cotidianas capaces de hacerte llorar por motivos que ni tú mismo entiendes y una capacidad casi sobrenatural para convertir cualquier idea —desde una niña que reparte pan en una escoba hasta un cerdo piloto que combate piratas aéreos— en una obra de arte.
Por eso este ranking no pretende decidir quién es mejor que quién a puñetazos ni repartir carnés de buen aficionado al anime. Simplemente ordena las mejores películas de Studio Ghibli de muy buenas a auténticas obras maestras, teniendo en cuenta su calidad, su importancia, su influencia y, por supuesto, lo mucho que consiguen que acabes llorando como un bebe durante media hora cuando aparecen los créditos.
Así que prepara unas cuantas horas libres, porque si después de leer este artículo todavía no te entran ganas de ver media filmografía de Studio Ghibli, quizá tengas el corazón de piedra… o simplemente aún no has conocido a Totoro.
15. Puedo escuchar el mar
Cuando la gente piensa en Studio Ghibli suele imaginar espíritus del bosque, castillos ambulantes o gatos gigantes. Puedo escuchar el mar demuestra que el estudio también era capaz de emocionar sin recurrir a una sola pizca de magia.
Dirigida por Tomomi Mochizuki, cuenta la historia de un grupo de adolescentes que descubren lo complicado que puede llegar a ser crecer, enamorarse y entenderse a uno mismo. Suena poco espectacular, y precisamente ahí reside su encanto. Aquí no hay grandes villanos ni épicas batallas; el conflicto está en las relaciones entre unos personajes que se sienten increíblemente reales.
Puede que no tenga la imaginación desbordante de otros clásicos del estudio, pero sí una sensibilidad especial que la convierte en una de las propuestas más infravaloradas de toda la filmografía de Ghibli.
Curiosidad: fue la primera película del estudio realizada casi por completo por un equipo joven, con la intención de demostrar que Ghibli podía seguir existiendo más allá de Miyazaki y Takahata.

14. Arrietty y el mundo de los diminutos
¿Quién iba a decir que una familia de personas de diez centímetros podía protagonizar una de las películas más bonitas de Studio Ghibli? Basada en la novela The Borrowers, Arrietty y el mundo de los diminutos demuestra que no hacen falta guerras épicas ni monstruos gigantes para crear una aventura memorable. A veces basta con intentar coger un terrón de azúcar sin que el dueño de la casa se dé cuenta.
La historia sigue a Arrietty, una diminuta joven que vive escondida bajo el suelo de una casa junto a su familia, sobreviviendo gracias a pequeños «préstamos» de objetos cotidianos. Lo que para nosotros es un simple alfiler o un pañuelo, para ellos supone una herramienta indispensable. Esa forma de transformar lo cotidiano en algo extraordinario es puro Studio Ghibli.
Dirigida por Hiromasa Yonebayashi, es una película delicada, visualmente preciosa y una prueba de que el estudio seguía siendo capaz de crear auténticas maravillas incluso cuando Miyazaki no ocupaba la silla del director.
Curiosidad: aunque la dirigió Yonebayashi, el guion fue adaptado por Miyazaki, que llevaba años soñando con llevar esta historia al cine.

13. Porco Rosso
Hay películas cuya premisa suena completamente absurda… hasta que las dirige Hayao Miyazaki. Porco Rosso trata sobre un piloto italiano convertido en un cerdo que combate piratas aéreos sobre el mar Adriático. Sorprendentemente, acaba siendo una de las películas más elegantes y carismáticas de todo el estudio.
Bajo esa apariencia de aventura ligera se esconde una historia sobre la guerra, el paso del tiempo y la pérdida de la inocencia. Todo ello acompañado por algunos de los combates aéreos mejor animados de la historia del cine, fruto de la pasión casi obsesiva de Miyazaki por la aviación.
Puede que no sea la película más conocida de Ghibli, pero sí una de las que más personalidad desprenden. Porque hay protagonistas memorables… y luego está un cerdo con gabardina que consigue caer mejor que la mayoría de héroes de Hollywood.
Curiosidad: Miyazaki concibió inicialmente Porco Rosso como un mediometraje para proyectarse durante los vuelos de una aerolínea japonesa. La idea creció tanto que terminó convirtiéndose en un largometraje.

