⚠️ ¡Cuidado, vaquero! A partir de aquí hay spoilers a saco de Toy Story. Si todavía no has acompañado a Woody y Buzz en su primera aventura, sal de aquí, ponte la película y vuelve después. Porque para analizar todos los agujeros de guion, las incoherencias y las fumadas de Pixar vamos a destripar la historia de principio a fin.
Cuando Toy Story llegó a los cines en 1995 no solo cambió la historia de Pixar: cambió la historia del cine de animación para siempre. Fue el primer largometraje creado íntegramente por ordenador y demostró que una película de animación podía emocionar, hacernos reír y construir personajes inolvidables sin necesidad de dibujar un solo fotograma a mano. Tres décadas después sigue estando, por méritos propios, entre las mejores películas de animación por ordenador jamás realizadas.
Pero que sea una obra maestra no significa que sea perfecta. Al contrario. Si dejas de llorar con la amistad entre Woody y Buzz durante cinco minutos y empiezas a analizar la película con lupa, descubrirás un buen puñado de errores, agujeros de guion y situaciones que desafían cualquier lógica y que te dejaran con el culo torcido.
Un universo más raro que un perro verde
La historia comienza en la habitación de Andy, un niño al que le encanta jugar con sus juguetes. El problema es que estos cobran vida en cuanto los humanos dejan de mirar. Y aquí viene la primera duda trascendental de la película: ¿por qué los juguetes están vivos? Y, sobre todo, ¿qué cuenta exactamente como juguete? Porque Woody, Buzz o Rex tienen personalidad, pero… ¿también la tiene una pelota? ¿Un cubo de Rubik? ¿Un yoyó? La película nunca establece unas reglas claras y, cuanto más lo piensas, más preguntas aparecen. Encima Woody y Bo Peep se lanzan constantemente indirectas bastante subidas de tono, así que parece que los juguetes también tienen vida amorosa. Mejor no profundizar demasiado en este tema.
El cumpleaños de Andy tampoco tiene mucho sentido. Todos están preocupados por los nuevos juguetes que vayan a aparecer, así que envían a los soldaditos de plástico a una misión de espionaje, en la cual utilizan unos prismáticos completamente opacos que, por algún motivo, funcionan perfectamente. Y después de semejante despliegue militar, resulta que Andy aparentemente solo recibe un regalo: Buzz Lightyear. Un cumpleaños bastante triste, la verdad.

La llegada de Buzz abre todavía más agujeros. Este se convierte en el nuevo favorito, desplazando a Woody, lo que hace que el vaquero se ponga superceloso y se pelee con el recién llegado. Cuando Woody le levanta la escafandra, Buzz parece quedarse sin aire, como si el muñeco de plástico tuviera pulmones. ¿Andy nunca le había abierto la escafandra mientras jugaba con él? Además, Buzz está convencido de que es un auténtico guardián espacial, pero curiosamente se queda inmóvil cuando aparece un humano, exactamente igual que el resto de juguetes. Si no sabe que es un juguete… ¿por qué cumple esa norma? ¿Y por qué la cumplen todos los demás? ¿A los juguetes les gusta que jueguen con ellos? Porque hay ocasiones en las que Andy se pasa de bruto, los zarandea y los golpea a saco. ¿Les va el rollo sado? ¿Y quedarse quietos durante horas?
Y luego está su famoso «vuelo». Todos se quedan impresionados cuando Buzz rebota por media habitación y aterriza de milagro. ¿Ningún juguete se cosca de que eso no es volar? ¿Y por qué Buzz cierra los ojos mientras «vuela»? Por último, queda otra gran pregunta: ¿Andy nunca los oye hablar? Porque organizan reuniones, discuten y montan follones considerables. Lo verdaderamente increíble de Toy Story no es que los juguetes estén vivos, sino que nadie los haya pillado nunca.
Hay un enemigo en mí
Los celos llevan a Woody a intentar apartar a Buzz durante una reunión de juguetes, pero el plan sale regular. Intenta embestirlo con el coche teledirigido, este se estrella contra un panel de corcho, tira un globo terráqueo enorme y monta una escandalera considerable… y Andy no escucha absolutamente nada. Buzz acaba cayendo por la ventana y los demás juguetes dan por hecho que Woody ha intentado asesinarlo. ¿La reacción? Intentar linchar al vaquero y amenazar con ahorcarlo. Sí, por lo visto en Toy Story existe la pena de muerte entre juguetes. Nada mal para una peli de niños.
El vaquero se salva in extremis porque llega Andy y se lo lleva a cenar al Pizza Planet, pero Buzz consigue colarse en el coche. Durante una parada en una gasolinera ambos vuelven a pelearse, caen del vehículo y terminan perdidos. Mientras tanto, los demás juguetes se asoman por la ventana con linternas buscando a Buzz. ¿Nadie ve a un ejército de juguetes haciendo señales luminosas desde la habitación de Andy? Porque estos juguetes se pasan media película asomados a la ventana y eso llama bastante la atención, no me jodas.

