Los años noventa sentaron las bases, pero fue durante la década de los 2000 cuando el anime dejó de ser una afición relativamente minoritaria para convertirse en un fenómeno global. Mientras miles de chavales crecían viendo Naruto, Yu-Gi-Oh! o Bleach después del cole, otros iban más allá y descubrían que la animación japonesa también era capaz de contar thrillers psicológicos, dramas adultos o películas que poco tenían que envidiar al mejor cine de imagen real.
Fue una década irrepetible. Convivieron los grandes shōnen que marcaron a toda una generación con obras tan diferentes como Monster, Death Note o Samurai Champloo. Al mismo tiempo, Studio Ghibli seguía firmando algunas de las películas de animación más importantes del mundo con títulos como El viaje de Chihiro, El castillo ambulante o Ponyo en el acantilado, mientras directores como Satoshi Kon demostraban con Paprika que el anime podía ser tan complejo y ambicioso como cualquier producción de imagen real.
Como en nuestros anteriores rankings dedicados a los animes de los setenta, ochenta y noventa, en esta lista solo aparecen obras estrenadas entre los años 2000 y 2009, por lo que algunos gigantes como One Piece quedan fuera al haberse estrenado en 1999. Dicho esto, toca viajar a una de las décadas más brillantes que ha vivido la animación japonesa.
Vampire Hunter D: Bloodlust (2000)
Si te gustan los vampiros y nunca has visto Vampire Hunter D: Bloodlust, tienes una cuenta pendiente con el anime. Basada en las novelas de Hideyuki Kikuchi, la película sigue a D, un misterioso cazador mitad humano y mitad vampiro contratado para rescatar a una joven secuestrada por un poderoso noble vampiro. Sin embargo, conforme avanza la historia, queda claro que nada es tan sencillo como parece.
Animada por Madhouse, sigue siendo una de las películas más espectaculares de la década gracias a su impresionante apartado visual y a una atmósfera que mezcla terror gótico, ciencia ficción y fantasía oscura con un estilo inconfundible.
Puede que hoy no sea tan conocida como otros clásicos del anime, pero pocos largometrajes han envejecido tan bien. Una auténtica joya para cualquier aficionado al género fantástico y una de las mejores películas de vampiros que ha dado la animación japonesa.

Yu-Gi-Oh! Duel Monsters (2000)
Mucho antes de que medio planeta acabara coleccionando cartas, Yu-Gi-Oh! Duel Monsters ya había convertido los duelos en un auténtico fenómeno mundial. La serie sigue a Yugi Muto, un estudiante tímido que, tras resolver el Rompecabezas del Milenio, despierta el espíritu de un antiguo faraón dispuesto a enfrentarse a cualquier desafío.
Aunque el manga original incluía juegos de todo tipo, el anime centró casi toda la acción en el juego de cartas, una decisión que acabaría cambiando la historia de la franquicia. Monstruos como el Dragón Blanco de Ojos Azules, el Mago Oscuro o Exodia pasaron a formar parte de la cultura popular, mientras los enfrentamientos entre Yugi y Kaiba se convirtieron en algunos de los más recordados del anime de principios de siglo.
Puede que hoy muchas de sus reglas resulten caóticas y algunos duelos desafíen cualquier lógica, pero pocas series han tenido un impacto tan grande dentro y fuera de la televisión. Más de dos décadas después, Yu-Gi-Oh! sigue siendo uno de los juegos de cartas más populares del mundo y una de las franquicias más importantes de la historia del anime.

Naruto (2002)
Si hubo un anime que marcó a toda una generación durante los años 2000, ese fue Naruto. La historia del joven ninja rechazado por todos los habitantes de su aldea, pero decidido a convertirse en Hokage, conquistó a millones de espectadores gracias a una mezcla casi perfecta de acción, humor, drama y personajes inolvidables.
Más allá de sus espectaculares combates, la serie destacó por la evolución de su protagonista y por un reparto secundario enorme en el que prácticamente cada personaje tenía su momento para brillar. Rivalidades como la de Naruto y Sasuke, maestros tan carismáticos como Kakashi o villanos de la talla de Orochimaru convirtieron la obra de Masashi Kishimoto en uno de los grandes referentes del shōnen moderno.
Es cierto que el relleno desesperó a muchos aficionados, pero eso no impide reconocer la enorme influencia de Naruto. Su éxito ayudó a popularizar el anime fuera de Japón como pocas series lo han conseguido y todavía hoy sigue siendo una de las franquicias más queridas e influyentes de la historia.

