Hubo un tiempo en el que los protagonistas de los shonen soñaban con convertirse en el mejor ninja, el rey de los piratas o el guerrero más poderoso del mundo. Luego llegó Denji y dejó claro que él tenía aspiraciones mucho más modestas: comer todos los días, dormir en una cama, ducharse con agua caliente y, si la suerte acompañaba, tocar unas tetas. ¿Y quién no?
Después de que obras como Akira revolucionaran la ciencia ficción japonesa, Evangelion demostrara que el anime podía esconder profundas reflexiones psicológicas y BLAME! nos perdiera en una ciudad infinita, parecía difícil que un manga consiguiera sorprender de verdad. Entonces apareció Chainsaw Man con un protagonista tan cutre como inolvidable, demonios nacidos de los miedos humanos y una historia capaz de pasar de la comedia más absurda al drama más devastador en apenas unas páginas.
Porque detrás de esa fachada de humor gamberro, sangre a litros y motosierras saliendo de cualquier parte, esta historia es una de las más humanas que ha dado el manga moderno. Una obra que mezcla terror, acción, comedia y drama con una naturalidad insultante y que demuestra que, cuando un autor rompe todas las reglas, pueden salir cosas extraordinarias.
Denji, el protagonista que solo quería una vida normal
Denji no es el típico héroe destinado a salvar el mundo. Es un adolescente que ha crecido hundido en la pobreza, heredando las deudas de su padre y sobreviviendo como puede gracias a su inseparable demonio motosierra, Pochita. Cuando por fin tiene la oportunidad de cambiar de vida, descubre algo que muchos damos por hecho: a veces cumplir los sueños más pequeños puede parecer mucho más difícil que derrotar al enemigo más poderoso.
Esa es una de las grandes virtudes del manga. Mientras otros protagonistas persiguen objetivos épicos, Denji solo busca sentirse querido. Y esa sencillez hace que resulte sorprendentemente humano.
Precisamente ahí reside gran parte del éxito de Chainsaw Man. Denji no intenta ser un ejemplo para nadie. Se equivoca constantemente, toma decisiones impulsivas y muchas veces piensa más con el estómago o con las hormonas que con la cabeza. Sin embargo, resulta imposible no empatizar con él porque, en el fondo, solo está intentando recuperar una infancia y una vida que nunca tuvo. Es un protagonista tremendamente imperfecto, y precisamente por eso también es uno de los más humanos del manga reciente.

Demonios, sangre y un mundo donde nadie está a salvo
La gran idea de Chainsaw Man es brillante: los demonios nacen de los miedos de la humanidad. Cuanto más miedo provoca un concepto, más poderoso será el demonio que lo representa. Parece una premisa sencilla, pero permite a Tatsuki Fujimoto crear enemigos completamente imprevisibles y algunas de las escenas más salvajes que ha dado el manga reciente.
Además, aquí nadie tiene garantizada la supervivencia. Fujimoto juega constantemente con las expectativas del lector y demuestra que cualquier personaje puede desaparecer cuando menos lo esperas. Eso convierte cada combate en una auténtica incógnita y mantiene la tensión prácticamente durante toda la obra.
Fujimoto aprovecha además ese sistema para jugar con el lector de una forma brillante. Cada nuevo demonio refleja un miedo profundamente humano, desde conceptos cotidianos hasta auténticas pesadillas colectivas. Eso hace que el universo de Chainsaw Man resulte impredecible y que cada enfrentamiento tenga personalidad propia, alejándose de los típicos combates donde todo se resuelve simplemente siendo más fuerte que el rival.
Mucho más que motosierras
Sería muy fácil quedarse solo con la violencia o el humor gamberro, pero Chainsaw Man es bastante más profundo de lo que aparenta. Habla de la pobreza, de la manipulación, de la necesidad de afecto y de personas rotas que intentan encontrar un lugar en un mundo que nunca les ha tratado especialmente bien.
Quizá por eso sorprende tanto descubrir que su autor, Tatsuki Fujimoto, también es el responsable de Look Back, una de las historias más íntimas y emotivas que ha dado el manga en los últimos años. Dos obras completamente diferentes que, sin embargo, comparten la misma capacidad para hablar de emociones humanas desde perspectivas totalmente opuestas.
Esa mezcla entre escenas completamente absurdas y momentos de enorme carga emocional es una de las señas de identidad de Fujimoto. Puede hacerte reír con una situación ridícula y, apenas unas páginas después, dejarte completamente destrozado con una conversación o una muerte inesperada. Ese equilibrio entre humor, tragedia y acción es lo que convierte a Chainsaw Man en una lectura tan adictiva.

Una de las grandes revoluciones del manga moderno
Chainsaw Man no inventó el shonen oscuro, pero sí consiguió darle una personalidad propia. Su mezcla de acción brutal, personajes imprevisibles, humor negrísimo y momentos capaces de romperte el corazón lo han convertido en uno de los mangas más importantes de la última década.
Su influencia ya puede apreciarse en muchas obras posteriores que han apostado por protagonistas menos idealizados, historias más impredecibles y una mayor libertad a la hora de romper las convenciones del shonen clásico. Chainsaw Man demostró que todavía era posible sorprender a millones de lectores en un género que parecía haber contado ya todas las historias imaginables.
Puede que llegues buscando un tipo con motosierras en la cabeza. Lo más probable es que termines encontrando una de las historias más originales, caóticas y emocionantes que ha dado el manga contemporáneo.