Y ya en la gasolinera llega otro momento glorioso. Un coche está a punto de atropellar a Woody y este se tira al suelo para hacerse el muñeco inmóvil. ¿Pero por qué? En ese momento no hay nadie mirándolo. Podría haberse apartado tranquilamente. Parece que el instinto de quedarse quieto es tan fuerte que ni siquiera los juguetes saben cuándo tiene sentido hacerlo. Vamos, que no acaba aplastado de auténtico milagro.
A Buzz se le va la chola
Ambos consiguen colarse en una furgoneta de reparto de Pizza Planet para intentar reunirse con Andy. Al llegar, se disfrazan con una caja de hamburguesas y el vaso de un batido para no llamar la atención, pero es que ver esos dos objetos moverse solos canta bastante. ¿Nadie se da cuenta de esta mierda? Ya dentro del restaurante acaban atrapados en la máquina del gancho y Sid, el vecino psicópata de Andy, captura a Buzz. Woody, a pesar de ser de plastiquete, consigue sujetar el gancho con sus propias manos durante unos segundos. ¿Desde cuándo un muñeco de trapo tiene esa fuerza descomunal?
Y otra duda importante: ¿de verdad no hay una sola cámara de seguridad? Ni en la gasolinera, ni en Pizza Planet, ni en ningún sitio. Los juguetes llevan montando espectáculos durante años y parece que jamás han salido grabados. Bastante suerte tienen.

La aventura continúa en casa de Sid, donde descubren que la habitación del chico está llena de extraños juguetes deformes que dan un mal rollo que te cagas e intentan huir. Allí, Buzz ve casualmente un anuncio de televisión sobre el juguete Buzz Lightyear y descubre que no es un guardián espacial, sino un juguete más. Menuda puntería tiene el destino.
Destrozado, Buzz intenta volar, se estrella contra el suelo, se rompe un brazo y cae en una depresión de campeonato. Por suerte, los juguetes de Sid consiguen repararlo. Pero ¿por qué estos juguetes no hablan? ¿Y a Sid nunca le extraña que los juguetes que destroza aparezcan arreglados por arte de magia? Mientras tanto, Woody intenta escapar del perro de Sid, que está a punto de colarse en la habitación, pero el vaquero demuestra otra vez su fuerza sobrehumana manteniendo la puerta cerrada. Está claro que el juguete está en muy buena forma; se hinchará a hacer burpees en sus ratos libres.
Los juguetes dan un golpe de Estado
Finalmente, Woody consigue convencer a Buzz de que, aunque no pueda volar por el espacio, sigue siendo especial porque hace feliz a Andy. Después de este discurso motivacional, los dos unen fuerzas con los juguetes de Sid para escapar antes de que el niñato de los cojones haga volar a Buzz por los aires con un cohete que le ha atado a la espalda.
El plan tampoco tiene desperdicio. Se infiltran por los conductos de ventilación y, saliendo por la lámpara del porche, consiguen tocar el timbre para que Hannah, la hermana de Sid, abra la puerta. Pero… ¿Hannah no ve al patito colgando de un hilo justo delante de su cara? ¿Y tampoco oye una patineta llena de juguetes bajando a toda hostia por las escaleras y armando una escándalo del carajo? Porque el sigilo de estos juguetes deja bastante que desear.