12. Nicky, la aprendiz de bruja
Todos hemos tenido esa época en la que pensábamos que convertirnos en adultos iba a ser emocionante. Luego llegan las facturas, la ansiedad y los lunes. Nicky, la aprendiz de bruja habla precisamente de ese momento en el que descubres que crecer es bastante más complicado de lo que parecía.
La película sigue a Nicky, una joven bruja que debe abandonar su hogar durante un año para aprender a valerse por sí misma. Lo que comienza como una aventura llena de ilusión termina convirtiéndose en una historia sobre la independencia, la confianza y el miedo a no estar a la altura. Por eso, más de tres décadas después, sigue conectando igual de bien con niños y adultos.
No tiene grandes villanos ni batallas épicas. Su conflicto es mucho más cercano: perder la confianza en uno mismo. Y precisamente ahí reside gran parte de su encanto.
Curiosidad: Miyazaki no estaba convencido del guion original y acabó reescribiendo buena parte de la película. El resultado fue un éxito tan enorme en Japón que, durante años, fue la cinta más taquillera de Studio Ghibli.

11. El recuerdo de Marnie
Hay películas que hacen ruido y otras que se te cuelan por dentro sin que te des cuenta. El recuerdo de Marnie pertenece claramente al segundo grupo. Es una de esas historias que parecen tranquilas, casi sencillas, hasta que llega el final y te deja con la sensación de haber visto algo mucho más grande de lo que imaginabas.
Dirigida por Hiromasa Yonebayashi, sigue a Anna, una chica solitaria que, durante unas vacaciones en el campo, conoce a la misteriosa Marnie. A partir de ahí, la película mezcla amistad, recuerdos y un pequeño toque de misterio para construir uno de los relatos más emotivos de todo el estudio.
Quizá nunca haya alcanzado la popularidad de El viaje de Chihiro o Mi vecino Totoro, pero muchos aficionados la consideran una de las obras más infravaloradas de Ghibli. Su ritmo pausado, su delicadeza visual y la forma en la que aborda temas como la soledad o la identidad la convierten en una experiencia difícil de olvidar.
Curiosidad: fue la última película producida por Studio Ghibli antes de que el estudio anunciara un parón en la producción de largometrajes tras la retirada (por entonces) de Miyazaki. Durante un tiempo, muchos pensaron que sería el adiós definitivo de Ghibli.

10. El viento se levanta
Después de años regalándonos espíritus, castillos voladores y criaturas imposibles, Hayao Miyazaki decidió hacer una película sobre… un ingeniero aeronáutico. Sobre el papel no parecía precisamente el plan más emocionante del mundo. En la práctica acabó firmando una de las obras más maduras y personales de toda su carrera.
El viento se levanta narra la vida de Jirō Horikoshi, diseñador del famoso caza Mitsubishi A6M Zero, combinando hechos reales con una delicada historia de amor y una profunda reflexión sobre el precio de perseguir los propios sueños. Es una película mucho más realista que el resto de la filmografía de Ghibli, pero conserva intacta la sensibilidad y la capacidad de emocionar que caracterizan al estudio.
No encontrarás grandes escenas de acción ni criaturas fantásticas. Aquí el protagonista es el conflicto entre el talento, la pasión y las consecuencias de poner tus inventos al servicio de la guerra. Un tema complejo que Miyazaki aborda con una enorme elegancia.
Curiosidad: Miyazaki anunció que El viento se levanta sería su última película antes de jubilarse. Como ya sabemos, aquello duró lo mismo que una dieta empezada en enero, y años después regresó para dirigir El chico y la garza.

