Si alguien te hubiera dicho hace unos años que el futuro del Universo DC iba a comenzar con una comadreja gigante, un esqueleto radiactivo, la Novia de Frankenstein, un robot obsesionado con matar nazis y un monstruo anfibio, probablemente habrías pensado que se había tomado algo en mal estado. Sin embargo, eso es exactamente lo que hizo James Gunn. Y, contra todo pronóstico, funciona.
Mientras Marvel y DC llevan años intentando convencernos de que cada nueva serie debe ser el acontecimiento definitivo que cambiará para siempre el universo superheroico, Comando Monster prefiere hacer algo mucho más sencillo: contar una buena historia. En lugar de apostar por los héroes más famosos de la editorial, Gunn rescata a un puñado de personajes prácticamente desconocidos y los convierte en uno de los equipos más carismáticos que ha tenido DC en mucho tiempo. Y si te interesan las historias protagonizadas por personajes que se alejan del típico héroe de capa, quizá también quieras echar un vistazo a Los otros superhéroes: violencia, sexo y caos bajo la capa.
Hay acción, humor negro, violencia bastante salvaje y un buen puñado de escenas absurdas que solo podrían funcionar en una producción de James Gunn. Pero debajo de todo ese espectáculo se esconde algo mucho más interesante. Porque Comando Monster no va realmente de monstruos luchando contra otros monstruos. Va de personajes rotos, rechazados por la sociedad y obligados a trabajar juntos en una misión suicida mientras intentan encontrar un lugar al que, por primera vez en sus vidas, puedan llamar hogar.
Y quizá esa sea la mayor virtud de la serie. Demostrar que, en ocasiones, los auténticos monstruos son precisamente los personajes con los que resulta más fácil empatizar.
¿De qué trata Comando Monster?
Después de los acontecimientos de El Escuadrón Suicida y Pacificador, Amanda Waller se encuentra con un problema inesperado. El gobierno de Estados Unidos ya no está dispuesto a permitir que siga enviando prisioneros humanos a misiones suicidas donde las posibilidades de regresar con vida son prácticamente nulas. Como suele ocurrir cuando Waller se queda sin opciones… decide buscar una alternativa todavía más peligrosa.
Así nace Comando Monster, un equipo formado por algunos de los personajes más extraños del universo DC. Una mujer creada por Victor Frankenstein, un esqueleto radiactivo, un robot diseñado para combatir nazis, una gigantesca comadreja asesina, una científica anfibia y varios individuos más que difícilmente encontrarías compartiendo pantalla en cualquier otra serie de superhéroes. Al frente del grupo se encuentra Rick Flag Sr., encargado de dirigir una misión en la nación ficticia de Pokolistan para proteger a la princesa Ilana Rostovic, cuya vida corre peligro tras una inquietante profecía.
Lo que comienza como una operación militar aparentemente sencilla no tarda en complicarse mucho más de lo esperado. Traiciones, conspiraciones políticas, viejos fantasmas del pasado y amenazas sobrenaturales convierten la misión en una auténtica locura. Sin embargo, la serie nunca pierde de vista lo que realmente importa. Más allá de las explosiones, el humor negro y la violencia desatada, la serie gira alrededor de un grupo de personajes que han sido rechazados por el mundo simplemente por ser diferentes. Y esa es, precisamente, la mayor fortaleza de la historia.

Los monstruos que terminan haciéndose de querer
La gran virtud de Comando Monster es que consigue algo que parecía imposible: hacer que un grupo de personajes prácticamente desconocidos resulte más interesante que muchos de los superhéroes clásicos de DC. James Gunn vuelve a demostrar que no necesita trabajar con Batman o Superman para construir un reparto memorable. Le basta con un puñado de marginados, una buena historia y mucho cariño por sus personajes.
La auténtica protagonista es The Bride, la Novia de Frankenstein. Dotada de una fuerza y una resistencia sobrehumanas, podría parecer el típico personaje duro e imperturbable, pero ocurre justo lo contrario. Es inteligente, sarcástica y emocionalmente mucho más compleja de lo que aparenta. Su relación con Victor Frankenstein y con Eric Frankenstein, otro cadáver reanimado, acaba convirtiéndose en uno de los pilares de la serie, y gran parte de su desarrollo gira en torno a la búsqueda de su propia identidad en un mundo que siempre la ha tratado como un monstruo.