Durante la huida, Woody utiliza a los juguetes deformes para asustar a Sid y darle una lección. Pero eso abre otra pregunta enorme: ¿por qué aquí sí rompen la regla de no moverse delante de los humanos? ¿Nunca antes ningún juguete había pensado en hacer lo mismo? ¿Ningún juguete a lo largo de la historia había acabado hasta las pelotas de ser maltratado? Ni Andy ni Sid parecen sospechar nunca que sus juguetes estén vivos, a pesar de que cambian constantemente de sitio y desaparecen. Porque ya hemos visto a lo largo de la película que no siempre vuelven exactamente a la misma posición. Y, si realmente lo hicieran, la coordinación que tendrían que llevar sería digna de una operación militar, teniendo en cuenta la vida tan ajetreada que llevan estos muchachos.
Y mientras tanto, la familia de Andy está preparando la mudanza para trasladarse de casa. Así que los dos amigos salen cagando leches del patio de Sid para intentar subirse al coche de Andy, pero no lo pillan por los pelos. Y se quedan en medio de la carretera to jodios hasta que pasa por encima un camión que no los atropella de milagro. ¿El camionero no ha visto a dos juguetes correteando por la carretera? ¿O lo ha visto y se la suda?
La locura llega hasta el infinito y más allá
El caso es que los dos salen corriendo detrás y Woody logra subir al camión, pero Buzz se queda atrás, acorralado por el perro de Sid, al que por lo visto dejan deambular suelto junto a una carretera llena de coches. Entonces Woody busca el coche teledirigido entre las cajas de juguetes. Pero… ¿por qué los demás juguetes reaccionan cuando Woody abre la caja? No saben quién la ha abierto. Podría ser Andy perfectamente, así que, según las propias reglas de la película, deberían quedarse completamente inmóviles.
Woody lanza el coche teledirigido a la carretera para rescatar a Buzz, pero aquí aparece otra duda. ¿Por qué ese coche necesita un mando a distancia para moverse cuando el resto de juguetes son perfectamente capaces de hacerlo solos? Los otros juguetes arrojan a Woody a la carretera y este es rescatado por el coche teledirigido y por Buzz. Y, cuando por fin los tres van a alcanzar el camión, resulta que el coche se queda sin pilas. ¿Cómo? ¿Entonces algunos juguetes necesitan pilas para moverse y otros no? ¿Pero qué me estás contando?
Como último recurso, encienden el cohete que Buzz lleva atado a la espalda y salen disparados detrás del camión. Justo antes de explotar, Buzz despliega las alas, se suelta del cohete… ¡y empieza a volar! Pero vamos a ver, ¿no han estado contándonos durante toda la película que no podía volar? ¿Ahora sí porque quedaba más épico? ¡Si es un puñetero juguete!

Buzz y Woody se cuelan por la ventana del techo y aterrizan justo al lado de Andy, al que parece no sorprenderle que sus dos juguetes favoritos, a los que ha estado buscando hasta debajo de las piedras durante los últimos días, hayan aparecido mágicamente de repente. ¿Nadie ve caer del cielo a dos juguetes abrazados? Parece que la ceguera selectiva es una enfermedad muy común en este universo.
La película termina en la nueva casa de la familia. Woody ya no ve a Buzz como un rival, sino como su máximo pana, y ambos esperan con curiosidad los nuevos regalos de Navidad. Todo muy bonito… hasta que el siguiente regalo resulta ser un perro metido dentro de una caja como si fuera un juguete más. Todo muy lógico.
Mucho más que juguetes de plástico
Sí, Toy Story está llena de agujeros de guion, reglas que cambian según convenga y situaciones que se desmoronan en cuanto les das dos vueltas. Pero también es una película que cambió para siempre la historia de la animación. Fue el primer largometraje realizado íntegramente por ordenador y demostró que esta tecnología podía emocionar tanto o más que la animación tradicional, abriendo el camino a toda una generación de clásicos de Pixar.
Además, bajo su apariencia de aventura infantil esconde temas sorprendentemente profundos como los celos, el miedo a ser reemplazado, la pérdida de identidad, la depresión o la necesidad de encontrar nuestro lugar en el mundo. Y, al final, consigue transmitir un mensaje precioso sobre la amistad, el trabajo en equipo y el valor de aceptarnos a nosotros mismos. Porque sí, su universo será raro de narices, pero Toy Story sigue siendo una de las películas más importantes y queridas de la historia del cine de animación.