Las 10 mejores películas de animación por ordenador para llorar como un desgraciado

Hubo un momento en que Disney dejó de dibujar princesas a mano y decidió utilizar ordenadores para hacer algo muchísimo más peligroso: destrozarnos psicológicamente usando juguetes, robots, ancianos deprimidos y canciones que se quedan atrapadas en tu cerebro durante décadas. Y lo peor es que este plan malvado les funcionó de maravilla.

Porque entre Disney y Pixar acabaron creando algunas de las mejores películas de animación de todos los tiempos. Películas capaces de hacer reír, llorar y provocar crisis existenciales mientras aparentemente estaban dirigidas a niños pequeños comiendo cereales delante de la tele.

Y sí, antes de que aparezca el típico purista escondido en internet: muchas de estas películas son de Pixar, pero Pixar pertenece a Disney desde hace años y forma parte del mismo imperio corporativo que lleva media vida manipulándonos sentimentalmente.

Este top es subjetivo y, por tanto, una verdad universal socrática.

10. Frankenweenie

Frankenweenie es probablemente una de las películas más raras y menos valoradas que ha sacado Disney en los últimos años. Tim Burton aprovechó la historia clásica de Frankenstein para hacer una carta de amor maravillosa al cine antiguo de terror, llena de estética gótica, humor extraño y criaturas resucitadas que parecen salidas de una pesadilla adorable.

La animación stop motion tiene muchísimo encanto y toda la película desprende esa sensación artesanal que hoy cuesta muchísimo encontrar. Además, consigue algo muy difícil: hablar sobre la muerte, la pérdida y el duelo sin dejar de sentirse entrañable. Y luego están todos los homenajes a las películas clásicas de monstruos, que convierten la cinta casi en un parque de atracciones para amantes del cine fantástico.

9. Frozen

Frozen fue un fenómeno cultural tan gigantesco que durante varios años parecía literalmente imposible escapar de “Let It Go”. La canción sonaba en tiendas, anuncios, cumpleaños infantiles y hasta en los sueños de padres traumatizados.

Pero más allá de la saturación colectiva, la película funciona realmente bien. Disney consiguió actualizar el modelo clásico de princesas sin destruir completamente su esencia y creó una historia mucho más centrada en el vínculo entre hermanas que en el típico romance de príncipe rescatador.

Además, Elsa se convirtió rápidamente en uno de los personajes más populares de Disney porque representa bastante bien esa sensación de sentirse diferente y querer aislarse del mundo mientras accidentalmente congelas medio reino por ansiedad social extrema.

8. Ratatouille

Ratatouille tiene probablemente una de las premisas más absurdas jamás convertidas en obra maestra: una rata quiere convertirse en chef profesional en París.

Y aun así, Pixar logró hacer una película preciosa sobre creatividad, arte y pasión por lo que uno ama. Lo increíble es cómo consigue transmitir el placer de cocinar y comer mejor que muchísimas películas “serias” sobre gastronomía.

Además, Anton Ego sigue siendo uno de los mejores personajes secundarios de Pixar. Ese crítico gastronómico deprimido y vampírico acaba protagonizando una de las escenas más bonitas del estudio cuando, al probar la comida, vuelve automáticamente a su infancia. Pixar básicamente convirtió un plato de comida en un misil emocional.

7. Buscando a Nemo

Buscando a Nemo logró algo impresionante: hacer que millones de personas desarrollaran ansiedad oceánica mientras se enamoraban del fondo marino.

La película mezcla aventura, humor y trauma infantil con una naturalidad insultante. Porque sí, es divertidísima… pero también tiene barracudas asesinas, tiburones, peces monstruosos de las profundidades y una sensación constante de peligro.

Y aun así, todo funciona gracias a Marlin y Dory. Uno es un padre neurótico incapaz de relajarse cinco segundos y la otra es un pez incapaz de recordar qué estaba haciendo hace tres segundos. Y, de alguna manera, terminan siendo una de las parejas más adorables de Pixar.

6. Monstruos S.A.

Monstruos S.A. tiene una de las ideas más brillantes jamás salidas de Pixar: monstruos que trabajan asustando niños porque los gritos generan energía para su ciudad.