Muy distinto es Doctor Phosphorus, probablemente el personaje más llamativo a simple vista. Tras un accidente nuclear, su cuerpo quedó reducido a un esqueleto envuelto en radiación capaz de emitir calor extremo y prender fuego a casi cualquier cosa que toca. Sin embargo, detrás de esa apariencia terrorífica se esconde un personaje tan carismático como trágico, con algunos de los momentos más divertidos de toda la serie.
Otro de los grandes aciertos es G.I. Robot, un robot militar construido durante la Segunda Guerra Mundial con un único propósito: eliminar nazis. Décadas después sigue absolutamente convencido de que esa misión continúa siendo lo único importante. Su fuerza descomunal, su arsenal integrado y su obsesión enfermiza dan lugar a algunas de las escenas más cómicas, pero también a momentos sorprendentemente emotivos cuando descubres el origen de su programación.
La parte más tierna del equipo la aporta Nina Mazursky, una brillante científica transformada en un ser anfibio tras una serie de experimentos. Puede respirar bajo el agua, nadar a gran velocidad y posee una inteligencia excepcional, aunque preferiría pasar el resto de su vida investigando antes que participando en operaciones militares. Su carácter amable contrasta continuamente con la brutalidad del resto del grupo y funciona como el corazón emocional del equipo.
En el extremo opuesto encontramos a Weasel, una gigantesca comadreja que apenas habla y parece actuar únicamente por instinto. Sus garras, su velocidad y su comportamiento imprevisible lo convierten en un rival peligrosísimo, pero Gunn consigue que incluso un personaje tan caótico termine despertando simpatía. Es uno de esos casos en los que una simple mirada o un gesto transmiten mucho más que un largo diálogo.
Por encima de todos ellos se encuentra Rick Flag Sr., el único miembro completamente humano del equipo. No posee poderes ni habilidades sobrenaturales, pero sí una enorme experiencia militar y una paciencia casi infinita para intentar mantener unido a un grupo de criaturas que, en cualquier otro contexto, probablemente intentarían matarse entre ellas.
Y esa es precisamente la magia de Creature Commandos. Sobre el papel parece un grupo formado por monstruos sin nada en común. Después de unos pocos episodios descubres que, en realidad, todos comparten exactamente el mismo deseo: encontrar un lugar donde dejar de ser vistos como monstruos.

James Gunn vuelve a hacer de las suyas
James Gunn tiene una forma muy particular de contar historias. Le encantan los personajes extravagantes, los diálogos cargados de humor negro, las escenas de violencia completamente desatada y las bandas sonoras repletas de canciones que terminan quedándose en la cabeza durante días. Comando Monster tiene absolutamente todo eso. Pero si la serie funciona no es porque Gunn repita su fórmula, sino porque vuelve a utilizarla para contar una buena historia.
Uno de los mayores aciertos de la serie es la estructura de sus episodios. En lugar de limitarse a desarrollar la misión principal, casi todos dedican buena parte de su metraje a explorar el pasado de uno de los protagonistas. Esos flashbacks no están ahí únicamente para rellenar minutos. Sirven para explicar por qué cada personaje actúa como lo hace y consiguen que la percepción del espectador cambie constantemente. Empiezas viendo a un monstruo, un asesino o una criatura ridícula… y terminas descubriendo a alguien que, en la mayoría de los casos, fue víctima mucho antes que villano.
Ese es, probablemente, el mayor talento de James Gunn como guionista. Muy pocos directores son capaces de convertir personajes completamente desconocidos en favoritos del público en apenas unas horas. Lo hizo en Guardianes de la Galaxia con Rocket y Groot cuando casi nadie sabía quiénes eran. Repitió la jugada en Escuadrón Suicida con Pacificador, Ratonera 2 o el Rey Tiburón. Y ahora vuelve a conseguirlo con un grupo formado por personajes que, hasta hace muy poco, solo conocían los lectores más veteranos de DC.
Al final, da la sensación de que James Gunn lleva años contando siempre la misma historia. Un grupo de inadaptados, rechazados por la sociedad y aparentemente incapaces de trabajar juntos acaba encontrando una familia donde menos lo esperaba. La diferencia es que esa historia sigue funcionando porque cambia a los personajes, pero nunca pierde el corazón. Y esta obra es, probablemente, uno de los mejores ejemplos de ello.
Mucho más que una serie de monstruos
A primera vista, Comando Monster parece una serie construida alrededor de una idea bastante sencilla: reunir a un puñado de monstruos clásicos, darles armas y enviarlos a resolver problemas a base de explosiones. Sin embargo, bastan un par de episodios para descubrir que esa es solo la excusa. La verdadera historia habla de personas que jamás tuvieron la oportunidad de llevar una vida normal.
