⚠️ Este artículo contiene un chingo de spoilers, pero sinceramente la serie es tan mala que tampoco te estás perdiendo gran cosa.
Amazon tenía una oportunidad histórica. Tenía el dinero, tenía una de las licencias más importantes de la fantasía y tenía la posibilidad de explorar la Segunda Edad de la Tierra Media, uno de los periodos más fascinantes del legendarium de Tolkien. El resultado terminó siendo una serie hecha por gente que claramente no entendió por qué funcionaban las películas de Peter Jackson y que tampoco tenía el talento ni la inteligencia necesarias para comprender el alma de la obra original.
Los Anillos de Poder no es simplemente una adaptación libre. Es una serie narrativamente rota, llena de personajes inútiles, decisiones absurdas y situaciones que parecen escritas improvisando sobre la marcha. Todo ello envuelto en toneladas de CGI artificial, diálogos rimbombantes y una obsesión enfermiza por parecer épica mientras la historia se desmorona constantemente.
Gandalf en pelotas y sin memoria: gracias Amazon
Uno de los mayores problemas de la serie es su obsesión por convertir absolutamente todo en una “caja sorpresa”. En lugar de construir personajes interesantes o conflictos sólidos, la trama gira continuamente alrededor de preguntas artificiales: ¿Quién será Sauron? ¿Quién será el Extraño? ¿Quién será el Mago Oscuro? ¿Qué diablos está pasando aquí?
La serie parece escrita por gente convencida de que el espectador solo seguirá enganchado si cada episodio funciona como un clickbait de YouTube. El ejemplo más ridículo es el del Extraño, que básicamente resulta ser Gandalf —para sorpresa de absolutamente nadie— llegando en un meteorito, desnudo, amnésico perdido y miles de años antes de cuando debería aparecer según el lore (Gandalf llegó en barco a la Tierra Media durante la Tercera Edad con plenas capacidades mentales).
Durante dos temporadas enteras apenas hace nada relevante salvo caminar lentamente, poner cara de confundido y servir como misterio ambulante para que internet haga teorías. ¿De qué sirve un mago que no tiene memoria, no controla sus poderes y pasa dos temporadas enteras vagando sin aportar prácticamente nada a la trama? El momento en que los pelosos llaman a Gandalf “Grande-Elfo”, dando supuestamente origen a su nombre, es uno de los momentos más ridículos y vergonzosamente forzados de la historia de la humanidad.
No es un personaje. Es una caja sorpresa con barba
Galadriel: la auténtica villana de la serie
La Galadriel de Los Anillos de Poder parece escrita por alguien que escuchó vagamente quién era el personaje mientras miraba videos de TikTok. En lugar de la figura sabia, poderosa y majestuosa de Tolkien, aquí tenemos una protagonista vengativa, impulsiva y emocionalmente inmadura que toma literalmente todas las decisiones equivocadas posibles.
Toda la trama existe básicamente porque Galadriel es incapaz de comportarse como un ser mínimamente racional. Al principio de la serie ella es la única obsesionada con que Sauron sigue vivo. Nadie la cree, todos la tratan con paternalismo e incluso el Alto Rey Gil-Galad la exilia a Valinor para que deje de dar por saco. Y entonces ella decide tirarse en mitad del océano para volver nadando a la Tierra Media porque sí. Y, por supuesto, en medio del océano infinito se encuentra casualmente con Sauron. Porque el universo de la serie es aproximadamente del tamaño de un centro comercial.

Pero lo realmente espectacular llega cuando descubre finalmente quién es Sauron… y decide no contárselo a nadie. Después de pasarse toda la serie obsesionada con demostrar que Sauron seguía vivo y llorando porque todos la toman por paranoica, cuando tiene la oportunidad de soltar el mayor zasca de toda la Segunda Edad, se queda callada. Ni avisa a Celebrimbor, ni alerta a Elrond ni a Gil-Galad, ni explica lo que acaba de ocurrir. Simplemente deja escapar al mayor enemigo de la Tierra Media por la cara. Esto permite a Sauron regresar tranquilamente a Eregion para seguir manipulando a Celebrimbor.