9. Susurros del corazón
Si alguien te dice que Studio Ghibli solo sabe hacer películas de brujas, espíritus y castillos voladores, ponle Susurros del corazón. Es una de las historias más sencillas del estudio y, precisamente por eso, una de las más especiales.
La película sigue a Shizuku, una estudiante apasionada por los libros que sueña con convertirse en escritora. Cuando descubre que un misterioso chico ha sacado de la biblioteca todos los libros que ella piensa leer, comienza una historia sobre el primer amor, los sueños y ese momento en el que descubres que encontrar tu camino da bastante más miedo que cualquier monstruo.
Dirigida por Yoshifumi Kondō a partir de un guion de Miyazaki, es una película íntima y tremendamente humana que demuestra que Ghibli podía emocionar sin recurrir a la fantasía. Además, fue la primera vez que el estudio apostó por un director diferente a Miyazaki y Takahata para un largometraje de cine. Y, de paso, una de las obras que mejor representan por qué el anime de los 90 quería darte una crisis existencial mientras te abrazaba.
Curiosidad: Yoshifumi Kondō estaba llamado a convertirse en el sucesor natural de Miyazaki e Isao Takahata, pero falleció repentinamente en 1998 con solo 47 años. Muchos creen que Studio Ghibli habría sido muy diferente si hubiera podido desarrollar toda su carrera.

8. Nausicaä del Valle del Viento
Sí, técnicamente no es una película de Studio Ghibli. Y sí, aun así tenía que estar en este ranking. Porque si Nausicaä del Valle del Viento no hubiera existido, Studio Ghibli tampoco. Así de importante fue.
Ambientada en un mundo devastado por una antigua guerra, la película sigue a Nausicaä, una princesa que intenta evitar un nuevo conflicto mientras busca la forma de convivir con una naturaleza que los humanos llevan años empeñados en destruir. Suena sorprendentemente actual para una historia estrenada hace más de cuarenta años.
Aquí ya estaban casi todas las obsesiones de Miyazaki: el ecologismo, la aviación, los personajes femeninos fuertes, la crítica a la guerra y la idea de que el mundo rara vez se divide entre buenos y malos. Más que una película, parece el borrador perfecto de todo lo que Ghibli desarrollaría después.
Curiosidad: el éxito de Nausicaä del Valle del Viento fue tan grande que permitió a Hayao Miyazaki e Isao Takahata fundar Studio Ghibli al año siguiente. En cierto modo, esta es la película que hizo posible todas las demás.

7. El castillo en el cielo
Si alguna vez has querido vivir una aventura con piratas del aire, robots gigantes y una ciudad flotante perdida entre las nubes, enhorabuena: El castillo en el cielo existe. Y sigue siendo una de las películas más entretenidas que ha producido Studio Ghibli.
La historia arranca cuando Pazu y Sheeta emprenden una carrera contrarreloj para encontrar la legendaria ciudad de Laputa antes de que caiga en manos de un ejército y de un grupo de villanos con bastante más ambición que escrúpulos. El resultado es una aventura que apenas da un respiro y que mezcla acción, humor y fantasía con una naturalidad asombrosa.
Aunque no suele aparecer entre las primeras películas que recomienda la gente, muchos aficionados la consideran la aventura más pura de toda la filmografía de Ghibli. Además, ya deja ver muchas de las obsesiones de Miyazaki: la aviación, la tecnología, la naturaleza y la crítica al abuso del poder.
Curiosidad: el nombre de Laputa está tomado de Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift. Miyazaki transformó aquella isla voladora literaria en uno de los escenarios más icónicos de la historia de la animación.