Casi todos los miembros del equipo tienen algo en común. No eligieron convertirse en lo que son. Algunos fueron víctimas de experimentos, otros nacieron siendo diferentes y otros simplemente tomaron decisiones equivocadas que acabaron marcándolos para siempre. La sociedad solo ve monstruos. James Gunn, en cambio, se preocupa por enseñarnos a las personas que siguen escondidas detrás de esas cicatrices, esos colmillos o esos cuerpos deformes.
Por eso la serie funciona tan bien. Porque no intenta convencerte de que sus protagonistas son héroes. Muchos de ellos han cometido auténticas barbaridades y algunos siguen siendo extremadamente peligrosos. Aquí no los justifica ni intenta convertirlos en santos. Lo que hace es mucho más interesante: explicar por qué han llegado hasta ahí y demostrar que incluso alguien capaz de cometer atrocidades puede seguir conservando una parte profundamente humana.
Esa idea aparece constantemente durante toda la temporada. Mientras los gobiernos utilizan a estas criaturas como simples herramientas desechables, los propios miembros del equipo empiezan a descubrir que, por primera vez en mucho tiempo, forman parte de algo parecido a una familia. No es una familia perfecta. Discuten, se insultan, se pelean y en ocasiones parecen soportarse únicamente porque no les queda otra opción. Pero poco a poco terminan desarrollando una lealtad que ninguno de ellos había experimentado antes.

La serie que debía convencer a todo el mundo
Esta serie cargaba sobre sus hombros con una responsabilidad enorme: demostrar que el nuevo Universo DC realmente tenía algo diferente que ofrecer. Después de años de películas irregulares, cambios de rumbo y proyectos que nunca terminaron de despegar, muchos aficionados recibieron el nombramiento de James Gunn con ilusión, pero también con bastante escepticismo. Había que empezar de cero y convencer a un público que ya había perdido parte de la confianza.
Lo curioso es que Gunn decidió asumir ese reto de la forma menos convencional posible. En lugar de inaugurar el nuevo universo con Batman, Superman o Wonder Woman, apostó por una serie de animación protagonizada por personajes que la inmensa mayoría del público apenas conocía. Sobre el papel parecía una decisión arriesgadísima. En la práctica terminó siendo una auténtica declaración de intenciones.
Creature Commandos deja claro desde el primer episodio cuál será la filosofía del nuevo DCU. Las historias estarán por encima del espectáculo, los personajes importarán más que los cameos y no será necesario utilizar siempre a los héroes más famosos para construir un buen relato. Si una serie protagonizada por una novia de Frankenstein, un robot militar y una comadreja gigante consigue emocionar al espectador, quizá el problema nunca fue la falta de grandes personajes, sino la forma de utilizarlos.
Más que un simple prólogo del nuevo universo, Creature Commandos transmite una sensación muy positiva de cara al futuro. James Gunn demuestra que tiene un plan, conoce perfectamente el material original y, sobre todo, entiende que el público conecta antes con personajes bien escritos que con explosiones cada vez más grandes.

¿Merece la pena Comando Monster?
La respuesta es un rotundo sí. Incluso si no eres un gran aficionado a DC, esta obra ofrece una historia entretenida, personajes con muchísimo carisma y un equilibrio muy acertado entre acción, humor negro y emoción. James Gunn vuelve a demostrar que no necesita recurrir a Batman o Superman para crear personajes capaces de conectar con el público.
Es cierto que su estilo sigue muy presente y habrá quien piense que algunas situaciones recuerdan a Guardianes de la Galaxia o el Escuadrón Suicida. Sin embargo, la serie tiene suficiente personalidad para sentirse diferente y, sobre todo, consigue algo muy complicado: hacer que acabes encariñándote de un grupo de monstruos que hace unas horas ni siquiera sabías que existían.
Pero quizá su mayor mérito sea otro, y es que no solo funciona como una gran serie de animación, sino como la carta de presentación del nuevo Universo DC. Si este es el nivel de personajes e historias que James Gunn quiere construir a partir de ahora, hay motivos para ser optimistas. La siguiente gran prueba, Superman, siguió muchos de estos conceptos, consiguiendo definir el futuro de la franquicia. Después de ver Comando Monster, cuesta no tener bastante confianza en que DC, por una vez, ha encontrado el tono correcto.