Es decir, la propia protagonista provoca indirectamente la creación de los Anillos de Poder porque decide ocultar la información más importante de toda la Tierra Media. Galadriel no combate a Sauron: le hace el trabajo gratis.
Sauron: un personaje que cambia de poder según convenga al guion
La serie tampoco parece tener claro qué demonios puede hacer Sauron. En un episodio es prácticamente un dios manipulador capaz de leer mentes, destruir puentes a cientos de kilómetros de distancia y controlar tumularios y criaturas marinas gigantescas. En otro, un puñado de orcos de chichinabo lo apuñalan como si fuera un NPC cualquiera.
Además, su comportamiento no tiene ningún sentido. Si quería esconderse de los elfos para que todos pensaran que estaba muerto, ¿por qué iba dejando su símbolo por fortalezas heladas como un villano cutre de serie B? ¿Por qué vuelve a Eregion usando exactamente la misma apariencia después de haber sido descubierto? ¿Por qué provoca el ataque de Adar a la ciudad mientras Celebrimbor todavía está forjando los anillos?
La lógica diría que dejaras trabajar tranquilo al herrero más importante del mundo antes de arrasar su ciudad. Pero no. Sauron monta una guerra gigantesca justo cuando necesita que Celebrimbor esté concentrado, es que es de traca. Están cayendo catapultazos por toda la ciudad mientras el elfo intenta terminar el trabajo, la torre de la fragua no se derrumba de un proyectil de milagro. La serie intenta hacer parecer a Sauron un manipulador brillante mientras le escribe planes propios de un malo de telenovela. La lógica militar en Los Anillos de Poder directamente no existe.
Adar y los planes estratégicos escritos por una ameba
Otro que tiene la inteligencia justa para no cagarse encima es Adar. Este necesita abrir la presa para que la corriente de agua llegue al volcán inactivo y este entre en erupción dando origen a Mordor. Vale no vamos a entrar en la enorme y absurda chorrada de este plan. Adar necesita la empuñadura que sirve como llave para abrir el desagüe, pero en vez de buscarla primero, (al final estaba casualmente escondida en una taberna cercana) decide pasar meses excavando túneles kilométricos mientras secuestra a todos los aldeanos de la zona, sin tener ni una pista de la dichosa llave. Y entretanto, los elfos de la atalaya que están a por uvas no se enteran absolutamente de nada de lo que pasa delante de sus elficas narices.

Y lo más absurdo es que más adelante la propia serie demuestra que los orcos podían reventar montañas enteras usando catapultas gigantes. Es decir, podían haber destruido la presa directamente desde el principio y ahorrarse todo ese intrincado y disparatado plan.
Arondir: el elfo más inútil de toda la Tierra Media
Arondir tampoco ayuda mucho a que el espectador se tome en serio la trama. Después de descubrir que la empuñadura es un objeto claramente maligno y peligrosísimo, su brillante idea consiste en esconderla exactamente en la misma taberna donde se refugian todos mientras esperan el ataque de los orcos. Como era de esperar Theo, que lo estaba espiando, descubre donde está y termina revelando la información a los enemigos para proteger a su madre.
Más tarde, Adar es capturado por Galadriel. La elfa ha sido avisada por Arondir de que el villano posee un objeto muy poderoso y maligno. Pero cuando esta recupera el supuesto objeto envuelto en trapos, no se molesta siquiera en comprobar qué hay dentro antes de entregárselo tranquilamente a Arondir. Ni siquiera le pregunta qué demonios es, a pesar de que el elfo le había dejado claro que se trataba de un arma peligrosísima.
Mientras los protagonistas celebran la victoria como si fueran genios estratégicos, uno de los esbirros de Adar utiliza la auténtica llave para provocar la erupción del Monte del Destino y transformar las Tierras del Sur en Mordor. Básicamente, el apocalipsis ocurre porque ninguno tuvo la brillante idea de abrir el maldito paquete para confirmar su contenido.