6. Recuerdos del ayer
Si alguien te hubiera dicho que una película sobre una mujer recordando su infancia mientras ayuda en el campo podía convertirse en una obra maestra, probablemente habrías pensado que intentaba venderte un documental de sobremesa. Y, sin embargo, Recuerdos del ayer es una de las películas más maduras y emocionantes de Studio Ghibli.
Dirigida por Isao Takahata, sigue a Taeko, una oficinista de 27 años que, durante un viaje al campo, revive los recuerdos de su niñez. Lo que parece un simple ejercicio de nostalgia acaba convirtiéndose en una reflexión sobre los sueños, las decisiones que marcan nuestra vida y la dificultad de encontrar nuestro lugar en el mundo.
Es una película sin magia, sin aventuras y sin grandes giros de guion. Su fuerza está en lo cotidiano, en esos pequeños momentos que todos hemos vivido y que, con el paso de los años, adquieren un significado completamente distinto. Takahata demuestra que también se puede hacer cine extraordinario hablando de personas normales.
Curiosidad: durante años fue una de las pocas películas de Ghibli que nunca llegó oficialmente a muchos países occidentales, en parte porque se pensaba que una historia tan cotidiana no interesaría al público internacional. El tiempo ha demostrado que estaban bastante equivocados.

5. Mi vecino Totoro
Hay personajes que se convierten en iconos porque protagonizan grandes aventuras. Luego está Totoro, que prácticamente se limita a dormir, sonreír, esperar un autobús bajo la lluvia y ser el ser más achuchable de la historia del cine. Y, aun así, acabó convirtiéndose en la mascota oficial de Studio Ghibli.
La película sigue a dos hermanas que se mudan al campo mientras su madre permanece ingresada en un hospital. Allí descubrirán que el bosque está habitado por criaturas mágicas, entre ellas el inolvidable Totoro. Lo curioso es que apenas ocurre nada extraordinario, pero Miyazaki consigue convertir los pequeños momentos cotidianos en pura magia.
Más que una historia de fantasía, Mi vecino Totoro es una carta de amor a la infancia, a la naturaleza y a esa capacidad que tienen los niños para encontrar aventuras donde los adultos solo ven árboles y barro. Es una película que transmite una paz difícil de explicar y que sigue emocionando igual que hace casi cuarenta años.
Curiosidad: Totoro iba a ser el protagonista de un único largometraje. Hoy es el logotipo oficial de Studio Ghibli y uno de los personajes más reconocibles de toda la historia de la animación.

4. El cuento de la princesa Kaguya
Si alguien te dijera que una película dibujada como si fueran bocetos a lápiz y acuarela iba a convertirse en una de las mayores obras maestras de la animación, probablemente pensarías que está exagerando. Hasta que ves El cuento de la princesa Kaguya.
Dirigida por Isao Takahata e inspirada en uno de los cuentos populares más antiguos de Japón, narra la historia de una misteriosa niña encontrada dentro de un tallo de bambú que crece a una velocidad imposible y acaba siendo criada como una princesa. Lo que comienza como un relato de fantasía termina convirtiéndose en una emocionante reflexión sobre la libertad, la felicidad y el precio de las expectativas ajenas.
Su estilo visual es completamente distinto al de cualquier otra película de Ghibli. Cada plano parece una pintura tradicional japonesa en movimiento, con una animación tan expresiva que resulta imposible apartar la vista de la pantalla.
Curiosidad: fue la película más cara de la historia de Studio Ghibli en el momento de su estreno y tardó casi ocho años en completarse. Takahata insistió en utilizar un estilo artístico único, aunque eso disparara tanto el tiempo de producción como el presupuesto.

3. La tumba de las luciérnagas
Si alguien te recomienda La tumba de las luciérnagas para pasar una tarde agradable, desconfía de esa persona. No porque la película sea mala, sino porque es una de las experiencias más devastadoras que ha dado el cine de animación.
Dirigida por Isao Takahata, cuenta la historia de Seita y su hermana pequeña Setsuko, dos niños que intentan sobrevivir en Japón durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial. Sin recurrir a grandes discursos ni escenas espectaculares, la película muestra las consecuencias de la guerra con una crudeza que sigue resultando demoledora décadas después.
Lejos de la fantasía habitual del estudio, aquí no hay espíritus ni criaturas mágicas que alivien el sufrimiento. Solo dos niños intentando salir adelante en un mundo que ha perdido toda humanidad. El resultado es una obra imprescindible que demuestra que la animación también puede contar algunas de las historias más duras jamás llevadas al cine. Curiosidad: La tumba de las luciérnagas se estrenó el mismo día que Mi vecino Totoro en una sesión doble. Sí, los espectadores japoneses pasaban de llorar desconsoladamente con una tragedia sobre la guerra a abrazar un gato-autobús y un espíritu del bosque. No parece la combinación más lógica, pero terminó siendo historia del cine.