Samurai Champloo (2004)
¿Cómo demonios consigues mezclar samuráis del Japón feudal con hip hop, breakdance y grafitis sin que el resultado sea un desastre? La respuesta la dio Shinichirō Watanabe con Samurai Champloo, una de las series más originales y carismáticas de toda la década. La historia sigue a Mugen, Jin y Fuu en un viaje por Japón en busca del misterioso «samurái que huele a girasoles».
Buena parte de su encanto reside en el contraste entre sus protagonistas. Mugen lucha de forma salvaje e impredecible, Jin representa la disciplina del samurái clásico y Fuu actúa como el nexo entre ambos. A eso hay que añadir una banda sonora legendaria, con composiciones de Nujabes, que convirtió cada combate y cada viaje en una experiencia única.
Con solo 26 episodios, Samurai Champloo demostró que el anime podía romper cualquier regla y crear algo completamente nuevo. Más de veinte años después sigue siendo una referencia imprescindible para quienes buscan una serie diferente, elegante y con una personalidad arrolladora.

Monster (2004)
Monster demuestra que el anime no necesita explosiones, superpoderes ni grandes batallas para mantenerte pegado a la pantalla. Basada en el manga de Naoki Urasawa, la historia sigue al brillante neurocirujano Kenzo Tenma, cuya vida cambia para siempre cuando decide salvar la vida de un niño en lugar de la de un poderoso político. Años después descubre que ese niño se ha convertido en uno de los asesinos más peligrosos de Europa.
A partir de ese momento comienza un absorbente thriller psicológico que plantea preguntas sobre la culpa, la justicia y el valor de una vida humana. Buena parte de su éxito se debe a Johan Liebert, uno de los villanos más fascinantes de la historia del anime, un personaje capaz de sembrar el caos sin necesidad de levantar la voz.
Con sus 74 episodios, Monster se toma su tiempo para construir la historia, pero recompensa al espectador con una de las narraciones más maduras e inteligentes que ha dado la animación japonesa. Una auténtica obra maestra que demuestra que el anime también puede competir de tú a tú con las mejores series de suspense.

Death Note (2006)
¿Qué harías si encontraras un cuaderno capaz de matar a cualquier persona con solo escribir su nombre? Esa sencilla premisa convirtió a Death Note en uno de los mayores fenómenos del anime moderno. La serie sigue a Light Yagami, un estudiante brillante que decide utilizar ese poder para crear un mundo sin criminales, desencadenando un duelo intelectual inolvidable contra el enigmático detective L.
Más que un anime de acción, Death Note es un thriller psicológico repleto de giros inesperados, estrategias y enfrentamientos mentales donde cada movimiento puede ser el último. La lucha entre Light y L ha pasado a la historia como uno de los mejores duelos de inteligencia jamás vistos en la ficción, mientras que el shinigami Ryuk aporta el punto de humor negro que equilibra una historia cada vez más oscura.
Pocas series han generado tantos debates sobre la justicia, la moral o el abuso del poder. Casi veinte años después de su estreno, Death Note sigue siendo una de las mejores puertas de entrada al anime para quienes nunca han visto una serie japonesa y una de las obras más influyentes de todo el siglo XXI.

Paprika (2006)
Mucho antes de que el cine se obsesionara con los sueños dentro de otros sueños, Paprika ya jugaba con esa idea de una forma brillante. Dirigida por Satoshi Kon, la película nos traslada a un futuro cercano donde un dispositivo permite introducirse en los sueños de otras personas con fines terapéuticos. El problema comienza cuando esa tecnología cae en las manos equivocadas y la frontera entre el mundo real y el onírico empieza a desaparecer.
Lo que sigue es un viaje visual tan fascinante como desconcertante, repleto de imágenes surrealistas, simbolismo y escenas que desafían continuamente la lógica. Cada secuencia parece sacada de un sueño distinto, demostrando la enorme creatividad de Satoshi Kon y consolidándolo como uno de los grandes genios de la animación japonesa.
Su influencia ha sido enorme. De hecho, muchos aficionados han señalado las evidentes similitudes entre Paprika y Inception, la película de Christopher Nolan. Sea o no una inspiración directa, sigue siendo una de las obras más originales e imaginativas que ha dado el anime.