El tiempo y el espacio dejan de existir
En Tolkien, los acontecimientos de la Segunda Edad duran miles de años. En Los Anillos de Poder parece que todo ocurre durante tres fines de semana intensos.
Las distancias dejan de importar completamente. Personajes que deberían tardar semanas o meses en viajar aparecen de repente en la otra punta del mapa como si usaran teletransporte. Galadriel encuentra a Sauron en mitad del océano porque si. Elrond se va de Eregion a Moria (a unos 100 km de distancia) a pie y sin coger ni siquiera una chaquetilla por si refresca o un bocadillo por si le entra luego el hambre. Los ejércitos parecen llegar exactamente cuando el guion lo requiere. Nadie parece necesitar comida, descanso ni planificación.
La Tierra Media se siente diminuta, artificial y completamente vacía de escala épica real. Mas que la tierra Media parece la Tierra y Cuarto.

El síndrome “copiemos a Peter Jackson”
La serie tiene una obsesión desesperada por recordar constantemente a las películas de Jackson: romances entre elfos y mortales, hobbits donde no toca, planos calcados, armas poderosas que corrompen, escenas copiadas y estructuras visuales idénticas. La atalaya de Tirharad es básicamente una imitación barata del Abismo de Helm.
El problema es que copiar la superficie visual no sirve de nada si no entiendes el alma de la obra original. Jackson podía tomarse libertades porque entendía profundamente los temas centrales de Tolkien: sacrificio, decadencia, amistad, esperanza y corrupción del poder. Los Anillos de Poder parece entender únicamente que “la gente con capas y música épica da dinero”.
La contradicción más absurda de toda la serie es que constantemente intenta atraer a fans y no fans al mismo tiempo… y fracasa con ambos.
Se pasa el lore por el arco del triunfo cuando le conviene, alterando cronologías, inventando personajes, modificando eventos fundamentales y cambiando personalidades enteras (del beso entre Elrond y su suegra Galadriel mejor ni hablar). Pero al mismo tiempo mete referencias ultra específicas y detalles muy concretos del legendarium esperando que los fans aplaudan como focas cada vez que reconocen un nombre.
¿Entonces para quién es esto exactamente?
Para los fans de Tolkien resulta una adaptación frustrante. Para quienes no conocen el lore, muchas tramas parecen confusas y artificialmente solemnes.
Inclusión Élfica Premium™ con Diversidad de Edición Limitada
En Los Anillos de Poder, la multiculturalidad parece diseñada por un comité de marketing más que por una lógica interna de la Tierra Media: pueblos diminutos de apenas cincuenta individuos donde conviven negros, asiáticos, latinos y europeos sin explicación alguna, como si hubieran montado una convención internacional de cosplay en mitad del bosque. Esto ocurre con todas las razas: entre los enanos de Khazad-dûm, los elfos de Lindon o los Pelosos errantes, tienes la sensación de que no has viajado a ningún lugar distinto; todo se ve igual, como una gran urbe moderna disfrazada de fantasía.
La serie presume de inclusión, pero al final casi todos los protagonistas importantes siguen siendo blancos, y el ejemplo más visible de “diversidad” acaba siendo Arondir cargando él solo con toda la representación étnica relevante del reparto. Todo se siente artificial, cosmético, puesto ahí para la foto promocional más que para enriquecer el universo. Y mientras tanto, los Pelosos, vendidos como seres entrañables y puros, resultan ser pequeñas criaturas asquerosas y oportunistas que abandonan a los débiles, dejan morir a los enfermos y convierten el “si no puedes seguir, te jodes” en filosofía comunitaria. Pocas veces dentro de una obra de fantasía una raza presentada como adorable ha resultado tan malvada y miserable.
Una serie visualmente gigantesca… y emocionalmente hueca
Y quizá ese sea el mayor pecado de Los Anillos de Poder. No que contradiga el lore. No que tenga personajes mal escritos. No que el guion sea absurdo. Lo peor es que, pese a costar una cantidad obscena de dinero, la serie rara vez transmite emoción real.
Todo parece falso: escenarios de plastiquete mezclados con CGI excesivo, armaduras limpísimas, ropas que parecen disfraces, diálogos cursis, batallas sin tensión y muertes irrelevantes.