2. La princesa Mononoke
Antes de que El Señor de los Anillos demostrara que la fantasía podía arrasar en taquilla, Miyazaki ya había firmado una de las mejores películas del género. La princesa Mononoke no es solo una aventura épica; es una historia sobre la guerra, la naturaleza, el progreso y la imposibilidad de contentar a todo el mundo. Vamos, que sigue siendo de rabiosa actualidad.
La historia sigue a Ashitaka, un joven príncipe maldito que se ve atrapado en el conflicto entre los humanos, decididos a expandir su civilización, y los espíritus del bosque, dispuestos a defender la naturaleza a cualquier precio. Lo brillante es que aquí no existen héroes perfectos ni villanos absolutos. Todos tienen razones para actuar como lo hacen, y esa complejidad moral es una de las grandes virtudes de la película.
Con una animación espectacular, personajes inolvidables y algunas de las escenas más icónicas de Studio Ghibli, muchos la consideran el punto en el que Miyazaki alcanzó la madurez definitiva como narrador.
Curiosidad: fue la película más taquillera de la historia de Japón en el momento de su estreno, un récord que mantuvo hasta la llegada de Titanic. Además, abrió definitivamente las puertas de Studio Ghibli al público internacional.

1. El viaje de Chihiro
Había muchas candidatas al primer puesto, pero al final era imposible que fuera otra. El viaje de Chihiro no solo es la mejor película de Studio Ghibli; para muchísima gente es también la mejor película de animación jamás realizada.
Todo comienza cuando Chihiro entra por accidente en un mundo habitado por dioses, espíritus y criaturas de la mitología japonesa. Lo que parece una aventura fantástica acaba convirtiéndose en una historia sobre el miedo, el crecimiento, la identidad y la importancia de no perder quién eres, incluso cuando todo a tu alrededor parece completamente absurdo. Y sí, también consigue que un espíritu con máscara dé bastante más mal rollo que la mayoría de villanos del cine.
Visualmente sigue siendo una auténtica barbaridad más de veinte años después. Cada escenario está repleto de detalles, cada personaje rebosa personalidad y cada nuevo rincón parece esconder una historia propia. Es una de esas películas que descubres de niño, disfrutas de adulto y entiendes mejor cada vez que vuelves a verla.
Curiosidad: fue la primera —y, hasta la fecha, única— película de anime en ganar el Óscar a la Mejor Película de Animación. Si además sumamos el Oso de Oro que obtuvo en el Festival Internacional de Cine de Berlín, queda claro que no estamos hablando solo de la mejor obra de Studio Ghibli, sino de una de las grandes joyas de toda la historia del cine.

El verdadero legado de Studio Ghibli
Elegir las mejores películas de Studio Ghibli es prácticamente imposible. Cambia el orden que quieras y siempre aparecerá alguien dispuesto a defender que Porco Rosso, Ponyo o El viento se levanta merecen estar mucho más arriba. Y, probablemente, tenga razón.
Porque esa es la grandeza de Ghibli. Durante décadas ha sido capaz de crear aventuras inolvidables, dramas capaces de romperte el corazón y películas tan mágicas que consiguen hacerte sonreír aunque las hayas visto diez veces. Y todo ello sin depender únicamente de Hayao Miyazaki. Isao Takahata, Yoshifumi Kondō o Hiromasa Yonebayashi también ayudaron a convertir el estudio en una auténtica leyenda.
Al final, el mejor ranking siempre será el tuyo. Porque todos tenemos esa película de Studio Ghibli que sentimos como si hubiera sido hecha especialmente para nosotros. Y eso es algo que muy pocos estudios pueden decir.