La chica que saltaba a través del tiempo (2006)
A todos nos gustaría volver atrás para corregir algún error, aprobar un examen o decir aquello que nunca nos atrevimos a confesar. Esa es precisamente la premisa de La chica que saltaba a través del tiempo, una de las películas más entrañables del anime moderno. La protagonista, Makoto Konno, descubre por accidente que puede viajar al pasado y comienza a utilizar ese poder para resolver los pequeños problemas de su vida cotidiana.
Lo que al principio parece una divertida comedia juvenil acaba transformándose en una emotiva reflexión sobre el paso del tiempo, las decisiones y las oportunidades perdidas. Dirigida por Mamoru Hosoda, la película combina humor, romance y ciencia ficción con una naturalidad extraordinaria, consiguiendo emocionar sin recurrir a grandes artificios.
Más de quince años después de su estreno, sigue siendo una de las mejores películas de animación japonesa del siglo XXI. Un relato sencillo, honesto y tremendamente humano que demuestra que, a veces, las historias más inolvidables nacen de las ideas más simples.

Ponyo (2008)
Ponyo en el acantilado demuestra que Studio Ghibli era capaz de seguir maravillando al mundo incluso después de haber creado clásicos como Mi vecino Totoro, La princesa Mononoke o El viaje de Chihiro. Dirigida por Hayao Miyazaki, la película reinventa libremente La sirenita para contar la historia de Ponyo, una pececita con poderes mágicos que sueña con convertirse en humana tras conocer al pequeño Sōsuke.
Bajo su apariencia de cuento infantil se esconde una preciosa historia sobre la amistad, la naturaleza y el equilibrio entre el ser humano y el mundo que lo rodea. Todo ello acompañado por una animación realizada casi por completo a mano, repleta de color y de un encanto que solo Miyazaki parece capaz de transmitir.
Puede que no alcance la profundidad de otras obras del estudio, pero sigue siendo una auténtica delicia visual y una de las mejores películas familiares de la década. Una prueba más de que Studio Ghibli continuó dominando la animación mundial también durante los años 2000.

Fullmetal Alchemist: Brotherhood (2009)
Fullmetal Alchemist: Brotherhood no solo es uno de los mejores animes de los años 2000, sino también uno de los más aclamados de toda la historia. Basada fielmente en el manga de Hiromu Arakawa, la serie sigue a los hermanos Edward y Alphonse Elric, dos alquimistas que, tras intentar resucitar a su madre mediante un ritual prohibido, pagan un terrible precio. Desde ese momento emprenden un viaje en busca de la legendaria Piedra Filosofal con la esperanza de recuperar aquello que perdieron.
Lo que comienza como una aventura de fantasía acaba convirtiéndose en una historia enorme sobre la guerra, el sacrificio, la ambición, la corrupción y las consecuencias de jugar con fuerzas que el ser humano no debería controlar. A ello se suma un reparto inolvidable, villanos memorables y un equilibrio casi perfecto entre acción, humor y emoción que pocas series han conseguido igualar.
No es casualidad que, año tras año, siga ocupando los primeros puestos en prácticamente todos los rankings de anime. Fullmetal Alchemist: Brotherhood representa todo lo que hizo grande al anime de los 2000: personajes inolvidables, una historia brillante y un final a la altura de su leyenda. Si hubiera que recomendar una sola serie para entender por qué esta década fue tan especial, probablemente sería esta.

Una década que cambió el anime para siempre
La década de los 2000 fue una auténtica edad de oro para el anime. En apenas diez años convivieron grandes fenómenos de masas como Naruto o Yu-Gi-Oh! con obras mucho más adultas como Monster o Death Note, mientras el cine de animación seguía alcanzando cotas extraordinarias gracias a Studio Ghibli, Satoshi Kon o Mamoru Hosoda. Nunca antes había existido tanta variedad ni tantos estilos diferentes capaces de conquistar a públicos completamente distintos.
Como ocurre con cualquier ranking, esta selección es completamente subjetiva. Algunos echarán de menos títulos como Bleach, Code Geass o Black Lagoon, pero esa es precisamente la grandeza del anime de los 2000: fue una década tan extraordinaria que resulta imposible elaborar un Top 10 sin dejar fuera auténticas obras maestras.
Dos décadas después, la mayoría de estas obras siguen recomendándose como si acabaran de estrenarse. Algunas cambiaron para siempre la historia del anime, otras redefinieron géneros enteros y unas pocas demostraron que la animación japonesa podía competir de tú a tú con cualquier película o serie del mundo. Si los años noventa consolidaron el anime, los 2000 terminaron de convertirlo en un fenómeno global del que, afortunadamente, todavía seguimos disfrutando.