Incluso momentos que deberían ser devastadores terminan pareciendo ridículos. Una erupción volcánica arrasa una aldea entera… y los protagonistas sobreviven a una nube piroclástica de más de 500ºC y que viaja a 700 km/h soló cubiertos de ceniza naranja como si hubieran estado nadando en una piscina llena de Cheetos.

Las escenas de batalla son otro ejemplo perfecto de lo pequeña y artificial que se siente constantemente la serie pese a su presupuesto descomunal. La supuesta gran batalla épica de la primera temporada termina reducida a un enfrentamiento bastante cutre entre unos pocos aldeanos y un grupo de orcos en una aldea perdida que jamás transmite sensación de escala real. Más que un conflicto legendario que decidirá el destino de la Tierra Media parece una reyerta entre Villarriba y Villabajo por un tema de lindes.
La segunda temporada intenta aumentar el espectáculo con el asedio de Eregion, pero el resultado acaba siendo una batalla confusa, mal montada y completamente carente de ritmo o épica. Nunca hay sensación de estrategia, furor bélico o grandeza militar; simplemente parecen escenas desconectadas llenas de CGI y personajes corriendo de un lado a otro como pollos sin cabeza.
Númenor, un imperio low cost de mercadillo
Númenor debería sentirse como el mayor imperio humano de la historia de la Tierra Media: una civilización gigantesca capaz de rivalizar con los elfos en poder, conocimiento y arquitectura. En la serie, sin embargo, parece una ciudad costera mediocre gobernada por cuatro personas en una sala pequeña.
Sin contar algun que otro plano general, la serie no muestra grandes avenidas, plazas monumentales, puertos colosales ni sensación de imperio marítimo. La mayoría de escenas siempre se desarrollan en callejones mugrientos, tabernas cutres o la ultrareciclada sala del trono. Toda la nobleza local parece reducirse a la reina, su primo conspirador y Galadriel apareciendo por allí para mover la trama. Su gigantesca flota legendaria consiste básicamente en tres barcos medio vacíos. Y hasta para reclutar soldados necesitan pedir voluntarios como si fueran una aldea cualquiera. Y estos supuestos soldados de elite son entrenados en la plaza del mercado por la misma Galadriel, porque aquí no hay cuarteles ni academias militares ni oficiales instructores ni nada que se le parezca.
Lo mismo ocurre con Eregion, cuya supuesta capital parece limitarse siempre a la misma plazoleta de cartón piedra regrabada desde distintos ángulos y que desarrolla mágicamente murallas de un episodio a otro porque patatas.
Esta falta de estructuras políticas también afecta a las Tierras del Sur, donde no hay reyes, líderes locales ni organización militar alguna, así que Bronwyn pasa de ser curandera a liderar a toda una región porque el guion lo decide. Y por si eso no fuera suficientemente absurdo, Arondir termina nombrando a Theo “señor de Pelargir” prácticamente porque sí, como si regalar títulos nobiliarios fuera algo que cualquier elfo random pudiera hacer un domingo por la tarde.
Mil millones de dólares para fabricar un zurullo legendario
Al final, Los Anillos de Poder se siente como el resultado de meter a Tolkien en una trituradora corporativa junto a mil millones de dólares, un comité de ejecutivos sin escrúpulos y un grupo de guionistas mediocres y sinvergüenzas obsesionados con fabricar misterios cutres para Twitter.

Todo resulta artificial: las batallas, los reinos, las relaciones, el CGI y hasta las emociones. Númenor parece un mercadillo con brillantina, Eregion una plaza cutre de corchopán y Sauron un villano que improvisa planes absurdos mientras Galadriel destruye la Tierra Media tomando las peores decisiones posibles. Lo más triste es que debajo de toda esa montaña de dinero no hay épica, ni magia, ni grandeza… solo una telenovela vacía, arrogante y profundamente estúpida que demuestra que tener el presupuesto más grande de la historia no sirve absolutamente de nada si no tienes talento ni ganas de contar una historia.