Solo esa premisa ya da para una película maravillosa. Pero luego encima tiene personajes increíbles, un ritmo perfecto y probablemente una de las relaciones más tiernas de toda la animación moderna entre Sulley y Boo.

Además, Mike Wazowski continúa siendo básicamente el compañero de trabajo insoportable pero divertidísimo que todos hemos conocido alguna vez. Y sí, la escena final con la puerta sigue haciendo daño emocional veinte años después.

5. Del Revés

Del Revés es una película que no debería funcionar bajo ningún concepto. La idea de convertir emociones humanas en personajes de colores dentro de una cabeza suena exactamente igual que un sueño que has tenido tras una mala digestión.

Pero Pixar consiguió convertir eso en una de las películas más inteligentes y emocionales de toda su historia. Porque debajo del humor y las ideas visuales maravillosas, la película habla realmente sobre crecer, perder parte de tu infancia y entender que la tristeza no siempre es algo malo.

Y luego aparece Bing Bong, ese amigo imaginario con aspecto de mezcla entre elefante, gato y algodón de azúcar emocionalmente devastador, y ya directamente Pixar decide declararte la guerra psicológica.

4. WALL·E

WALL·E demuestra que un robot oxidado diciendo apenas dos palabras puede transmitir más emociones que muchos protagonistas humanos.

La primera media hora es prácticamente cine mudo y aun así consigue enganchar completamente. Ese planeta Tierra cubierto de basura, vacío y silencioso tiene una atmósfera increíblemente melancólica.

Y luego la película empieza a lanzar críticas al consumismo, al deterioro ambiental y a una humanidad tan acomodada que termina convertida en bolas de grasa incapaces de caminar mientras pasan el día mirando pantallas. Básicamente Pixar predijo TikTok antes de tiempo. Y aun así sigue siendo una historia de amor adorable entre robots.

3. Up

Up tiene posiblemente los primeros diez minutos más devastadores jamás incluidos en una película supuestamente infantil.

Pixar consigue resumir una vida entera, una relación de pareja y una pérdida gigantesca prácticamente sin diálogos mientras tú intentas fingir que no estás llorando delante de tus hijos.

Y lo increíble es que después de semejante puñetazo emocional la película decide convertirse en una aventura completamente absurda con perros parlantes, pájaros gigantes y una casa voladora sostenida por globos. Y funciona perfectamente gracias al personaje de Carl, probablemente uno de los protagonistas más humanos y entrañables que ha creado Pixar.

2. Coco

Coco es una barbaridad visual absoluta. El mundo de los muertos es un festival interminable de colores, música y creatividad mientras toda la historia gira alrededor de la memoria, la familia y el miedo a ser olvidado.

Pixar consiguió hablar sobre la muerte de una forma cálida, alegre y profundamente humana sin caer nunca en el dramatismo barato. Y luego llega “Recuérdame”, aparece la bisabuela Coco y el estudio vuelve a sacar el bate de béisbol emocional para reventar sentimentalmente a la audiencia. Además, tiene una de las mejores ambientaciones que ha hecho Pixar jamás.

1. Toy Story

Toy Story no solo revolucionó la animación. Revolucionó directamente el cine moderno. La idea de que los juguetes cobran vida cuando nadie mira era brillante de por sí, pero lo realmente increíble es lo bien que sigue funcionando casi treinta años después. Woody y Buzz tienen una química perfecta, los diálogos siguen siendo divertidísimos y la película mantiene ese equilibrio maravilloso entre aventura infantil y drama adulto. Además, toca temas muy potentes como la pérdida, la madurez y la búsqueda de nuestro lugar en el mundo.

Además, abrió la puerta a absolutamente todo lo que vino después. Sin Toy Story probablemente Pixar jamás se habría convertido en el monstruo creativo que terminó siendo. Y quizá por eso ocupa el primer puesto. Porque más allá de la revolución técnica y del impacto histórico, consiguió algo muchísimo más difícil: hacer que millones de personas volvieran a mirar sus juguetes con nostalgia pensando “igual este cabroncete se mueve cuando salgo de la habitación”.

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